jueves, 11 de marzo de 2010

Canal Metro

Me vais a perdonar que ignore la efeméride (os dejo otro blog donde se puede leer) pero voy a dedicar unas líneas al Canal Metro (de Madrid, por supuesto), que esta mañana me ha impactado (para mal, por supuesto). Nunca presto mucha atención a este "ruido de fondo" que me acompaña cada mañana durante unos breves segundos en el andén de Nuevos Ministerios.

Como ya he dicho, suele ser un ruido de fondo. Normalmente leo, escucho música o directamente paso del Canal Metro. La frecuencia de paso de los trenes tampoco permite detenerse a mirar las pantallitas dispuestas por las estacioes pero hoy ha sido diferente. Quedaban tres minutos para que llegara el próximo tren, no tenía ganas de leer y me ha dado por mirar este extraño canal.

Desde el punto de vista técnico, el que hace las reconversiones de formatos tiene serios problemas con la interpretación de líneas, porque en mi vida he visto una noticia que estuviera bien en este aspecto. También he apreciado algún anuncio reducido de 4:3 a 16:9, con el consiguiente aplastamiento de la imagen. Pero tampoco es esto lo que me ha llamado la atención, que de chapuzas está el mundo lleno y no podemos pararnos a cotillearlas todas.

Quizá estuviera influida por haber prestado recientemente mi ejemplar de bolsillo de 1984. A lo mejor me he dejado llevar por un reportaje sobre el análisis de las personalidades de algunos grandes dictadores del siglo XX a través de la grafología que he leído en el Cercanías. Javier Marías y su artículo sobre el chabacanismo de nuestra no siempre suficientemente apreciada lideresa Esperanza Aguirre puede haberme condicionado. No sé cuál habrá sido la causa pero he flipado con lo que he visto en esos tres minutos de espera.
  • Primera pieza: autobombo sobre las cosas bonitas que subvenciona la Comunidad de Madrid. Lo que no dicen es que no son públicas, sino concertadas.
  • Segunda pieza: el mapa del tiempo, en el que se ignora completamente la zona donde vivo. Luego dirán que tenemos manía persecutoria o que estamos picados porque nuestra agua y nuestros hospitales públicos son peores o están más saturados, no tenemos autobuses nocturnos (sí, desde Aluche pero ¿alguien va por las noches a Aluche o alrededores? No) pero realmente la Comunidad de Madrid pasa bastante de la zona sur, incluso para las previsiones meteorológicas.
  • Tercera pieza: una especie de noticia (si se le puede llamar así) sobre los resfriados. Como los españoles somos una raza recia (o eso he entendido yo), nos constipamos menos que los inmigrantes. Los sudamericanos, pobrecitos ellos, no están acostumbrados al frío y se resfrían unas 4-5 veces en un invierno, mientras que los madrileños sólo 1-2 como mucho. Los ciudadanos procedentes de países del Este están acostumbrados al frío pero eso no quiere decir que estén a salvo, porque no están acostumbrados a la calefacción y por eso también se refrían más que los españolitos.
Fíjate, se puede aprender antropología con una pieza de un minuto y además en el transporte público.

viernes, 5 de marzo de 2010

Dinámicas de grupo (y crossover blogger)

Se me ha ido la actualización un par de días pero no he tenido ni tiempo ni ganas de ponerme a escribir algo tan largo. Aprovecho un rato muerto en mi cursito (no me pueden dar tanto tiempo para maquetar un newsletter de cinco páginas, me sobran horas por todas partes) y actualizo con los últimos acontecimientos.

El martes por la mañana me llamaron para acudir a una dinámica de grupo al día siguiente, es decir, el miércoles. Crucé Madrid y allí que me planté, en un estupendo día de lluvia. Llegué a la entrada y no había nadie en la garita de seguridad, así que llamé directamente al telefonillo de la empresa. Me abrieron, pasé y, cuando ya casi había llegado a la puerta del edificio donde estaba la empresa en cuestión, una segurata bajita con fuerte acento eslavo me dice que no puedo entrar sin más. Pues vale, no voy a discutir. Finalmente, me indica por qué puerta tengo que entrar (como si no lo supiera ya) y me deja marchar.

En la dinámica de grupo éramos ocho, todas de género femenino. En la primera parte, el jefe nos preguntaba una por una algo más o menos genérico relacionado con la comunicación o el periodismo, menos a mí, que me preguntó por qué creía que estaba haciendo una dinámica de grupo. Ahí ya se pudieron ver un poquito los perfiles de cada una: la listilla, la trepa, la lerda (en este caso eran dos) y una que se creía por encima de las demás por haber nacido antes y que tenía una idea muy equivocada acerca de lo que es o debería ser el periodismo. Si yo vi todo eso, los que nos estaban haciendo la dinámica de grupo ni te cuento de todo lo que se tuvieron que dar cuenta.

