jueves, 22 de diciembre de 2011

2011 letra a letra

A: Alemania. Mola volver a Berlín y sentirse como si no hubiera pasado el tiempo. Bueno, quitando que cada vez que vuelvo me encuentro que han cerrado algo que me gustaba, hacen cambios en la red de metro (menos la línea 2, que sigue en obras dos años y pico después) o la fauna en ciertas zonas de la ciudad se va volviendo más hostiable (malditos hipsters, no tenían suficiente con Londres). No lo pongo en la B (de Berlín, obviamente) porque esa letra la tengo reservada para otro acontecimiento.

B: boda, (aka The Event). El bodorrio de Hell's Tea y su marido (antes marío) coincidió con el día de mi vigésimo sexto cumpleaños. A pesar de todo lo que pasó antes y durante, todo salió estupendamente. (modo sentimental on) No les voy a desear que sean felices juntos porque no hace falta, lo han sido desde que les conozco y no creo que vayan a dejar de serlo ahora (modo sentimental off).

C: campaña electoral. Y no una, sino dos. Me tocó comerme las elecciones municipales y autonómicas en la prensa local y después me tocó comerme las elecciones generales en un periódico digital. Menos mal que hasta dentro de cuatro años no volverán a dar el coñazo (espero).

D: deporte. No por el trabajo, porque cuando se creó el medio en cuestión se decidió que el deporte era prescindible. Después de varios intentos de tener un horario (y una vida) he conseguido sacar tiempo por las mañanas para ir al gimnasio y a la piscina. Mi espalda lo agradece.

E: escaqueador. Todos tenemos un compañero de trabajo al que nos gustaría asesinar a sangre fría, trocearlo, meterlo en bolsas de basura y tirarlo al mar (cosa bastante complicada en Madrid, por cierto). El mío es todo un especialista en el noble arte del escaqueo y sé a ciencia cierta que no soy la única persona de la redacción que lo dejaría expuesto a su oscuro pasajero.

F: ficción. Mi vicio por la series no hace más que aumentar. También es cierto que con los horarios que tengo hay pocas opciones en la tele. Este año se han incorporado a la lista Pan Am y New girl y he recuperado Psych. Sospecho que este mes de parones me engancharé a Breaking bad o Boardwalk Empire y retomaré A dos metros bajo tierra.

G: genitivo plural. Las clases de ruso han conseguido algo que parecía impensable: que alguien eche de menos la gramática alemana.

H: horario. No es normal tener de esto siendo periodista pero yo lo he conseguido (a ver lo que dura). Además hay gente maja dispuesta a colaborar para que puedas tener algo de vida fuera del trabajo de vez en cuando (algo que no siempre se consigue, como ya ha demostrado la experiencia) y entro a trabajar de día durante todo el año.

I: Internet. Desde que he descubierto que puedo comprar por Internet, como que me da menos pereza eso de comprar ropa. También han caído zapatos y algún que otro complemento. Ya no tengo necesidad de agobiarme en los centros comerciales ni de pasarme la tarde de tienda en tienda para volver a casa cabreada porque no encuentro nada que me guste y no cueste un riñón y medio hígado. Y además me lo mandan a casa.

J: jefes. No os imagináis la enorme satisfacción que se siente al decirle que no a un jefe impresentable e insoportable y largarse del trabajo. Ahora tengo jefes que confían en mí y que están contentos con mi trabajo (y si no lo están, mienten muy bien). Eso no quita que a veces no eche de menos a mi jefa maja, pero sigo en contacto con ella.

K: Kindle. Los regalos de reyes pierden misterio cuando tu padre dice "entra en Amazon y encárgate el libro electrónico ese que tienen". Está claro que le voy a sacar provecho, porque sigo manteniendo la sana costumbre de leer en el tren/metro. La putada es que tengo que aguantar dos semanas con el trasto en casa sin poder arrimarme a él, porque aquí somos más de Reyes Magos que de Papá Noel, así que el Kindle ya será de 2012 más que de 2011. Por lo menos no me hizo encargar mi propio regalo con cargo a mi tarjeta de crédito.

L: lagartija. No tiene nada que ver con la operación "Lagarto-lagarto" de Airevisual (gran momentazo de mis chicas en Twitter), más bien con la fauna indeterminada que me encuentro todas las mañanas. Porque en la zona donde está mi trabajo otra cosa no, pero todavía quedan muchos descampados por urbanizar. Cosas de la burbuja inmobiliaria, que los constructores empezaron a ampliar Madrid y se quedaron a medias.

M: mañana. La gente con horarios normales trabaja por la mañana y hace el resto de cosas por la tarde. Yo voy al revés, soy así de estupenda. Lo bueno es que por la mañana hay menos gente en todas partes y no pillo la hora punta, excepto un rato los viernes, por aquello de la jornada intensiva.

