viernes, 31 de octubre de 2014

Fauna de gimnasio

Ya que le he dedicado una entrada a la fauna piscinera, lo menos que podía hacer era corresponder también a la fauna de gimnasio. Al cambiar de casa, también cambié de gimnasio y, salvo pequeñas diferencias, la fauna que se puede encontrar en un gimnasio de Fuenlabrada y en uno de cualquier barrio de Madrid es exactamente la misma.

- Señoras que boicotean las clases. El requisito de una señora para escoger clase es "me viene bien de hora". Con este criterio tan amplio, lo mismo se meten a pilates que a un entrenamiento de alta intensidad. El problema no lo van a tener ellas, faltaría más, sino el profesor que dé la clase y la gente que sí sabe en qué clase se está metiendo. Por algo son mayoría.

¿Alguna vez te has preguntado por qué cada vez hay más clases de zumba y de pilates y algunas actividades están casi desapareciendo? Exacto: las señoras.

- El chaval regordete que va a todas las clases. Al contrario que las señoras, no es que elija las clases que le vengan bien de hora, es que todas las clases le vienen bien. Es posible que viniera de regalo con la licencia de zumba.

- La septuagenaria que levanta la pierna hasta 180 grados. Nunca, repito, nunca, entres a una clase de yoga en la que esté ella: saldrás con la moral por los suelos. También es posible que lleve 40 años entrenando y tú, como mucho, llevas dos o tres. Ésta creo que viene de regalo con la licencia de pilates.

- Fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. Es posible que para abrir un gimnasio exijan una cuota de policías, militares y bomberos. La cantidad depende del número total de gente que se haya matriculado en ese gimnasio.

- Osos. ¿Has visto a ese barbudo grandote que está tan en forma? Pues juega en otra liga. En concreto, en una liga en la que sólo hay barbudos grandotes, y no es la ASOBAL.

- Los enteradillos. Una de las razones para llevar tu propia música al gimnasio (además de no tener que aguantar Máxima FM) es protegerte de las lecciones de los enteradillos. Como te pillen por banda, estás perdida. Ellos saben exactamente cómo hay que entrenar, a qué hora concreta, qué hay que tomarse antes y qué hay que hacer después. Y son tan majos que están dispuestos a compartirlos con el mundo entero. Un consejo: huye.

- Chicas con leggins. Por alguna razón que no alcanzo a entender, hay mujeres que renuncian voluntariamente a la comodidad y la opacidad que proporciona la ropa deportiva. Los leggins son a los gimnasios lo que los bikinis a las clases de natación. Hay un nivel más: las de los leggins estampados, que son las mismas que van a nadar en trikini.

- La hormiga atómica. Término acuñado por mi madre, se refiere a esa chica pequeñita que parece poca cosa pero en su interior tiene una fuerza sobrehumana y una resistencia bestial.

- Madonna. Tiene el mismo pantone de pelo y el mismo cuerpo que la cantante. Y lleva las mismas mallas de colorinchis.

- Los Hyundais. Mucha carrocería pero poco motor. No hacen falta más explicaciones.

domingo, 28 de septiembre de 2014

La Puerta de la Luna

Si hay algo que me gustaría tener en casa (además de calefacción cuando llega el invierno) es una Puerta de la Luna. No sé muy bien cómo se puede instalar una en un tercer piso pero eso es lo de menos.



Hasta tengo una lista mental de gente a la que tiraría por mi hipotética Puerta de la Luna en caso de tenerla. Por ejemplo:

- La amiga pesada que siempre viene llorando a contarte la misma historia.

- Algún exjefe.

- Esa persona sin la que tu entorno laboral sería algo más agradable.

- La gente que no responde a los mensajes.

- La señora de edad indefinida que va a todas las clases del gimnasio porque le van bien de hora y luego se queja de la clase.

- Esa gente que te marea durante días, a veces incluso semanas, para quedar una tarde y siempre recula en el último momento.

- El vecino de los horarios imposibles que lo mismo despierta a medio bloque por la noche muy muy tarde que por la mañana muy muy temprano.