Luego vino la segunda parte (simular una situación dada por el entrevistador), en la que todos los perfiles que se apreciaban sutilmente en la parte de la pregunta individual salieron a flote en todo su esplendor. La que se creía por encima de las demás me acusó de haber estudiado en una universidad privada, con lo que demostró dos cosas:
  1. Intentaba quedar por encima del resto y creyó ver allí una oportunidad.
  2. No conoce las universidades de la Comunidad de Madrid, pese a vivir en ella.
La listilla también intentó opinar sobre algo de lo que no tenía ni puta idea pero dio la casualidad de que yo, que estaba enfrente, sí que tenía idea de ello. Y la trepa empezó a hablar en el ejercicio de grupo de una forma totalmente fuera de lugar con la situación planteada. Se suponía que era una conversación entre amigas que habían quedado para tomar un café después de mucho tiempo sin verse y la señorita empezó con algo así como "Yo considero que los contenidos impartidos en las universidades...". Si habla así con sus amigas, no quiero encontrarme nunca a todas juntas charlando en el metro.

Después me largué a casita y, al darme cuenta de que pasaba por debajo de casa de Hell's Tea, le mandé un mensajillo por si estaba disponible y le apetecía tomarse conmigo un té. Lo habéis adivinado, ésta es la parte del crossover blogger.

El barrio de Hell's Tea está bien comunicado: tiene dos paradas de metro y casi me atropellan tres autobuses desde la salida del suburbano hasta la entrada del portal. También tiene unas pedazo de escaleras de la muerte con las que yo no contaba y que me daban mucho miedito en un día lluvioso, dados mis antecedentes. La alternativa a las escaleras era una enorme rampa serpenteante que más bien parecía un laberinto, sólo le faltaba tener su propia colonia de minotauros. Como soy vaga, decidí arriesgarme y coger las escaleras, a pesar de todo.

El té se alargó, hablando de todo un poco, frikeando con el Photoshop CS4 (somos así de raras, qué se le va a haber) y terminé quedándome a comer con Hell's Tea y su respectivo, cual familia feliz. A las cinco y pico de la tarde me di cuenta de la hora que era y de que tenía que ir a hacerle una visitilla a Ruth por ciertos temas laborales.

Una vez terminé todo, regresé a casa, me quité el disfraz de las entrevistas de trabajo (camisa, zapatos y fular, en vez de camiseta, deportivas y palestino, quién lo diría), me lavé la cara, me duché, me puse mi pijama y me tiré lo poco que quedaba de tarde sin hacer nada.

lunes, 1 de marzo de 2010

Somos gilipollas

Que no lo digo yo (aunque os extrañe), lo dicen los señores de El blog salmón en este post y tienen más razón que un santo. Llevo mucho tiempo sufriendo en silencio por el sistema de contratación de becarios que reina en nuestro país, sobre todo en el sector de los medios de comunicación, que es en el que he vivido la mayor parte de mi vida laboral. Esto es más o menos lo mismo, sólo que les ponen el nombre de voluntarios, que suena menos a trabajo basura.

Los becarios dejaron de ser becarios (y esto se puede aplicar también a los "voluntarios" de los que habla el post enlazado) cuando a alguna mente lúcida se le ocurrió poner condiciones extremas a los candidatos y hacer pruebas de selección acojonantes (porque la mayoría de las veces dan mucho miedito). A lo que vamos con esto es a tener trabajadores más baratos, un poco menos preparados (pero sólo un poco menos, que yo he estado en pruebas de selección que se las traían) y mucho más baratos. Se nos ha olvidado que los contratos de prácticas son para aprender y les exigimos a los becarios que trabajen lo mismo que el resto de empleados pero sin un sueldo.

Mientras tengas una universidad que te cubra las espaldas (véase, que te pague el seguro), tus 300€ de sueldo estén subvencionados y no tengas seguridad social, te quieren en cualquier parte. El problema llega cuando te licencias, el convenio de tu universidad termina y, aunque tengas experiencia suficiente para pasar a formar parte de la plantilla, deciden coger a otro becario. Y da gracias que en tus prácticas te hayan enseñado algo, porque también las hay donde pasan de ti y te ponen a hacer cualquier otra cosa distinta de las funciones del puesto.