N: noticia. De momento no parece que vaya a descubrir el Watergate ni nada parecido, pero ya he dado un comunicado de ETA, unas elecciones generales y un nombramiento de ministros. Y lo que vendrá.

Ñ: nada, ésta ni tirando del diccionario Espasa.

O: ornitorrinco. Otro regalo de reyes que no va a ser sorpresa. Esta vez ha sido culpa mía, que soy muy dada a decir de coña cosas que luego resultan ser verdad.

P: periodismo. Esa noble profesión tan desprestigiada últimamente pero que a mí, por alguna razón inexplicable, me encanta. Tengo trabajo "de lo mío" y me gusta, que ya es más de lo que puede decir mucha gente en los tiempos que corren. Ahora sólo falta que me suban un pelín el sueldo, que con 26 años ya hay que ir pensando en independizarse.

Q: quedada. Ya se sabe: lo que no has hecho en todo el año, lo dejas para diciembre. En esas estoy, aprovechando que he pillado unos días libres para quedar con la gente que tengo por ahí desperdigada. De momento, La Vaga (que pasará unos días en Madrid después de salir de Canadá y antes de irse a Polonia), un excompañero de mis tiempos de becaria (todos los años quedamos, ya es tradición), Hell's Tea, mi jefa maja y la diseñadora del trabajo anterior (antes de que se marche a Londres). Lo mejor de todo es que he tenido que apiñar a toda esta gente en dos días.

R: reportaje. Cuando empecé en mi nuevo trabajo me sentía un poco engañada. Resulta que salí bastante mal parada en el reparto de tareas, que se hizo de una manera totalmente arbitraria. Ahora parece que las cosas se están poniendo en orden poco a poco y ahora al menos puedo (más bien debo) sacar un tema propio cada semana. No está mal, aunque tiene sus "peros", que aparecerán más adelante (en la W).

S: smartphone. Dos, como las campañas electorales. Tras un cabreo monumental con mi compañía de móvil de toda la vida y sus correspondientes llamadas a desatención al cliente para decirles que por qué coño me estaban cobrando de más, decidí cambiarme de compañía. Ahí llegó el primer smartphone. El segundo entró en mi vida apenas una semana después, cuando la empresa decidió que debía tenerme controlada. Ahora voy por la vida con un "call center" en el bolsillo.

T: transporte público. Cambiar un trabajo casi en la sierra por un trabajo dentro del término municipal de Madrid no significa ganar tiempo. Es más, tardo prácticamente lo mismo, por las infernales combinaciones de transporte público. Desde aquí, lanzo una propuesta a la Comunidad de Madrid (que ya sé qu eni me lee ni me va a hacer caso): si se abre una salida a la estación de Fuencarral por el otro lado, toda la zona de Las Tablas tendría Cercanías (y yo tardaría como unos 20-25 minutos menos en llegar al trabajo). Señor consejero de Transporte, piénselo.

U: urgencias. Este año he tenido que ir más veces que durante el resto de mi vida. No entraremos a hablar de cómo está la sanidad últimamente, pero no es normal (o no debería serlo) que te tengan cuatro horas esperando para diagnosticarte algo que no tienes sin hacerte ni una sola prueba ni que tengas que ir tres veces en la misma semana con la misma historia.

V: del nombre de mi nuevo trabajo. Y hasta aquí puedo leer.

W: welt.de. Es la dirección de la versión on-line de Die Welt. El subdirector se ha aficionado a los temas que rapiño de la prensa internacional. Es culpa mía, desde el momento en que me presenté en su despacho con un tema de los que a él le gustan (bancos centrales, fraudes fiscales a gran escala y ese tipo de cosas). Ahora tengo que rapiñar un tema por semana, con el agravante de que a veces me manda informes económicos en inglés para completar. Lo bueno es que no puedo quejarme de tener abandonados los idiomas; lo malo es que empiezo a sospechar que si algún día salgo de la no-sección donde estoy será para entrar en economía.

X: XXVI (26). Para rellenar ciertas letras hay que acudir a trampas de este tipo, que no siempre es fácil. Como ya se encargó de recordarme más de uno el día de mi cumpleaños, ya estoy más cerca de los 30. Lo rápido que pasa el tiempo y la de cosas que me quedan todavía por hacer, oyes.

Y: yogur. Desde que como con horario europeo y ceno con la hora de Canarias, las tardes se hacen muy largas para mi estómago, recuperando la sana costumbre de merendar. Los yogures del Lidl son maravillosos para este fin.