- Los que saturan los grupos de wasap.

- La taquillera del cercanías que nunca me hace ni puto caso y sólo me da a la primera lo que le he pedido una de cada cuatro veces.

- Según el día, a mí misma.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Fauna piscinera

Como no puedo tener trauma por la vuelta al trabajo, porque llevo sin tener ni un día libre como una pringada desde el 30 de junio, el susto me lo he llevado al volver a la piscina. Bueno, realmente no ha sido una vuelta, porque no he vuelto a mi piscina de siempre, sino que he ido a una nueva. Vale, tampoco "nueva", dejémoslo en otra distinta.

Y ese ha sido uno de los sustos: que las instalaciones en cuestión podrían considerarse resto arqueológico. Y la gente que me voy a encontrar tres días en semana de aquí a final de curso estuvo en la inauguración.

Lo que no cambia de una piscina a otra, independientemente de su ubicación (y de cuánto tiempo lleve allí), es la fauna que podemos encontrar:

- Los 'asfixiaos'. Se pueden encontrar en cualquier actividad deportiva dirigida, no son una especie exclusiva de las piscinas. No se van a dejar adelantar por nadie, y menos por ti; ya puedes ser Michael Phelps, que su orgullo siempre va a ir por delante. Esto les suele durar unos cinco minutos, después ya empiezan a respirar como osos asmáticos y, con un poco de suerte, consiguen llegar al final de la clase saltándose largos/series/repeticiones de algún ejercicio.

-Señoras de edad y forma indefinidas. Uno de mis mayores miedos es que una de ellas se me acerque y me diga "Yo de joven era como tú". El día que eso ocurra, me meteré debajo de la mesa a llorar muy fuerte y nada podrá hacer que salga de ahí en dos meses. Bueno, quien dice "nada" dice "Jason Bateman con una cerveza y un helado".

- Señoras pudorosas. Se duchan y se cambian sin quitarse el bañador. Incluso son capaces de quitarse el bañador sin quitarse el bañador. ¿Cómo? Pues no lo sé, pero pueden hacerlo.

- Madres escandalizadas. Entran en los vestuarios y en las duchas de mujeres con una legión de niños (niños de género masculino, para más señas) y se ponen a criticar en voz alta y con toda la indignación que son capaces de reunir que ¡en los vestuarios de mujeres hay mujeres desnudas! Este podría ser el origen de las señoras capaces de quitarse el bañador sin desnudarse.

- Niños, muchos niños. Más vale que tengas controlada la hora a la que llegan para no coincidir con ellos. Como no llegues a la puerta de la piscina antes del segundo exacto en que les abren la puerta del autobús, entrarás en un atasco sólo comparable a una operación llegada en domingo entrando a Madrid por la A-6 con lluvia y accidente múltiple un kilómetro por delante.

jueves, 3 de julio de 2014

Volver

Soy consciente de que, desde hace un tiempo, he tenido el blog más que abandonado. Las circunstancias no han acompañado y no me apetecía nada nada nada ponerme a escribir en mis ratos libres. Tras una época no muy buena, las cosas (algunas cosas) por fin han cambiado a mejor, por lo que estoy haciendo todo lo posible por recuperar todo lo que tenía antes (al menos, todo lo que se pueda recuperar a estas alturas).

Hoy me he reafirmado en la opinión de que el hecho de que las cosas vayan mal no es excusa para no dar lo mejor de ti mismo, y de que siempre habrá un sitio donde se te quiere y se te aprecia; de que depende de nosotros mismos y de nuestra actitud la huella que dejemos al cruzarnos con otras personas.

