lunes, 19 de mayo de 2014

Hacienda somos todos... menos el creador del programa PADRE

¿Qué mejor plan para un sábado por la mañana que hacer la declaración de la renta? Si además no tienes ni puta idea, como es mi caso, y tu ordenador no está por colaborar con la Agencia Tributaria, ya puede ser la juerga.

Cuenta la leyenda que el programa PADRE, esa aberración infernal con la que tenemos que hacer la declaración de la renta, está compuesto por parches y más parches sobre un código que nadie entiende y que nadie se atreve a tocar. Añadiría que Hacienda se pasó por el forro todos los criterios de la lógica a la hora de ordenar las diferentes casillas de la declaración, llegando a situaciones tan divertidas como que para poder rellenar un dato que aparece en la página 40 tengas que poner datos en la página 3, en la 50 y en la 56.

Tras una mañana muy amena, saqué las siguientes conclusiones:

  1. El que creó el programa PADRE era un hijo de puta muy grande que odiaba a la humanidad.
  2. La Agencia Tributaria se lleva mal con Google.
  3. Bill Gates y el zorro del Firefox tienen participación en la Agencia Tributaria.
  4. Ser mileurista independizada menor de 35 desgrava. Mucho.
  5. Apoyar el Año Internacional de la Dieta Mediterránea, la candidatura de Madrid 2020, el VIII centenario de la peregrinación de San Francisco de Asís a Santiago de Compostela y el Campeonato de Ciclismo en Carretera de Ponferrada desgrava más que ser mileurista independizada.
  6. El programa PADRE tiene una extraña obsesión por los rendimientos derivados de la venta de bienes corporales producidos en Canarias.
  7. Todo desgrava, menos lo que tú has hecho en el pasado ejercicio fiscal.

miércoles, 2 de abril de 2014

Entrenamiento para torpes: día 2

Matización: "día 2" no quiere decir que no haya vuelto a pisar el gimnasio ni a calzarme las deportivas desde el día 1, sólo que hasta hoy no ha vuelto a haber entrenamiento mortal.

Empecemos por las conclusiones: creo que de aquí a un par de semanas voy a acabar con las manos como las de un estibador noruego y que mañana tendré que evitar reírme porque ya estoy previendo que va a doler, y mucho. Eso sí, con esto ya tengo hecha la "operación bikini" más que de sobra.

Hoy me han asignado como entrenador a un becario de FP que creo que lo ha pasado peor que yo. Pero me he propuesto que se vaya de las prácticas habiendo conseguido algo. Si puede enseñar a una torpe redomada como yo a subir y bajar por una cuerda sin despellejarse las manos, el resto está tirado (aunque dice que le parece muy difícil dar una clase de zumba).

El cambio de técnica (de la jodida a la asequible, concretamente) ha propiciado un avance más que notable, al menos para mí y mi orgullo. Por ahora no hay que lamentar daños físicos (obviando los que se arreglan con crema hidratante), pero aún no estoy ni cerca de lograr el objetivo al 100%, así que el peligro de hostión todavía no ha pasado.

Casualmente, hoy el Pantone del día es el Rapture Rose (17-1929), que según Pantone es "sensual, ingenioso y dramático", pero también uno de los tonos por los que han pasado las palmas de mis manos en el transcurso de recuperar su color y textura normales.


viernes, 28 de marzo de 2014

Entrenamiento para torpes: día 1

Un buen día, sin venir a cuento, los astros se alinearon y mi padre decidió que iba a perder la tripa (los michelines nunca le han molestado, pero dice que por lo de tener tripa no pasa), mi madre se apuntó a pilates y a mí me liaron para apuntarme a una carrera de obstáculos. Y así, mi padre empezó a salir a andar (próximamente será correr, o eso dice), mi madre se compró toda una colección de accesorios muy cuquis marca Decathlon y yo decidí que en algún momento tendría que empezar a entrenar un poco en serio. Ese momento ha llegado y hoy sin avisar, como las malas visitas.