Z: zzzzzzz. Sí, dormir. Durante este año he pasado por todos los estados posibles: estar muerta de sueño (cuando estuve pluriempleada), dormir poco y mal (cuando las cosas se pusieron feas en el trabajo anterior y salía quemada de trabajar cada día) y volver a dormir como una persona (desde que tengo cierta estabilidad y unos horarios en condiciones). Intentaremos mantenerlo en 2012.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Gente rara

Lo bueno de estar en un edificio de oficinas de tamaño medio es que ves mucha gente. Bueno, si coincides con sus horarios, claro. Aún no están ocupadas las 15 oficinas pero es agradable cruzarse con alguien en el ascensor de vez en cuando. Y a veces hasta da para una historia curiosa.

Lunes, hora de entrar a trabajar. Frente al ascensor hay dos chicos. Altísimos, monísimos, extranjeros. Estaban hablando sobre el trabajo y otros menesteres delante de la puerta del ascensor. Supuse que estaban esperando pero supuse mucho. Después de mucho rato sin oir ruidos al otro lado de la puerta, me da por mirar el botón: no han llamado al ascensor. Tranquilos, chavales, que ya llamo yo.

Se abren las puertas y entramos los tres. Yo pulso el botón correspondiente; ellos no. Pues no creo que vayamos a la misma planta, porque en ese piso sólo está mi trabajo, ellos verán. Llegamos a la planta correspondiente y se quedan mirando la pantallita con el número, como asombrados.

Me bajé y se quedaron allí. No sé si se quedaron allí dentro esperando a que alguien fuera a la planta que les venía bien o decidieron que era un buen momento para tener un poco más de iniciativa y pulsar el botón, quién sabe.

martes, 6 de diciembre de 2011

Historias de Berlín (vol. I): Ich hasse den S-Bahn (odio el Cercanías)

Que quede claro que este puente no voy a ir a ningún sitio pero me habéis dado envidia. La gente está subiendo como loca a Facebook y Twitter fotos de sitios guays que tienen fuentes de chocolate o pistas de patinaje y a una, que no es de piedra, le entra la envidia. Como he ido dejando "para luego" el relato de mis "vacaciones" de este verano (a excepción de la teoría de los calcetines perdidos y alguna cosa más), al final me he plantado en el puente de diciembre sin haber publicado ni una sola de las historias que tenía en mente. Pues aquí va la primera.

Siguiendo la recomendación del novio de una compañera de la universidad, se llamará "Ich hasse den S-Bahn", que traducido al español vendría a ser "Odio el Cercanías". También se puede aplicar a Madrid, sobre todo los viernes, que parece que ya están ensayando para el fin de semana. O cuando tienen la maldita manía de no reportar las incidencias aunque sea obvio que algo falla.

Mi primera semana en Berlín fue muy ajetreada y cada tarde me salía un plan distinto. Entre los que viven allí y los que pasaban por allí, llené mi agenda de compromisos sociales, hasta tal punto que justo una semana después de haber llegado decidí que me merecía un día de descanso, en el que lo único que hice fue hacer fotos, bajarme al parque a leer un libro y descargarme una película de Ken Loach. Pero el día anterior (es decir, el viernes) fue el horror, como diría Robert Duvall, en gran parte gracias al S-Bahn, primo alemán de nuestro querido Cercanías.

Entre toda la gente con la que coincidí en Berlín, estaba un compañero de la EOI. El chico necesitaba una desconexión y pensó que lo mejor sería irse un mes a hacer turismo con la excusa de las becas de idiomas que da el Ministerio de Cultura. Ese mismo día, por la noche, llegaba su novia, en el último vuelo de EasyJet, que llega a la capital germana cerca de la medianoche. Normalmente se tarda menos de una hora en llegar al aeropuerto de Schönefeld (el cutre que hay en el sur) pero, por si acaso, salimos con hora y media de antelación, para curarnos en salud.

Y menos mal que salimos con hora y media de antelación, porque si no todavía seguiríamos allí. El caso es que los señores que manejan los trenes tienen manías muy raras, por ejemplo, no avisarte de que han quitado un tren hasta que ese tren debería estar pasando. Esto significa que tú estás tranquilamente esperando un tren al que le quedan diez minutos para llegar. Cuando pasan esos diez minutos, el tren no viene pero en la estación tienen la amabilidad de ponerte en el panel que ese tren no pasa. Pues muy bien, esperemos al siguiente. Si a eso le añadimos que era viernes por la noche y, por tanto, ya funcionaban con el horario de fin de semana por la noche, ya es la juerga padre. ¿Quieres más? Pues había obras y tenías que bajarte en una estación y cambiar de tren.

