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martes, 6 de octubre de 2009

Post #50

¿Y de qué hablo yo en mi post número 50? Pues, por ejemplo de que hace un año que me apunté al INEM y aquí estoy, imprimiendo currículums para llevarlos mañana a Forempleo. Que esto no quiere decir que durante el último año haya estado en casa tocándome los pies: en noviembre cubrí una baja (5 días de contrato, hay que ser cutre), en diciembre empecé un curso de montador de Avid, en abril me largué a Alemania, en julio me repatriaron, hice el Camino de Santiago, fui a muchas bodas y el resto de año... bueno, he aprobado alemán (que mola bastante para tirarse el rollo) y me han sacado una muela del juicio (que dicen que duele).

El problema es que, después de haber hecho todo eso (y más cosas que a vosotros no os importan, faltaría más), estoy otra vez donde empecé: sin ningún trabajo a la vista, con la carrera terminada, sin procesos de selección e imprimiendo curriculums para ir a llorarles a las grandes empresas que van a las ferias de empleo de las universidades por un puesto en un departamento de comunicación (trabajo que siempre he desdeñado).

Es en estos momentos cuando recuerdo mi último día en uno de mis muchos trabajos, mi favorito y el único del que puedo hablar con orgullo (y también sirve para tirarse el rollo, pa' qué negarlo). El caso es que me llamaron para renovarme, supuestamente después de un "periodo de formación" (las narices, que te hacen un examen de acceso y te piden que vengas formadito de casa), y, cuando me preguntaron si tenía pensado aprobar el proyecto de fin de carrera y dije "Sí, obviamente", me dieron la patada. Les faltó decir "es que somos unos cutres y sólo te contratamos si podemos tramitarlo todo como prácticas a través de tu universidad, así no te tenemos que dar de alta ni pagarte el seguro". Pero los medios de comunicación son así, sobre todo ahora.

Aunque mejor no seguiré hablando de esto, que me pongo de muy mala leche. Todo el párrafo anterior era para que os pusieráis en situación antes de explicar lo que ocurrió mi último día. Antes de irme a casa para siempre, salí al patio con un redactor para hablar un rato sobre lo mal que está el mundo laboral para los periodistas y ese tipo de cosas. El chaval me dijo una frase que recuerdo siempre en momentos como estos (cuando imprimo mi CV): "si con tu curriculum no encuentras trabajo, lo mejor que puedes hacer es cortarte las venas".

Entendamos la frase por el lado positivo, porque no pienso cortarme las venas (aunque lleve un año en paro). Quiero entender que lo que él quería decir era que siguiera buscando, al menos hasta que las empresas se dignen a abrir procesos de selección que tengan que ver con mi perfil. Desde entonces, mi curriculum ha crecido unas cuantas líneas y estoy empezando a discrepar con la teoría de que el CV de una persona de 23 años (aún, ya veremos dentro de dos días) no puede ocupar más de una página.

Y, aunque siga en el mismo punto que hace un año, con un curriculum demasiado largo para mi edad, con empresas que solo quieren becarios que trabajen mucho y se quejen poco y sin la universidad cubriéndome las espaldas, seguiré intentándolo. Todo sea por no cortarse las venas