También he visto por ahí algún trabajo con condiciones de becario (sueldo, principalmente) y exigencias de trabajador cualificado (estudios, idiomas, horarios). Y seguimos apuntándonos a esas ofertas, aunque tu sueldo sea de 800€ mensuales por jornada completa y tus jefes se quejen de que no trabajas suficiente en casa (es triste pero es real). ¿Acaso es lógico que una persona con estudios superiores, idiomas y formación complementaria tenga que venderse a precio de saldo? ¿Tan desesperados estamos?

El problema lo tenemos nosotros, que nos dejamos tratar así, retrasamos la finalización de la carrera para no perder un trabajo de becario, aceptamos trabajar en días festivos o en horarios totalmente absurdos en relación con el sueldo o directamente renunciamos a cobrar por nuestro trabajo. Y la única razón que tenemos para hacer esto es que la gente lo hace, sin más.

Durante la carrera, viví la evolución (o más bien involución) de las prácticas en empresa. Empecé con unas prácticas de media jornada que derivaron en un contrato de colaboración de un año y terminé con unas de jornada completa, trabajando la mitad de los fines de semana y todos los festivos y marchándome de allí cuando en recursos humanos (que a veces no sé qué tienen de humano) se enteraron de que presentaba el proyecto final de carrera a finales de septiembre, perdiendo toda posibilidad de convenio con la universidad.

Alguien pensó que le salía más a cuenta tener a gente descontenta y barata que trabajadores eficientes con un sueldo digno. Da igual si no te gusta, porque en un máximo de seis meses estarás otra vez en casa y otro ocupará tu silla.

P. D.: prometo que el cambio de plantilla no dará lugar a una proliferación de post serios y volveré a mi línea habitual en unos días.

jueves, 25 de febrero de 2010

Lerditud

Sí, qué pasa, me acabo de inventar una palabra. La RAE no tenía nada que se ajustara a mis necesidades, así que lo he tenido que crear yo. No ha quedado tan mal ¿verdad? A lo que iba: salir a los descansos con los profesores es una experiencia enriquecedora. A mi compañera de al lado (que viene del curso anterior) y a mí no nos quedaba más remedio, si queríamos huir de ciertos personajes y comentarios, al menos en la hora del descanso, que para eso está.

Todas las mañanas, a eso de las 11, bajamos con nuestro profesor, recogemos al profe de la clase de al lado (que da cursos de programación) y nos vamos los cuatro a un bar, cuyos camareros merecen post aparte, porque los dos se las traen. Ojo, eso no significa que les vaya a dedicar un texto a los camareros. Lo digo por todas aquellas (porque siempre sois chicas) que siempre queréis información adicional, siempre y cuando prometa ser absurda.

Si mis compañeros de este curso ya se las traían, la colección de alumnos extraños que sacó antesdeayer a la luz el otro profesor no tiene desperdicio. Para empezar, en el curso de la tarde ha dado por imposible, después de seis semanas de intentos, que los alumnos consigan programar. Pero lo mejor son los dos alumnos de los que nos ha hablado: la alumna que programa aleatoriamente y uno que ha programado algo con un funcionamiento similar a "la paracaja de Farnsworth" (aquí un enlace, para quienes no hayan visto ese capítulo de Futurama).

La alumna que programa aleatoriamente: de ésta hay poco que decir. Le explican los ejercicios, los comprende y programa cualquier otra cosa de manera aleatoria. No sé si la elección será tan al azar porque, según nos explicó este profesor, un día le dijo que había aplicado otro método en lugar del que era necesario porque le gustaba más. Esto me recordó a cierta compañera del curso de Avid (seguro que Hell's Tea tiene ahora mismo una imagen nítida de esa persona) que utilizaba los recursos de edición y las transiciones según le parecieran más o menos bonitos. Me pregunto si serán familia.