Con todas estas cosas divertidas, llegamos al aeropuerto una hora tarde, a pesar de haber salido con tiempo de sobra. El camino de vuelta fue tan largo como incómodo, porque a la chica que esperaba en el aeropuerto no debió hacerle ninguna gracia que su novio llegara una hora tarde. Por el carácter de ella, tampoco parecía hacerle demasiada gracia que llegara acompañado. Además, su primera reacción fue no creerse la de problemas que habíamos tenido con los trenes, incluso aunque la vuelta fue igual de jodida y pudo comprobarlo por sí misma.

No sé lo que tardamos en volver al centro pero se me hizo eterno, en gran parte por la actitud poco colaboradora de la chiquilla, que se empeñaba en no hablarnos y poner cara de pez cabreado. Con lo fácil que hubiera sido decirle "coge tal tren, que te esperamos en nosequé estación". No veía el momento de separarme de la pareja para irme a casa y cuando ya estaba a punto de conseguirlo (un transbordo y dos paradas más y sería libre), nos equivocamos de tren. No, por favor, 20 minutos más de espera en una estación solitaria es lo último que quería.

Ignoro lo que ocurrió cuando me fui pitando a coger el metro pero agradecí inmensamente poder salir de esa situación tan poco agradable.

lunes, 28 de noviembre de 2011

The Event (vol. V)

Entramos en el Ayuntamiento, subimos la escalera y buscamos un lugar donde posicionarnos en la sala donde se celebraba la ceremonia. Como ya ha indicado Hell's Tea, no hubo ningún incidente que contar y creo que no hace falta explicarle a nadie qué es una ceremonia civil. Eso sí, a la salida me dieron un pompero muy salao al que le saqué bastante partido a lo largo del día, sobre todo mientras los novios se hacían fotos y saludaban, cual familia real, en el balcón del Ayuntamiento, bajo la atenta mirada de turistas y gente que necesitaba urgentemente dormir la mona, y mientras los demás esperábamos a que bajaran para tirarles arroz, pétalos y pompitas.

Después fuimos al cóctel, donde tampoco ocurrió nada reseñable, hasta que nos indicaron que fuéramos pasando al comedor. Fuimos los primeros en llegar a la mesa, así que pude elegir asiento: de frente a la mesa presidencial, así no me pierdo la boda. Después empezaron a llegar amigas de Hell's Tea a las que conozco por las redes sociales y por historias que me ha contado ella. Está bien, así puedo ponerle cara a la gente.

Amiga 1 - ¿Eres Laura?
Laura - Sí.
Amiga 1 - Hay una chica rubia que pregunta por ti.

Esta conversación se repitió un par de veces más, con lo cual pasé el banquete con la intriga de quién sería la chica rubia y por qué me buscaba por toda la boda.

La gente de mi mesa me cayó genial. Hell's Tea ya me había amenazado antes con ponerme en alguna mesa chunga, como "la mesa coñazo", pero yo sé que en realidad no me desea el mal, por eso me puso con sus amigas. Mientras esperábamos a que nos trajeran la comida, fuimos practicando la flashmob. Si aplicamos la estadística y asumimos que en todas las mesas había el mismo porcentaje de preparación que en la nuestra, bastante bien salió.

La comida pasó rápido, casi sin enterarnos, nos trajeron las florecillas con alfiler de rigor y repartieron los regalitos. Para disgusto de Gamab, no hubo puros pero le regalaron una licorera (lo que viene siendo una petaca grande) con dos vasos de chupito. Las chicas no tuvimos tanta suerte y salimos de allí unas balletas ecológicas en una cestita pero nos engañaron diciendo que eran toallas pequeñas. Por lo menos me dejaron elegir color.

Después vino un momento algo confuso, en el que no sabíamos si había que salir a bailar o no ni por qué había tanta gente de pie. Hell's Tea se levantó con cara de "voy a hacer un speech" pero lo que siguió no fue un discurso precisamente...

Hell's Tea - Bueno, a ver. ¿Veis a esa chica de azul que está en esa mesa de ahí?
Oh, mierda, me ha señalado.
Hell's Tea - Pues es su cumpleaños.
Oh, mierda, mierda, mierda.
Gamab (por lo bajo) - Levántate.
Hell's Tea - Así que vamos a cantarle todos el cumpleaños feliz.
Gamab (por lo bajo) - Levántate.
Venga, vale, me levanto.
Todos - Cumpleeeeaaaaañoos feeeeliz... etcétera, etcétera, etcétera

De pronto, sin saber cómo ni por qué, me encontré a dos fotógrafos apuntándome despiadadamente con sus réflex.

Fotógrafo 1 - A ver, ponte.

Pues vale, vamos a posar en plan guay. ¿Quién sabe cuándo volveré a tener mi minuto de gloria?