Después de cuatro días de gripazo, infusiones y Paracetamol, por fin me he encontrado en condiciones para levantarme de la cama a una hora decente (siempre según mis estándares de persona que trabaja por la tarde), me he enfundado las mallas y he bajado al gimnasio.

Nada más entrar por la puerta me ha caído la primera:

Laura: ¡Hola!
Profe: ¡Hola Laura! En quince minutos empezamos con la cuerda.


Por resumir la 'clase' de esta mañana, digamos que hay tres formas de hacer las cosas: la fácil, la difícil y la jodida. Mi profe ha decidido empezar por la jodida y el resultado podía ser más desastroso, pero no por mucho. Menos mal que siempre hay algún bombero cerca para mejorar la media.

Ahora tengo dos mantras: "La cuerda de la carrera tiene nudos" y "Me quedan dos meses para aprender a trepar".

miércoles, 12 de febrero de 2014

Interiorismo carpetovetónico

Una cosa que aún no he comentado de mi casa (al menos por escrito) es la decoración. La ausencia de reformas ha permitido que ciertos elementos castizos sobrevivan a lo largo de las décadas para encontrar cosas que bien podrían estar en la casa de mi abuela.

El más alarmante, bajo mi punto de vista, son los sanitarios de color. En un momento dado, los señores diseñadores de Roca decidieron que era la hora de innovar, sacaron la pantonera y empezaron a elegir colores al azar (me niego a pensar que la selección estuviera razonada) para alegrar nuestros momentos en el baño. Así, encontramos lavabos, bañeras y váteres en gamas de colores impensables, desde el visón hasta el azul marino. Entre toda esa gama de colores, en mi casa tuvo que caer el rosa. Sí, tengo un váter rosa…

Otro elemento que no puede faltar en ninguna vivienda, especialmente si es de alquiler, es un mueble feo. Si tienes suerte, como yo, te tocarán dos muebles feos. Como hay que diferenciarlos de alguna manera, uno es “el armario de Narnia” y otro “el mueble feo” (así, sin más). El primero es el que más fans tiene, he de reconocerlo. Al principio, en los tours a amigos y conocidos por la casa (que duran unos tres minutos, la mayor parte para alabar la estantería colgante que compré por 9 euros en el Lidl para el cuarto de baño), explicaba que entrabas en Madrid y salías en Borgin & Bourkes, pero la gente prefirió llamarlo espontáneamente “el armario de Narnia”, y así se quedó.

“El armario de Narnia” tiene tanto éxito que mi padre siempre entra al despacho a visitar “el armario de Narnia” cuando viene a casa, como si fuera uno más de la familia. El otro día tuve que sacarlo a rastras del despacho mientras él protestaba: “¡Quiero tocarlo!” - “¡Que no! Vamos a tomar una cerveza” - “Pero… ¡quiero tocarlo!”. Que no, coño, vamos a tomar una cerveza al bar de abajo, a ver si el armario te va a absorber y vas a salir en cualquier otro lugar del mundo y luego es un pollo traerte de vuelta. Y es que detrás de las maletas, la plancha, el maxipack ahorro de rollos de papel higiénico y las cosas que se deja la gente olvidadas en mi casa puede haber cualquier cosa.

Lo bueno de los muebles feos es que distraen la atención de otras cosas, como el suelo. Alguna mente pensante decidió que el parqué sólo tenía desventajas (es caro, se raya con sólo mirarlo, hay que acuchillarlo, se limpia fatal…) e inventó un sucedáneo ‘low cost’, fácil de limpiar y resistente: el sintasol. De todas las variedades de sintasol que pueblan las tiendas de bricolaje de España, tengo que decir que me tocó una variedad disimulada. De hecho, si no fuera por los cortes horrendos en el suelo entre plancha y plancha, hasta daría el pego. Con el sintasol, las apuestas son qué hay debajo. Mi madre dice que terrazo, yo digo que cemento. Mi padre sigue pensando en barnizar el armario.

