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jueves, 7 de enero de 2010

Clásicos navideños (vol. VI): los reyes magos

O "The Magic Kings", según nosequé amiga de Hell's Tea. El caso es que, de todo lo que pedí en mi carta a los reyes magos, parece que no me han hecho demasiado caso. Eso sí, no me han hecho caso a la carta blogger, porque de la carta real me han caído un 50% de las cosas que pedí. Una de ellas era de relleno y no tenía yo mucha fe en que llegara, pero forma parte del 50% que sí recibí.

Hagamos recuento:
  • Regalos pedidos (de verdad): un reloj (porque el mío murió), unas botas de agua (por no perder la costumbre de todos los años, que estoy harta de que se me mojen los pieses), un jersey muy bonito que vi por ahí y una Wii (lo solté por si colaba).
  • Regalos recibidos: un jersey muy bonito que vi por ahí y una Wii (al final coló).
Por un año, mis plegarias fueron escuchadas y no he recibido ropa de las rebajas o, peor aún, nada con la promesa de "ya te comprarás algo en las rebajas". A ver si os vais a creer que desembolsos como la Wii son habituales en esta mi casa (bueno, según las escrituras es de mis padres). Yo creo que les daba remordimiento haberse autorregalado una tele con deuvedé para su cuarto y tenían que compensarme de alguna manera.

Aparte de esto, la mañana de reyes en mi casa fue entretenida. Normalmente, todos los regalos (excepto los míos), acaban en mi posesión, aunque no los haya comrpado yo. Mi misión es envolverlos, esconderlos hasta el día señalado y colocarlos debajo del árbol. Como me han dado un libraco para maquetar (por fin algo de dinero para mi cuenta corriente), me quedé currando hasta las 3 de la mañana. Claro, luego a ver quién se levanta pronto para poner los regalos, yo no desde luego. Para colmo, mis padres hicieron caso omiso al "no dejéis que me levante tarde, que tengo que seguir con el libro", por lo que perdí dos horas de trabajo. Como yo soy muy responsable con los temas de trabajo, los reyes magos (yo) tomaron represalias: retrasar la entrega de regalos hasta que se me pasara el rebote.

Mientras tanto, mi madre se dedicó a explicarle qué es un roscón de reyes a la señora que viene todas las mañanas a ayudar a mi abuela, que ahora no recuerdo muy bien de qué país sudamericano es pero allí no tienen roscones. Creo que le gustó y no me sorprendería si, de camino a su casa, paró en una pastelería a por uno para merendar.

Después, el tradicional reparto de regalos. Mi madre olvidó quitarles las etiquetas a los que envolvió, así que mi padre y yo sabemos perfectamente cuánto se ha gastado en nosotros. Mi padre se puso a trastear con la tele y yo, que me hubiera quedado gustosamente jugando con mi nueva Wii, seguí trabajando en el maldito libro. Eso sí, a media tarde hice un parón para probar las distintas disciplinas del Wii Sports y concluí que:
  1. Tenis y boxeo, bien. El resto me parecieron algo aburridos.
  2. Tengo que hacerme con un juego de matar cosas (a ser posible a tiros y/o espadazos).
  3. Cuando mi padre coge el mando de la consola para jugar al tenis, es inmediatamente poseido por John McEnroe. Le discute a la tele si las bolas han entrado y más de una vez pide el ojo de halcón.
Y, después de la sesión de Wii, a seguir currando en el libraco hasta las 3 de la mañana. Vaya entretenimiento que me han traído los reyes, y no lo digo precisamente por la videoconsola.

lunes, 4 de enero de 2010

Clásicos navideños (vol. V): carta a los reyes magos

Madre mía, que este año se me ha olvidado escribir la puñetera carta y mira a qué alturas estamos, que los reyes magos ya habrán comprado los regalos. Reutilizar la carta del año pasado queda totalmente descartado, así que sólo me queda hacer un apaño de última hora por si aún hay tiempo y tengo suerte.

Siguiendo la lógica común de los regalos que suelen caer en mi casa, las armas de fuego quedan totalmente descartadas. En mi caso, es lo que yo llamo "el regalo scalextric": eso que siempre pides, año tras año, pero nunca te hacen caso. Por cierto, el scalextric tampoco lo voy a pedir este año.

Más opciones: cosas útiles. Pues me vendrían muy bien unas botas de agua, porque no tengo calzado adecuado para lluvia, y un reloj de pulsera, porque al mío se le ha roto la correa esta misma tarde (y, qué puñetas, porque me gustan los relojes de pulsera y no tengo ni uno en condiciones). El último año que pedí cosas útiles me cayó en suerte un marco digital de esos que Mediamarkt intenta encasquetarnos a la más mínima ocasión, que es de todo menos útil. También voy a pedir un sello para compulsar fotocopias y así evitar futuros incidentes burocráticos.

