Estoy convencida de que hay personas que tienen el termostato roto. Y no, no hablo de las menopaúsicas y sus sofocos ni de las personas mayores, que parece que siempre tienen frío. Me refiero a personas que de verdad no tienen sentido de la medida (a veces ni de la decencia) a la hora de poner el aire acondicionado.
Mi padre siempre contaba que sus compañeros de la sucursal estaban grillados y se pasaban el día en guerra por el aire acondicionado. Que si yo tengo calor, que si yo tengo frío... Hasta que un día mi padre, que está justo debajo de la salida del aire, se hartó, se subió a la mesa y atascó la salida del aire con papeles. A tomar por culo. Si tienes calor, te pones una camisa de manga corta y, si tienes frío, te pones una chaqueta, que para algo se inventaron las prendas de distintos largos y grosores.
Un tiempo después, pasó por allí el técnico del aire acondicionado. Lo primero que hizo, obviamente, fue levantar la rejilla.
Técnico - Oiga, esto está lleno de papeles
Mi padre - Shhhhh. Tú no has visto nada...
Y el técnico, efectivamente, hizo como que no había visto nada, volvió a poner la rejilla en su sitio y las cosas siguieron su curso y no se volvió a hablar del aire acondicionado, ni en mi casa ni en el trabajo de mi padre.
Hasta ayer.
Ayer llegué al trabajo, llamé a la puerta (nueve meses y aún no me han hecho la copia de la llave) y vino a abrirme mi compañera maja (la que me echó un cable para largarme pronto el día inexplicable). A través del cristal vi que llevaba puesto algo de manga larga pero tampoco me extrañó, porque no sería la primera vez que se pone algo fino de manga larga para protegerse del sol. El problema es que, según se iba acercando, se apreciaba cada vez más el grosor y textura de la tela. ¡La hostia! ¿Esta mujer qué hace con un forro polar, si debemos de estar como a unos 30 grados?
En estos pensamientos tan profundos andaba yo cuando mi compañera finalmente llegó y me abrió la puerta.
Compañera maja - Hola Lauri
Laura - Hola... oye, qué frío hace aquí ¿no?
(ahora entiendo lo del forro polar)
CM - Ya, es que está el aire muy fuerte
L - ¿Y por qué no lo bajáis?
Silencio absoluto
El caso es que todos tenían frío. ¿Todos? No. El jefe había encendido el aire acondicionado en modo "noches de helada invernal en el Ártico". En serio, daban ganas de meterse en la nevera para calentarse un poco. Eso sí, al señor lo hemos deportado a una sala donde tenga su propio aire acondicionado, para que nos deje tranquilos, que es de esos que van en verano con vaqueros gruesos y polos de manga larga. Repito: para algo se inventó la ropa de distintos largos y grosores.
Y si esto no funciona, siempre se puede seguir el método de mi padre. Que otra cosa no, pero yo papelotes con los que taponar la salida del aire acondicionado (incluso de dos o tres aparatos) tengo de sobra.