La paracaja de Farnsworth: le dimos este nombre porque la imagen que nos vino a todos a la cabeza fue un momento determinado del final del episodio de Futurama con el mismo nombre. Será mejor dar las explicaciones que precedieron a la imagen mental colectiva:
  • Descripción del ejercicio según el profesor: el alumno creó un programa que se comprimía a sí mismo y después se necesitaba de nuevo a sí mismo para descomprimirse.
  • Símil para hacer más accesible la descripción: es como cerrar una puerta con llave por fuera desde dentro.
  • Desarrollo del símil anterior, según mi compañera: es como si tienes que abrir el maletero del coche pero las llaves están dentro.
  • Desarrollo de la explicación según mi profesor, basándose en la explicación de mi compañera: tú estás fuera, con la llave en la mano (levanta la mano como si tuviera agarrada una llave imaginaria), y, de pronto, pasa algo (movimientos circulares con las manos evocando el caos) y apareces en el maletero (se encoge) con la llave en la mano (vuelve a levantar la mano como si tuviera agarrada una llave imaginaria) y tienes que usarla para abrir la cerradura desde fuera y salir.

martes, 23 de febrero de 2010

Sobre los portales de empleo

Como ya habréis visto, no soy dada a comentar noticias o estadísticas en este blog pero este fin de semana encontré una que me llamó bastante la atención. Me topé con ella casi por casualidad en un blog de la edición digital de un periódico de tirada nacional. El titular era "Aumenta el paro y bajan las visitas a los portales de empleo" (podéis leerla entera, aunque no dice gran cosa).

Supongo que todos hemos usado alguna vez un portal de empleo (así me ahorro algunas explicaciones). Yo, de hecho, estoy registrada en varios, con resultados más que predecibles atendiendo al nombre de mi blog. Si a todo el mundo le funciona este método de búsqueda de empleo tan bien como a mí, no es de extrañar que hayan bajado las visitas a este tipo de páginas.

Si uno es asiduo a estas webs, se puede encontrar cosas tan curiosas como que las ofertas son siempre las mismas (año y pico que lleva ya la oferta "redactor televisión con nivel alto de alemán"), piden cosas imposibles (redactor nativo checo menor de treinta años con un mínimo de siete años de experiencia) o no saben ni lo que piden (diseñador web con conocimientos de InDesign y QuarkXPress).

Está visto que estas cosas no funcionan y, además no aportan nada nuevo. Bueno, Infojobs tuvo la genial idea de incorporar un servicio de inscripciones premium a las ofertas de empleo que no sé yo si habrá tenido mucha acogida. Desde aquí propongo otra cosa más efectiva, dada la sociedad en la que vivimos: crear una red de búsqueda de enchufes. Sí, nada de buscar empleo directamente, búscate un enchufe que te busque empleo y listo. Luego, los enchufes pueden valorarte como enchufado y quien tenga buenas puntuaciones podrá conseguir mejores enchufes. ¿Qué os parece? Como ya he dicho, dada la sociedad en la que vivimos, sería lo más efectivo.

viernes, 19 de febrero de 2010

Por qué creo que debería tocarme la lotería (o algún otro sorteo de Loterías y Apuestas del Estado)

Debería tocarme la lotería (o algún otro sorteo de Loterías y Apuestas del Estado) porque considero que el destino, el karma, el universo o lo que a cada uno de vosotros se os ocurra me debe una indemnización muy gorda. "¿Por qué?" os preguntaréis. Pues por los siguientes motivos:
  1. Llevo en paro desde que terminé la carrera.
  2. Mi abuela me odia y tengo constancia de que va por ahí criticándome.
  3. Mi madre quiere más a Gamab que a mí.
  4. Mi madre se excusa de la acusación del punto 3 diciendo que "no has salido tan mal pero tienes tus cosas" y que habrá que quererme tal como soy (con tono de "porque eres nuestra hija y después de 24 años ya hemos asumido que no podemos cambiarte").
  5. Soy bajita (no llegar a las estanterías es un buen motivo para enfadarse con la vida).
  6. Hace un par de semanas tuve que cancelar a última hora un viaje que llevaba reservado dos meses.
  7. Hace tres días me pegué un hostión en las escaleras del metro del que tardaré al menos dos semanas en recuperarme.
  8. Madrugo los sábados.
  9. Mis compañeros del curso del INEM son lerdos y eso, a la larga, perjudica seriamente la salud.
  10. Porque estoy tomando tantas pastillas (alergia, estómago sensible después de haber tenido una bacteria que tardaron años en detectar y erradicar y analgésicos varios para la hostia del metro) que ya no sé ni lo que escribo.

martes, 16 de febrero de 2010

Qué malita estoy (y qué poco me quejo)

Llevaba ya unos cuantos días sin actualizar y estaba pensando si hablar sobre la sanidad pública (que me ha dado cita para hacerme una prueba el 19 de noviembre a las 10:30 de la mañana), sobre el metro de Madrid (que tan buenos ratos me hace pasar todas las mañanas) o sobre mis cursos para parados. Fíjate por dónde, hoy me ha ocurrido algo que junta las tres cosas: cuando volvía a casa desde el curso, he resbalado en las escaleras del metro y he terminado en la sala de espera de traumatología del hospital público más cercano. Bonita forma de pasar un día de lluvia ¿verdad?