Fotógrafo - Espera, ahora con los novios... vale, otra vez.

Qué pesadez, no quiero saber cómo habrá sido la sesión oficial de fotos post-ceremonia.

Después llegó el momento más ansiado de la noche: el baile. Una de mis compañeras de mesa salió al frente y empezó a tocar un vals con el violín, tras el cual empezó la canción elegida; ésta, concretamente. La verdad es que yo no me enteré muy bien de lo que pasó hasta que comenzó el momento del baile en grupo, pero estaba claro que las cosas no seguían su cauce normal: el novio y la violinista no parecían estar en el mismo plano temporal y la novia miraba a alguien con furia asesina. Por suerte todo pareció solucionarse e hicimos el numerito dignamente. Aún habrá que esperar para ver los resultados, porque no me consta que haya ningún vídeo del momentazo.

En general, la música del baile estuvo muy bien para lo que suelen ser las bodas, con algún temazo como éste, pero también con alguna jugarreta de los invitados como un popurrí con versiones lolailo de canciones tan "molonas" como Me va. Curiosamente, mi estómago decidió que me perdiera Stayin' Alive pero acabé encontrando a la chica que preguntaba por mí y bailando un pasodoble con ella. También salí de allí sin odiar a todos los niños del mundo, ahora odio a todos menos a dos: una niña que tenían unos amigos de un compañero de la EOI en mi último viaje a Berlín y un niño que estaba en la boda y que se sentía especialmente atraído por las pompitas de jabón.

Hell's Tea - A partir de ahora vas a ser "la tía Laura, la de las pompas".

Cuando se disolvió el baile quedamos en salir un rato por ahí. Me deshice el peinado y me lavé el pelo para quitar los miles de productos fijadores que tuve que utilizar, me cambié de vestido, de medias y de zapatos y salí a la fría noche de [insertar nombre de la ciudad]. Lo único curioso de aquel rato fue la sesión gratuita de orientación laboral que recibió Gamab por parte de una de nuestras compañeras de mesa y la repetición de la coreografía de la flashmob en un bar de copas bastante concurrido.

La fiesta duró poco para Gamab y para mí, en parte por el madrugón de ese mismo día y en parte por el viaje del día anterior para poder volver de El Cairo a Madrid, pero mereció la pena la palicilla.

Como ya he dicho, sólo me falta otra boda para terminar de amortizar el vestido azul. También sé que por aquí hay gente muy aficionada a comentar mis estilismos en ocasiones señaladas, como bodas y entregas de premios. Y qué mejor para poder hacer las dos cosas que otro evento. ¿Alguna voluntaria?

domingo, 13 de noviembre de 2011

The Event (vol. IV)

Por fin es el gran día. El día de The Event y el día de mi cumpleaños, así to'junto. Aunque soy la única persona de la casa que asistirá a la boda del año (insisto, no es la boda de la duquesa de Alba), nos ponemos en marcha toda la familia (mi padre, mi madre y yo, tampoco somos tanta gente) rumbo a otra comunidad autónoma. No es que mis padres vayan colarse en el baile (aunque sospecho que mi madre tiene intenciones), es que encontraron una oferta muy resultona de fin de semana turístico en un pueblo cercano al lugar donde se celebra The Event.

Mi padre se empeña en que me levante a horas intempestivas, aunque no sé muy bien para qué. A esas horas tardo poco en desayunar y apañarme y la media hora que hay que esperar a mi madre cada vez que se sale de casa la puedo aprovechar mejor durmiendo. Cuando por fin mi madre decide que está lista para salir al mundo, cojo la maleta que había preparado la noche anterior, mi vestido conservado en plástico y salimos de casa para recoger a Gamab.

Mi señor acompañante tarda todavía un rato en bajar (creo que estaba mirando corbatas en el Hola de la boda de Cayetana), que mis padres aprovechan para fumar. Cuando por fin bajan Gamab y su corbata, se ponen a fumar los tres. Lo dicho: yo aprovecho el tiempo mejor durmiendo. Además, hace mucho frío. Oh, mierda, sólo llevo un chal...

Después de un viaje no muy largo (es fuera de la Comunidad de Madrid pero no es tan lejos), una parada técnica para desayunar y encontrar el hotel, toca lo más tedioso: emperifollarse. Luego que nadie se sorprenda porque nunca me arreglo, es que me aburre soberanamente. Bueno, y si me tengo que poner remonísima todos los días me quito tiempo de dormir, y todos sabemos lo que se valoran por las mañanas cinco minutos extra.