Y mejor lo voy dejando ya, porque ni es mi estilo, ni es mi tono, ni es a lo que os tengo acostumbrados ni son horas. Sobre todo no son horas (y lo subrayo por si no ha quedado claro). Simplemente sentía la necesidad de 'soltar' todo el batiburrillo de sensaciones que me ha desbordado (desventajas de ser emocionalmente simple) antes de irme a dormir.

lunes, 19 de mayo de 2014

Hacienda somos todos... menos el creador del programa PADRE

¿Qué mejor plan para un sábado por la mañana que hacer la declaración de la renta? Si además no tienes ni puta idea, como es mi caso, y tu ordenador no está por colaborar con la Agencia Tributaria, ya puede ser la juerga.

Cuenta la leyenda que el programa PADRE, esa aberración infernal con la que tenemos que hacer la declaración de la renta, está compuesto por parches y más parches sobre un código que nadie entiende y que nadie se atreve a tocar. Añadiría que Hacienda se pasó por el forro todos los criterios de la lógica a la hora de ordenar las diferentes casillas de la declaración, llegando a situaciones tan divertidas como que para poder rellenar un dato que aparece en la página 40 tengas que poner datos en la página 3, en la 50 y en la 56.

Tras una mañana muy amena, saqué las siguientes conclusiones:

  1. El que creó el programa PADRE era un hijo de puta muy grande que odiaba a la humanidad.
  2. La Agencia Tributaria se lleva mal con Google.
  3. Bill Gates y el zorro del Firefox tienen participación en la Agencia Tributaria.
  4. Ser mileurista independizada menor de 35 desgrava. Mucho.
  5. Apoyar el Año Internacional de la Dieta Mediterránea, la candidatura de Madrid 2020, el VIII centenario de la peregrinación de San Francisco de Asís a Santiago de Compostela y el Campeonato de Ciclismo en Carretera de Ponferrada desgrava más que ser mileurista independizada.
  6. El programa PADRE tiene una extraña obsesión por los rendimientos derivados de la venta de bienes corporales producidos en Canarias.
  7. Todo desgrava, menos lo que tú has hecho en el pasado ejercicio fiscal.

miércoles, 2 de abril de 2014

Entrenamiento para torpes: día 2

Matización: "día 2" no quiere decir que no haya vuelto a pisar el gimnasio ni a calzarme las deportivas desde el día 1, sólo que hasta hoy no ha vuelto a haber entrenamiento mortal.

Empecemos por las conclusiones: creo que de aquí a un par de semanas voy a acabar con las manos como las de un estibador noruego y que mañana tendré que evitar reírme porque ya estoy previendo que va a doler, y mucho. Eso sí, con esto ya tengo hecha la "operación bikini" más que de sobra.

Hoy me han asignado como entrenador a un becario de FP que creo que lo ha pasado peor que yo. Pero me he propuesto que se vaya de las prácticas habiendo conseguido algo. Si puede enseñar a una torpe redomada como yo a subir y bajar por una cuerda sin despellejarse las manos, el resto está tirado (aunque dice que le parece muy difícil dar una clase de zumba).

El cambio de técnica (de la jodida a la asequible, concretamente) ha propiciado un avance más que notable, al menos para mí y mi orgullo. Por ahora no hay que lamentar daños físicos (obviando los que se arreglan con crema hidratante), pero aún no estoy ni cerca de lograr el objetivo al 100%, así que el peligro de hostión todavía no ha pasado.

Casualmente, hoy el Pantone del día es el Rapture Rose (17-1929), que según Pantone es "sensual, ingenioso y dramático", pero también uno de los tonos por los que han pasado las palmas de mis manos en el transcurso de recuperar su color y textura normales.


viernes, 28 de marzo de 2014

Entrenamiento para torpes: día 1

Un buen día, sin venir a cuento, los astros se alinearon y mi padre decidió que iba a perder la tripa (los michelines nunca le han molestado, pero dice que por lo de tener tripa no pasa), mi madre se apuntó a pilates y a mí me liaron para apuntarme a una carrera de obstáculos. Y así, mi padre empezó a salir a andar (próximamente será correr, o eso dice), mi madre se compró toda una colección de accesorios muy cuquis marca Decathlon y yo decidí que en algún momento tendría que empezar a entrenar un poco en serio. Ese momento ha llegado y hoy sin avisar, como las malas visitas.