sábado, 18 de enero de 2014

Viernes

Hoy (o ya casi se podría decir "ayer"):

he llegado tarde al trabajo porque no venía el metro; me he enterado de que ha habido un despido; me he enterado de que otra persona se va a vivir a otro país; he conseguido entrevistar a un tipo al que llevaba persiguiendo tres días porque me dio hora para la entrevista telefónica pero no me dio su número de teléfono; me he encontrado con "el bonico del tó"; he estado con La Vaga, en visita exprés e inesperada (ella es la primera que no se lo esperaba); me he vuelto a encontrar con "el bonico del tó"; he perdido nueve minutos de mi vida esperando un metro porque me he equivocado de dirección, y he ido en el metro con El Chino Gayer del Flequillo Teñido, de la peluquería china "con sorpresa".

No sé si irme a dormir o esperar un rato, a ver si pasa algo más (por curiosidad más que nada).

domingo, 22 de diciembre de 2013

La peluquería china

Si hay algún lugar donde puedes flipar mucho por poco dinero, es la peluquería china de mi nuevo barrio. Todo empezó porque iba siendo necesario cortarse el pelo y salí a explorar, a ver si encontraba un sitio donde: a) no me clavaran mucho, b) no me hicieran un corte de pelo de señora de 60 años y c) no me hicieran un corte de pelo choni. Estas condiciones descartaban tres de las cuatro peluquerías que había localizado por la zona. En la cuarta no me cogieron, y más tarde me alegré porque descubrí que era de las que hacían cortes de pelo de señora.

Seguí caminando hasta que encontré una peluquería china muy apañada. Al menos era barata y se podía medir por el control de calidad que se aplica en este barrio: las señoras. Si estaban haciéndose la manicura, no podía ser muy cara y seguro que te hacían la pelota. Además, había chicas jóvenes peinándose que no salieron de allí con el mismo pelo que Sofía de Grecia.

A partir de ahí, todo se sucedió muy rápido, porque son la eficiencia personificada. Llegó una mujer que parecía ser La Jefa y me soltó una frase típica de peluquera madrileña: "Hola guapa, ¿qué te vas a hacer?". Cuando me quise dar cuenta, mi cazadora ya estaba colgada de una percha y apareció un chino con dos toallas, un bote con agua y un bote de Pantene que no tenía Pantene, tenía algo que olía a chicle de cereza.

Siguiendo la lógica que he seguido durante muchos años en la peluquería, me dirigí hacia los lavaderos. "No, no, aquí". ¿Aquí dónde? Pues enfrente de un espejo muy grande, donde el chino de los botes me lavó el pelo en seco, masaje de hombros incluido (hasta me deshizo un nudo que tenía en el trapecio). Bueno, es un lavado raro, pero al menos sí que me aclararon en el lavadero.

Todavía un poco desorientada por el champú de chicle de cereza, me devolvieron a la silla frente al espejo enorme y vino La Jefa. Me mira, la miro, nos miramos, y me vuelve a preguntar: "¿Cómo te corto, guapa?". Se lo explico, agarra el peine y las tijeras, me coge un mechón, lo mira y procede a dar su opinión de peluquera experta: "Poco pelo" (hijaputa).

Lo siguiente que me chocó fue que me hiciera caso. Esto no suelen hacerlo las peluqueras tradicionales, a las que normalmente les tienes que pedir la mitad de lo que quieres: si quieres cortarte cuatro dedos, pide dos; si quieres flequillo largo, dile que sólo quieres desfilarte un poco; si no quieres que te echen crema ni sérum, prepárate para entrar en una batalla a muerte por el derecho a decidir qué quieres hacer con tu pelo.

Y así, tan contenta, en menos de media hora y con un corte de pelo actual, acorde a mi edad y económico, me fui a casa y no volví a acordarme de la peluquería china... hasta hace unos días, cuando Hell's Tea me preguntó qué tal era, porque quería cortarse el pelo y peinarse. Por ahorrar tiempo, digamos que vivió el mismo proceso que yo, pero comentando la jugada por wasap, con unas planchas por medio y con El Chino Gayer del Flequillo Teñido en vez de La Jefa.