¿Qué más? Dicen que en esta vida hay que tener salud dinero y amor. Salud tengo bastante y no me voy a operar la miopía por ahora. El dinero me vendría bien, voy a pedir que me toque un Euromillones. Y el amor... bueno, si pido un ingeniero rico mato dos pájaros de un tiro, aunque estoy yo ahora para aguantar ingenieros ricos. Nada, con el Euromillones me apaño.

Hale, pues así se queda la carta: unas botas de agua, un reloj de pulsera, un sello de compulsar y que me toque el Euromillones. El ingeniero rico, la Magnum Dessert Eagle y el scalextric los dejaremos para otra ocasión.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Clásicos navideños (vol. IV): el belén

Ayer escuché en el telediario de mediodía que, según una encuesta de ésas que no sé a quién hacen, sólo el 16% de los hogares españoles tienen un belén. ¿Sólo? Pero si montar el belén es divertídisimo. Una vez que te has peleado con las pelusas gigantes del trastero y le has quitado a la caja toda la mierda que ha ido acumulando a lo largo del año, el resto está tirado.

Hay belenes para todos los gustos: de escayola, de plástico, de cerámica, de madera, handmade, de galletas... El de mi casa no entra en ninguna de estas categorías, porque es un belén posmoderno. ¿Y eso cómo se hace? Pues poniendo todo lo que se te ocurra. Eso sí, hay que seguir un criterio; por ejemplo, en mi casa ponemos todo lo que haya salido de un roscón o no sepamos cómo pero ha terminado en la caja del belén. Éste es el resultado:

Vista general


Castillo


¿Vacas? Bueno, más o menos


Animales varios que pretenden ser cerdos. Algunos incluso lo son

lunes, 28 de diciembre de 2009

Clásicos navideños (vol. III): comidas y cenas de Navidad

La comida de empresa. La cena de la universidad. La cena con tus amigos. Otra cena con los compañeros de aquel curso de idiomas en el que te matriculaste años ha. Comer con los antiguos compañeros de trabajo... y así hasta un sinfín de cenas y comidas de Navidad que llenan las agendas de la gente en estas fechas tan entrañables. ¿Todas? ¡No! Yo sólo he tenido cena y media y una comida. Eso sí, todas concentradas la misma semana.

Las reuniones sociales comenzaron el miércoles, con la media cena. Fue media porque pasé de la parte cena y fui directamente a medianoche. Allí me esperaban siete informáticos borrachos (el que me corresponde iba especialmente perjudicado) con ganas de irse de copas. No preguntéis por qué pero, por alguna extraña razón pasamos algún tiempo en la calle bebiendo el famoso combinado Rachmaninoff que descubrí gracias a Hell's Tea, mientras debatíamos por qué precio se dejaría sodomizar alguno de los informáticos que me acompañaban. Creo que lo dejamos en 700.000€ ó 3.000 vírgenes. Luego ya decidimos ir a un sitio cerrado donde llegué a la conclusión de que, para eso, salgo por Fuenlabrada, que hay el mismo tipo de gente, la misma música, el garrafón es igual de malo, no me cobran 8€ por la entrada y estoy a cinco minutos de mi camita.

Para ser media cena no estuvo mal, hay que reconocerlo, pero la cena completa del sábado también tuvo lo suyo. Si a eso lo sumamos que la enlacé con una comida al día siguiente (sobremesa y tomar algo por la tarde incluido), os podéis imaginar cómo me he levantado esta mañana. Eso sí, nada de resacas, que una es muy sana.

La cena completa fue con un grupo de treintañeros, todos casados, algunos incluso con hijos, a los que les caí en gracia en la boda de mi prima. La invitación vino por parte de mi prima y su marido, que decidieron añadirme a la lista. Finalmente, fuimos 14 personas, de las que no cabe ninguna duda que yo, a mis 24 añitos, era la más joven. Creo que el más cercano me sacaba 10 años pero aún así me aceptaron. La cena incluía vino, un montón de entrantes, un segundo plato normalillo (en mi caso fue un chuletón de buey medio crudo) y unos postres muy grandes que estaban muy buenos. Después sorteamos los regalos de amigo invisible y no fue del todo mal: solté una de las botellas de Passport de las cestas de navidad y recibí un boli muy bonito a cambio. Para una yonki del material de papelería, un bolígrafo Parker es un buen regalo, aunque sea un modelo de 8 euros.

