Hagamos recuento:
- Regalos pedidos (de verdad): un reloj (porque el mío murió), unas botas de agua (por no perder la costumbre de todos los años, que estoy harta de que se me mojen los pieses), un jersey muy bonito que vi por ahí y una Wii (lo solté por si colaba).
- Regalos recibidos: un jersey muy bonito que vi por ahí y una Wii (al final coló).
Aparte de esto, la mañana de reyes en mi casa fue entretenida. Normalmente, todos los regalos (excepto los míos), acaban en mi posesión, aunque no los haya comrpado yo. Mi misión es envolverlos, esconderlos hasta el día señalado y colocarlos debajo del árbol. Como me han dado un libraco para maquetar (por fin algo de dinero para mi cuenta corriente), me quedé currando hasta las 3 de la mañana. Claro, luego a ver quién se levanta pronto para poner los regalos, yo no desde luego. Para colmo, mis padres hicieron caso omiso al "no dejéis que me levante tarde, que tengo que seguir con el libro", por lo que perdí dos horas de trabajo. Como yo soy muy responsable con los temas de trabajo, los reyes magos (yo) tomaron represalias: retrasar la entrega de regalos hasta que se me pasara el rebote.
Mientras tanto, mi madre se dedicó a explicarle qué es un roscón de reyes a la señora que viene todas las mañanas a ayudar a mi abuela, que ahora no recuerdo muy bien de qué país sudamericano es pero allí no tienen roscones. Creo que le gustó y no me sorprendería si, de camino a su casa, paró en una pastelería a por uno para merendar.
Después, el tradicional reparto de regalos. Mi madre olvidó quitarles las etiquetas a los que envolvió, así que mi padre y yo sabemos perfectamente cuánto se ha gastado en nosotros. Mi padre se puso a trastear con la tele y yo, que me hubiera quedado gustosamente jugando con mi nueva Wii, seguí trabajando en el maldito libro. Eso sí, a media tarde hice un parón para probar las distintas disciplinas del Wii Sports y concluí que:
- Tenis y boxeo, bien. El resto me parecieron algo aburridos.
- Tengo que hacerme con un juego de matar cosas (a ser posible a tiros y/o espadazos).
- Cuando mi padre coge el mando de la consola para jugar al tenis, es inmediatamente poseido por John McEnroe. Le discute a la tele si las bolas han entrado y más de una vez pide el ojo de halcón.