Empiezo a invadir la habitación y el baño con mis trastos: el vestido largo colgado de la barra de la cortina, los zapatos fuera de las fundas, el rizador enchufado y todo un despliegue de productos fijadores, peines y cosas que manchan y huelen bien. Pues va a ser verdad eso de que las mujeres nos expandimos como los gases nobles. Mientras el rizador se quiere calentar, me voy maquillando, así gano tiempo.

De pronto aparece Gamab, ya casi vestido.

Gamab - No veas si tardas.

Claro majo, como tú sólo tienes que vestirte y peinarte, en diez minutos estás más que apañado.

Cuando por fin conseguí sujetarme el pelo (que no es fácil y necesité incluso ayuda), procedo a meterme dentro del vestido.

Laura - Mrppfsmsfmfppsfpppffff
Gamab - ¿Qué te pasa?
Laura (sacando la cabeza por donde debería haber salido un brazo) - Eeeeeeehhh... (me miro) que no sé muy bien cómo va (nota: es la segunda vez que me pongo ese vestido. Creo que con una boda más amortizo la inversión).

Salgo de dentro de la tela azul, repito la operación, me pongo el vestido como debería ir, ato el lazo con el que se cierra y me planto delante del espejo. ¿Monísima? No, parece que le he robado el vestido a alguien con más "personalidad".

Laura - Esto no debería quedar así.
Gamab - ¿Cómo?
Laura - Abierto.
Gamab - No te preocupes, lo arreglamos.
Laura - ¿Con qué?
Gamab - ¿Tienes alfileres?
Laura - Pues no. Espera, sí, en el bajo de los pantalones

Lo sé, debería decirle un día de estos a mi madre que me cosa el bajo en condiciones, pero ¿y si crezco?

Después de no pocas discusiones (hombres y mujeres tenemos distintas opiniones sobre cómo de revelador debe ser un escote adecuado, eso es así), consigo apañarme el vestido, me subo a los tacones y...

Gamab - Ups
Laura - ¿Qué pasa ahora?
Gamab - Me he dejado el cinturón en Madrid.
Laura - Anda, que ya te vale. ¿Te sirve el del vaquero?
Gamab - ¡No!
Laura - ¿Qué? Si con la chaqueta no se te va a ver. ¿Te puedes apañar sin él?
Gamab - Sí.

A las 13.55 salimos del hotel. La boda es a las 14.00 pero el Ayuntamiento está muy cerca, no hay problema. Llamamos al ascensor. Viene el ascensor. Nos subimos al ascensor.

Laura - Hum
Gamab - ¿Qué pasa?
Laura - Nada, que los pantis son muy finos y se me resbalan los pies dentro de los zapatos.
Gamab - ¿Vas bien?
Laura - Bueno... se me clava un poco la abertura del zapato en los dedos pero yo creo que puedo aguantar.

Mentira, no puedo aguantar. Y Gamab tampoco puede pasar sin cinturón, pero tenemos el tiempo justo para llegar a la boda y salimos como estamos. Es decir, yo andando como Chiquito de la Calzada y él perdiendo los pantalones.

Ponemos rumbo al Ayuntamiento y, de pronto, aparece delante de nosotros, como caído del cielo (pausa dramática) un almacén textil. ¡Sí!

Gamab - Yo creo que voy a preguntar si tienen cinturones.
Laura - Y yo creo que voy a preguntar si tienen plantillas de silicona o algo que me pueda apañar.
Gamab - Creo que llegamos tarde.
Laura - Bueno... estas cosas van siempre con retraso.

Nos atienden las señoras dependientas, todas muy majas y eficientes, y enseguida estamos apañados para ir a The Event. Gamab ha podido encontrar un cinturón en condiciones a un precio más que competitivo y yo, unos pantis con silicona en la suela que me pongo lo más rápido que puedo en el probador de la tienda. Nos vamos de allí.

Gamab - ¡Gracias!
Laura (ya fuera de la tienda) - Eso no ha sido un "gracias por atendernos", ha sido un "gracias por existir", ¿verdad?
Gamab - Verdad.
Laura - ¿Qué hora es?
Gamab - Esto... llegamos tarde.
Laura - Hell's Tea nos mata.

Pero no, Hell's Tea no nos mató. Principalmente, porque no estaba allí y se acaba de enterar por este post de que llegué tarde a su boda. Llegamos a la puerta del Ayuntamiento, con cara de "aquí no ha pasado nada" y miramos a nuestro alrededor, a ver si soy capaz de identificar a alguien. Teniendo en cuenta que conocemos a muy poquita gente de la boda, nos cuesta un rato, pero vemos al novio intentando atender a toda la gente que le reclama. Vale, es la boda que nos corresponde, hemos llegado bien.

Hablamos un poco con el novio, nos cuenta que en el Ayuntamiento van con retraso y aún están con la boda anterior (lo que yo decía: estas cosas siempre van con retraso) y dejamos que siga haciendo de relaciones públicas.