Después de la cena, el reparto de regalos y las despedidas pertinentes de quienes se tenían que ir a cuidar a sus hijos, nos quedamos la mitad. Fuimos a parar a un karaoke, donde descubrí que, según con quién me compare, no canto tan mal. Luego nos marchamos a casa de mi prima y nos pusimos a ver capítulos repetidos de 'Aquí no hay quien viva' en familia hasta las 4. No sé por qué, pero la penúltima vez que me quedé a dormir en casa de mi prima en fechas similares terminamos viendo 'Loca academia de policía' a horas extrañas, debe de ser una tradición navideña de mi familia.

Por la mañana, el tiempo justo para desayunar, ducharse y salir pitando hacia la comida navideña con algunas de mis excompañeras de la uc3m. El restaurante no estaba mal, si no fuera porque los camareros pasaban de nosotras y nos tocó entre un grupo de matrimonios con muuuuuchos niños pequeños (muchos de los cuales estuvieron a punto de morir extrangulados) y un grupo de mujeres que no hacían más que chillar y reírse a carcajada limpia. Eso de hablar a voces en un restaurante no mola pero mola mucho menos que Blanca diga que dentro de 10 ó 20 años seremos como la mesa de las señoras chillonas. Yo quiero pensar que dentro de 10 ó 20 años seremos gente importante y tendremos algo más de glamour que ese grupo.

Por fin salimos de allí y nos tiramos media tarde esquivando familias felices por el centro de Madrid (sólo a nosotras se nos ocurre organizar una quedada en Sol) y buscando un lugar donde tomar un café que no estuviera hacia arriba de gente. La odisea para encontrar sitio fue entretenida pero al final lo logramos. La sobremesa fue larga, entretenida y productiva (o eso me pareció).

Ahora toca descansar (al menos hasta nochevieja), que a mí las cosas navideñas me agotan.

jueves, 24 de diciembre de 2009

Feliz Navidad (y feliz 2010)

Como soy muy apañada y no me gusta tirar de tópicos, he creado mi propia felicitación navideña. Ahí, que se noten los cursos de montaje de vídeo, porque, aunque no lo parezca, el vídeo está editado.



¿Qué me ha dejado 2009?
Nuevas experiencias
Nuevos lugares (y personas)
Proyectos
Bodas...
... bodas...
... y más bodas
Viajes
Sorpresas
Regalos

¿Y en 2010?
Más viajes
Trabajo
Seguir aprendiendo
No olvidar
Seguir intentántdolo - Conseguirlo
Buena compañía

Feliz Navidad y feliz 2010

martes, 22 de diciembre de 2009

Clásicos navideños (vol. I): lotería de Navidad

No, no me ha tocado nada en el sorteo de la lotería, aunque un 5º premio (mira que pido poquito) me hubiera solucionado las navidades y parte del mes de enero. Es lo que tiene llevar un montón de tiempo en paro y no tener ni para el abono transporte (que dejen ya de subirlo, por favor), que cualquier cosa te hace el apaño.

Patri ya publicó en su blog unas cuantas historias de la lotería pero yo no quería hablar de estas anécdotas, sino de las situaciones absurdas derivadas de la adquisición de décimos y participaciones. Todos llevamos décimos a medias con alguien, participaciones de las que nosequién ha hecho para la asociación de nosecuantos, décimos del número de toda la vida (que nunca toca) para cambiar...

Pero mis favoritas, sin duda, son las participaciones de dos céntimos y cantidades similares que te regalan en la peluquería, en el mercado, en la pollería o en la droguería de la esquina. Mi tía y mi prima son aficionadas al coleccionismo de estas cosas y, todos los años, se juntan con una cantidad ingente de ellas. Bueno, también acumulan una cantidad ingente de décimos y de participaciones normales, pero eso es porque en esa rama de la familia tenemos cierta predisposición al juego. Ya hablaré otro día de esa anomalía genética y de cómo se manifiesta en cada uno de los miembros de mi familia, desde los juegos de azar hasta los videojuegos.

También tenemos a mi abuela, que todos los días nos amenaza con morirse (pero bien que se toma las pastillas) y todos los años se enfada cuando no le toca nada en la lotería de Navidad. ¿Para que lo quiere si dice que se va a morir? Si me deja herencia, yo encantada de que le toque, oyes. Como es teleadicta, se traga en directo todas las celebraciones en todos los lugares de España y mira a los agraciados con odio visceral. Menos mal que la tele es unidireccional, porque las señoras de 89 años con bastón que te miran mal acojonan mucho.

Y, ahora que hablamos de loterías, mi madre ya tendría que haber vuelto a casa y han caído muchos premios en Madrid. ¿Se habrá fugado a Uruguay?