Esta tarde hemos vuelto, porque abren los domingos, a Hell's Tea le daba una pereza sobrehumana lavarse el pelo con el chorrillo gélido ridículo que sale de la ducha de casa de su suegra y ya habían pasado muchos meses desde mi anterior expedición, por lo que ya iba tocando cortarse otra vez el pelo. Antes de ir, Hell's Tea investigó la peluquería en Google. Al volver a casa hice lo mismo, y el primer resultado que salió en Google fue "Peluquerías chinas con sorpresa - Foro de putas".

Ahora entendemos mejor por qué se pueden permitir esos precios, no sin cierto miedo a que nos cierren la peluquería en una redada y tengamos que buscar al Chino Gayer del Flequillo Teñido por todo Madrid para que vuelva a cortarnos el pelo.

viernes, 20 de diciembre de 2013

2013 letra a letra

Venga, que sé que os encanta esta costumbre que le plagié a Hell's Tea. A ver cuántas trampas tengo que hacer este año para llenar todas las letras.

A: amistad. Entre las madres primerizas, las expatriadas, los que no tienen tiempo, los horarios incompatibles (principalmente el mío) y otras zarandajas, lo cierto es que el contacto virtual pesa más que el contacto físico. Aún así, reconforta mucho saber que siempre habrá alguien al otro lado de la pantalla o del teléfono para atender cualquier crisis (incluida la de los 27, que afortunadamente ya pasó).

B: boda. Este año sólo fue una pero la rodearon taaaantas cosas que es como si hubieran sido siete. Entre la despedida tróspida que nos montamos dos días antes de la boda (con su cúmulo correspondiente de contratiempos), que al día siguiente había que ir a currar y el viaje de ida y vuelta hasta el fin del mundo (65 kilómetros desde Fuenlabrada), creo que aún necesito que el acontecimiento se diluya un poco más en el tiempo para superar la paliza que supuso todo aquello.

C: cocinar. Es algo que siempre me ha dado muchísima pereza. No es que me disguste ni que se me dé mal, simplemente no tengo paciencia para tirarme dos horas preparando algo elaboradísimo mientras me va entrando hambre. Aún así, hago mis experimentos, que no suelen salir mal.

D: dejadez. Pero mucha mucha mucha. Falta de tiempo, cansancio, pereza... lo que sea, pero llevo ya demasiado tiempo teniendo la sensación de que no llego a todo. Así está el blog, como un descampado.

E: entrenar. Concretamente, para la San Silvestre. Es mi objetivo de este año y en unos días veré si lo cumplo.

F: fuerza de voluntad. Reconozco que un poquito más de esto no me vendría mal, principalmente para superar la D.

G: gimnasio. He descubierto actividades maravillosas, como el pilates, el GAP o el core. De no ser por el rato que paso allí todas las mañanas, a estas alturas ya estaría en prisión preventiva por homicidio, posiblemente múltiple.

H: horarios. En la carrera de Periodismo deberían quitar tanta asignatura inútil y poner algo enfocado a la vida laboral, incluyendo una asignatura que te vaya preparando mentalmente para los horarios que vas a tener si algún día consigues encontrar un trabajo en esta noble profesión.

I: Ichabod Crane. La serie de Sleepy Hollow ha sido el mayor descubrimiento del año, al menos para mí. Como ahora tardo menos en llegar a casa, puedo ver series antes de acostarme, y esta es una de las más ayudan a desconectar (sin ser tan estrambótica como el porno vampírico de True Blood).

J: John Watson. No puedo esperar hasta el 2 de enero de 2014 (que será el día en que me la baje) para ver la tercera temporada de Sherlock, ¡la quiero ya!

K: kilos. Este año no me ha tocado ganar, me ha tocado perder. Parece que ya me voy estabilizando, pero el próximo que me diga "estás más delgada" corre peligro de sufrir una agresión grave.

L: lágrimas. Puedo poner fecha exacta a casi todas las veces que he llorado por motivos laborales. No se lo recomiendo a nadie, en serio.