Ya viene la novia, que también ha tenido una mañana entretenida, y nos hacen señas para que entremos.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Interneeeeeeeeet

¿Qué es lo peor que le puede pasar a un medio digital? Quedarse sin Internet. En mi trabajo anterior ya nos quedamos un par de veces sin Internet (y sin luz, y se nos inundó la redacción...) pero como era escrito tampoco nos hizo demasiado estropicio.

Ayer nos quedamos sin Internet en el trabajo durante buena parte de la tarde. Menos mal que ocurrió durante la reunión de seniors y hubo tiempo suficiente para que alguien pariera una solución. Al final, conectamos con los móviles de empresa (esos que aún no nos han dado a los junior), que tienen 3G. El problema es que el 3G es caprichoso y la conexión se iba y venía cuando quería, pero aguantaron lo suficiente para actualizar portada y acabar la edición.

Intenté quedarme con el aiFon que me prestaron un par de veces pero no coló.

Intento 1
Laura - Luego nos quedamos cada uno el que nos corresponde ¿no?
Informático - Jejejejeje. No.

Intento 2
Me pongo a enredar con el teléfono, para ver un poco cómo es. Entonces...
Informático - No le cojas cariño, que lo tienes que devolver.
Laura - ¡Jou!

El caso es que yo estoy muy contenta con mi móvil nuevo (y más con haberme quitado de encima a mi compañía, que ya me tenían muy harta), pero ya va siendo hora de recibir el móvil de empresa, que hace más de un mes que vinieron mesa por mesa preguntando qué terminal queríamos.

sábado, 5 de noviembre de 2011

The Event (vol. III)

Y llegó el día previo a The Event. Y llegó con sobresaltos desde primera hora de la mañana. Antes de irme a trabajar, no se me ocurrió nada mejor que echarle un vistacillo al correo electrónico. Por idiota, me encontré un mail con el asunto "aeropuerto cerrado". Venga, ya te puedes ir a trabajar tranquila, bonita.

El mail sólo decía "Pues eso, de momento no hay vuelo. De hecho estoy fuera, ya que hay tanta gente en la terminal que ni he podido entrar". Con eso ya me bastaba para imaginarme pasando el día de mi cumpleaños sola en Salamanca y sin boda que celebrar. Supongo que Hell's Tea ya tendría suficiente con lo suyo, pero aún así le fui mandando las actualizaciones que salían a lo largo de la mañana. Me gusta informar a la gente.

Como soy una chica muy 2.0, también fui subiendo las actualizaciones a Facebook, no sea que me tocara buscar en el último momento a alguien dispuesto a pasar un fin de semana en Salamanca. Con boda o sin ella, cancelar el viaje no entraba en mis planes, aunque sea se hace turismo de interior. Y, como soy previsora, puse el anuncio el día anterior por la noche, cuando me enteré de que el maldito aeropuerto estaba en huelga.

El caso es que el anuncio 2.0 tuvo un gran seguimiento, que fue más o menos así (paciencia, queridos lectores, que la historia es larga):

Laura - Huelga en el aeropuerto de El Cairo. No sé si maldecir en arameo o buscar un acompañante de repuesto para The Event. (6 de octubre, 9:50pm)
Patricia - pon un anuncio de contactos... (6 de octubre, 11:10pm)

Amigo de Gamab
- La típica excusa de la huelga en el aeropuerto de El Cairo. Siempre funciona, yo la uso en casi todas las bodas. (6 de octubre, 11:34pm) 2 “me gusta”

Ruth - Me comentan por aquí que el vuelo que tenía que haber salido esta mañana de aquí hacia Madrid ha debido salir a las 9 de la noche. Y que saldrá de Madrid para acá (que tenía que haber salido a las 4 de la tarde) sobre las 2 de la mañana... Y según como se cumpla esto pues tu maridito llegará antes o después... O no llegará, quien sabe jajajjaa. A ver qué me encuentro yo el sábado......... (7 de octubre, 12:12am)

Laura
- Pues prepárate para lo peor: me acabo de encontrar un mail con el asunto "aeropuerto cerrado" :S (7 de octubre, 7:48am)

Compañera EOI - ya verás como al final llega... Aunque sea a nado :P (8:39am)

Laura
- Pues han cerrado los controles y los mostradores de facturación y están por allí los antidisturbios para que la gente no se pegue con los de las compañías aéreas. (10:20am)

Compañera EOI
- joder como está el tema.... Bueno a ver si hay suerte!!! Que me veo que vas sin acompañante a The Event :( (10:21am)