La caída ha sido... bueno, digamos que dolorosa. Las escaleras mecánicas estaban apagadas, según los trabajadores del metro que han venido a que les rellenara el parte porque con el agua que trae la gente desde la calle se mojan. Me ha tocado bajar por la escalera de piedra, que también se moja con el agua que trae la gente de la calle, por si los trabajadores del metro no se han dado cuenta, y ahí he sido donde me he piñado. He hecho un amago de resbalón que sólo se ha quedado en eso y luego ya me he caído en serio. Cuando notas todo el peso de tu cuerpo cayendo a plomo sobre la arista de un escalón, sufres, te lo puedo asegurar. Luego han venido unos minutos difusos de respiración dificultosa, calores, mareos y ganas de vomitar pero me he repuesto rápido (o eso creo). Levantarse ya ha sido más complicado pero los del SAMUR han sido pacientes y me han ayudado, que para eso están.

Después de ponerme una pinza en un dedo (¿alguien me explica qué es eso, porfi?) y comprobar que tengo una tensión estupenda y nada roto (menos mal), me han dado dos opciones: volver a casa por mi cuenta y allá me las apañe o llevarme al hospital más cercano a que me viera un traumatólogo. Analicemos mejor las dos opciones: volver de Diego de León a Fuenlabrada en hora punta y en transporte público y pasar la tarde en el hospital de esta bella ciudad del sur de Madrid o ir en ese momento a un hospital menos saturado. Hombre, creo que no hay que pensar mucho. Me he despedido de mi compañera del curso, he hecho las llamadas pertinentes y a los pocos minutos estaba aparcada (literamente, porque me han colocado en una silla de ruedas incomodísima) en el recibidor de urgencias del hospital más cercano. Luego una enfermera muy maja me ha aparcado en la sala de espera de traumatología donde he hecho lo que el propio nombre de la sala indica: esperar. Mientras esperaba (a la traumatóloga, a mis padres y a Gamab), he oído a unas señoras decir que Ana Belén estaba por allí y he tenido un encuentro surrealista con una enfermera:

Enfermera - ¡Hola!
Laura - Esto... hola
Enfermera - ¿Qué tal te encuentras? ¿Estás mejor? [¿me habré perdido algo después de la caída?]
Laura - Eeeeeh... bueno, me duele bastante la espalda y...
Enfermera - Es que te he visto antes en el metro [claaaro, ahora todo cobra sentido]

He seguido esperando, ha llegado Gamab (menos mal, porque estar dolorida y sola en una sala de espera no mola nada), he visto que traía comida (¡bieeeeeen!) e inmediatamente ha salido la traumatóloga a llamarme. Me ha revisado la espalda y me ha mandado a rayos. Mientras esperaba, he vuelto a encontrarme con la enfermera del metro, que le ha contado al radiólogo que los del metro han apagado las escaleras mecánicas y que la escalera de piedra estaba empapada, entonces, claro, la pobre chica se ha resbalado. Cuando he pasado al cuartucho donde te cambias de ropa, he tenido una experiencia muy reveladora sobre qué es el dolor físico. Como no podía ser de otra manera, la máquina de rayos X ha dado algún que otro fallo, porque a mí siempre me tiene que pasar algo (más), y me han tenido de pie pasándolas putas más tiempo de lo debido. Luego me han mandado a la sala de espera, a seguir esperando.

Han aparecido mis padres, Ana Belén ha pasado por detrás de donde me tenían aparcada (Hell's Tea, no está tan joven como parecía en los Goya pero sigue estando de buen ver; mejor pídele la dirección del endocrino/dietista/loquesea, porque como mucho está en una talla 36 y sin parecer una yonki, que tiene más mérito) y he pasado de nuevo con la traumatóloga. Era muy maja pero no me ha dado muchos ánimos. "Vas a estar jodida dos semanas. Bueno, está semana vas a estar muy jodida y la semana que viene sólo jodida". Anda, dame unas cuantas drogas, que así se me hace más llevadero. También me ha dicho que vaya al médico de cabecera a pedir la baja (para el curso, se entiende, aunque los trabajillos freelance que voy consiguiendo no perdonan). Y aquí me tenéis, tumbada como buenamente puedo y actualizando el blog con esta experiencia taaaaaan enriquecedora. Sin duda, hay cosas que fortalecen el espíritu, aunque te dejen el cuerpo hecho caquita.