Después de cuatro días de gripazo, infusiones y Paracetamol, por fin me he encontrado en condiciones para levantarme de la cama a una hora decente (siempre según mis estándares de persona que trabaja por la tarde), me he enfundado las mallas y he bajado al gimnasio.

Nada más entrar por la puerta me ha caído la primera:

Laura: ¡Hola!
Profe: ¡Hola Laura! En quince minutos empezamos con la cuerda.


Por resumir la 'clase' de esta mañana, digamos que hay tres formas de hacer las cosas: la fácil, la difícil y la jodida. Mi profe ha decidido empezar por la jodida y el resultado podía ser más desastroso, pero no por mucho. Menos mal que siempre hay algún bombero cerca para mejorar la media.

Ahora tengo dos mantras: "La cuerda de la carrera tiene nudos" y "Me quedan dos meses para aprender a trepar".

miércoles, 12 de febrero de 2014

Interiorismo carpetovetónico

Una cosa que aún no he comentado de mi casa (al menos por escrito) es la decoración. La ausencia de reformas ha permitido que ciertos elementos castizos sobrevivan a lo largo de las décadas para encontrar cosas que bien podrían estar en la casa de mi abuela.

El más alarmante, bajo mi punto de vista, son los sanitarios de color. En un momento dado, los señores diseñadores de Roca decidieron que era la hora de innovar, sacaron la pantonera y empezaron a elegir colores al azar (me niego a pensar que la selección estuviera razonada) para alegrar nuestros momentos en el baño. Así, encontramos lavabos, bañeras y váteres en gamas de colores impensables, desde el visón hasta el azul marino. Entre toda esa gama de colores, en mi casa tuvo que caer el rosa. Sí, tengo un váter rosa…

Otro elemento que no puede faltar en ninguna vivienda, especialmente si es de alquiler, es un mueble feo. Si tienes suerte, como yo, te tocarán dos muebles feos. Como hay que diferenciarlos de alguna manera, uno es “el armario de Narnia” y otro “el mueble feo” (así, sin más). El primero es el que más fans tiene, he de reconocerlo. Al principio, en los tours a amigos y conocidos por la casa (que duran unos tres minutos, la mayor parte para alabar la estantería colgante que compré por 9 euros en el Lidl para el cuarto de baño), explicaba que entrabas en Madrid y salías en Borgin & Bourkes, pero la gente prefirió llamarlo espontáneamente “el armario de Narnia”, y así se quedó.

“El armario de Narnia” tiene tanto éxito que mi padre siempre entra al despacho a visitar “el armario de Narnia” cuando viene a casa, como si fuera uno más de la familia. El otro día tuve que sacarlo a rastras del despacho mientras él protestaba: “¡Quiero tocarlo!” - “¡Que no! Vamos a tomar una cerveza” - “Pero… ¡quiero tocarlo!”. Que no, coño, vamos a tomar una cerveza al bar de abajo, a ver si el armario te va a absorber y vas a salir en cualquier otro lugar del mundo y luego es un pollo traerte de vuelta. Y es que detrás de las maletas, la plancha, el maxipack ahorro de rollos de papel higiénico y las cosas que se deja la gente olvidadas en mi casa puede haber cualquier cosa.

Lo bueno de los muebles feos es que distraen la atención de otras cosas, como el suelo. Alguna mente pensante decidió que el parqué sólo tenía desventajas (es caro, se raya con sólo mirarlo, hay que acuchillarlo, se limpia fatal…) e inventó un sucedáneo ‘low cost’, fácil de limpiar y resistente: el sintasol. De todas las variedades de sintasol que pueblan las tiendas de bricolaje de España, tengo que decir que me tocó una variedad disimulada. De hecho, si no fuera por los cortes horrendos en el suelo entre plancha y plancha, hasta daría el pego. Con el sintasol, las apuestas son qué hay debajo. Mi madre dice que terrazo, yo digo que cemento. Mi padre sigue pensando en barnizar el armario.