M: mudanza. El acontecimiento del año, sin duda alguna. Mudarse solo es jodido y una casa da un cojón y medio de trabajo, pero yo estoy encantada de la vida. En invierno un poco menos, porque la calefacción es un poco deficitaria en esta casa (por no decir directamente inexistente).

N: noticias. ¿Es cosa mía o este año hemos tenido saturación de acontecimientos? Que si los papeles de Bárcenas, las imputaciones y desimputaciones de la infanta, las corruptelas varias, el descarrilamiento de Santiago, el juicio del Prestige, la 'doctrina Parot', la cantidad de gente conocida que ha muerto... y aún así los periodistas nos las vemos y nos las deseamos para llenar todos los días minutos y portadas. El resumen anual de 2013 va a venir bien cargadito.

O: ortodoncia. Por mí me la quitaría ya, porque yo me veo estupenda y tengo unas ganas tremendas de comerme un chicle, pero mi dentista dice que aguante. Le haremos caso, que ella sabe de esto más que yo.

P: plancha. Fue independizarme, y que la plancha entrara directamente en la lista de cosas que más odio en el mundo. Y, además, en un puesto muy alto. Creo que es la pérdida de tiempo más grande inventada por el ser humano: emplear dos horas en planchar un montón de ropa que sólo vas a poder usar una vez no es nada eficiente.

Q: QuarXPress. Lo que se echa de menos la maquetación en papel (concretamente opciones como el track y el kern) cuando todos los días de tu vida tienes que cuadrar titulares y entradillas en una web. Los medios habrán evolucionado, pero quienes trabajamos en ellos seguimos pensando en papel.

R: reloj. Mi reloj de piloto (lo llamo así porque tiene tres esferas para tres zonas horarias) con una esfera parada, otra adelantada y una raja de arriba abajo en el cristal es una imagen que habla más que mil palabras. Prometo llevarlo a arreglar en cuanto pueda, que será cuando me reconcilie con la gestión diaria del tiempo.

S: salud. Este año he pasado más tiempo del habitual por hospitales y consultas (vamos, que he tenido que ir más veces que la habitual recogida de las recetas de la alergia en primavera), pero ya está todo controlado. A ver qué tal se porta 2014.

T: terraza. Lo mejor de esta casa, sin duda. Bueno, ahora en invierno me sirve para lo mismo que a un pingüino una nevera, pero mientras hace bueno es la leche poder sentarme un rato con mi té a pasar el rato (aunque las vistas se limitan al bloque de enfrente y una calle en la que nunca ocurre nada interesante, excepto las dos veces que han venido a cargar contenedores marítimos).

U: urbanismo. Algo en lo que nadie pensó cuando se construyó el barrio en el que llevo unos meses viviendo.

V: viaje. Este año he cometido la imprudencia de viajar con mis padres al extranjero. Hacía mucho que no viajaba con ellos al mismo sitio y, de pronto, recordé el motivo: mi madre. Ahora va contándole a todo el mundo que Berlín le encantó y que se lo pasó divinamente, pero eso no es lo que yo recuerdo...

W: whatsapp (o wasap). El año pasado era mi padre con su smartphone y la malignidad de los grupos, este año la mención es positiva (bueno, más o menos), porque es la mejor manera de criticar cruelmente cuando te da un 'calentón' y necesitas poner a parir a alguien.

X: Xabi Alonso. No él en persona (que está bastante bien), sino un libro que me regalaron que tiene que ver con él y que es el ejemplo de que ser buena gente a veces tiene su recompensa.

Y: Yo Donna. Una de tantas revistas femeninas que cualquier día al llegar a casa puedo encontrarme bloqueando en buzón. Mi casera tiene por costumbre pasármelas cuando se cansa de ellas y ahí están, acumulándose hasta que tenga una cantidad suficiente para bajar a reciclarlas. No me voy a culturizar, pero al menos salvaré unos cuantos árboles.

Z: zzzzz. Me voy a dormir, que ya he cumplido. Dormir es otra de las muchas cosas que debería hacer más.