Laura
- Como se confirme el bloqueo en Egipto, tardo ná en poner un anuncio ofreciendo media habitación de hotel a quien quiera hacer turismo por Salamanca y luego salir a celebrar mi cumpleaños. (10:22am) 1 “me gusta”

Laura
- Al final, El Cairo-Milán-Madrid. (11:47am)

Compañera EOI
- Joder!!! Bueno por lo menos le da tiempo a llegar para mañana :P (11:55am)

Laura
- Espero, porque dice que si llega muy tarde, que me den y me voy yo sola al bodorrio. (12:00pm)

Compañera EOI
- Pero bueno!!!! O sea está montando , la que monta y ahora salta con esas?? Voy a tener que llamarle al orden XD. Tendrá valor dejarte sola no ya por la boda sino en tu cumple!!! (12:01)

Amiga de Gamab
- Madre Mia!!!!!! bueno.. al final viene... :) (12:03pm)

Laura
- Arreglado: llega a Madrid a las 19.20, después de una escala en Milán (donde las gomas de borrar). Ahora a ver si los novios y la madrina no están indispuestos, que ayer estaban malitos. (12:07pm)

Compañera EOI
- joder!!! Estos al final no se casan..Con tantos incidentes, estás segura que va a haber boda??? XD (12:07)

Laura
- Tranquilidad, he hecho una llamadita y están (más o menos) sanos. (12:32pm)

Laura
- Venga, que ahora hay retraso en el vuelo a Milán. Lo dicho: ¿alguien se viene a Salamanca este finde? (1:22pm)

Compañera EOI
- jajajajaa!!! Tranquila que llegará a la hora de cenar en vez de a media tarde :P (1:23pm)

Laura
- Otro cambio: ahora embarcan. (1:27pm)

Compañera EOI
- Me vas a volver loca!!! Entonces a que hora llega ya desde Milan??? (1:27pm)

Laura
-Y yo que sé, si ya no sé ni dónde está ni dónde va ni nada. (1:29pm) 1 “me gusta”

Compañera EOI
- Después de esto... yo le pedía por lo menos q te hiciera un buen regalo de cumpleaños XD (1:30pm)

Laura
- Eso ya se lo pedí ayer, que todo el verano fuera no se merece menos ;P (1:31pm) 1 “me gusta”

Laura
- Última hora: hay posibilidades de perder el enlace en Milán por retraso en El Cairo. Repito: ¿de verdad nadie quiere venir a Salamanca? No habría que tragarse la boda pero después se sale de fiesta. (2:17pm)

Laura
- No sé si a estas horas queda alguien siguiendo la historia, pero hace media hora que el vuelo a Milán ha salido de El Cairo. (3:41pm)

Ruth
- pero.... no entiendo.. El vuelo a Cairo-Madrid ha salido esta mañana a las 11:30.... Casi dos horas de retraso pero ha salido. ¿Por qué le mandan a Milán a coger otro avión? (3:52pm)

La Vaga
(ahora en Halifax, Canadá) - sólo de leerte, yo ya estoy estresada. Pero ya verás como todo sale bien, tienes acompañante para el bodorrio (quien se casa?), regalo de cumpleaños y unos días perfectos :-). Y sino, me llamas y en "un momento" me planto yo allí (3:55pm)

Laura
- ‎Ruth: El vuelo El Cairo-Madrid de esta mañana por lo visto sólo llevaba grupos y gente que se quedó tirada ayer. Al resto los han desviado por Milán (también había posibilidad de desviarlos por Barcelona). Ahora hay que cruzar los dedos para que llegue a coger la conexión en Milán. La Vaga: pues lo mismo tardabas menos tú desde Canadá que Gamab desde Egipto. (3:59pm)

Laura
- Fin de la historia: Gamab ha llegado a tiempo para coger el vuelo de Milán a Madrid. Bueno, más bien han retrasado un poco la salida del vuelo para que los veinte pasajeros que llegaban de El Cairo pudieran cogerlo. (7:51pm)

Gamab
- A las 11:20 que he llegado a Barajas. (12:30am)

Gamab
- ‎Ruth: el problema en el aeropuerto, es que cuando iban a abrir facturación para Madrid, se han liado a leches los del vuelo de Túnez. Los empleados del aeropuerto se han pirado. Cuando han vuelto, han dicho que el vuelo a Madrid, peine, solo para grupos y los que quedaban por colocar de ayer. (12:31am)

domingo, 30 de octubre de 2011

Grandes titulares

Esto de tenerle cogida la hora a la actualidad sirve para muchas cosas. Por ejemplo, para saber a partir de qué hora te puedes entretener leyendo blogs y otros medios sin riesgo de perderte nada. El viernes, cuando empezaron con las noticias de sucesos gente arrestada por la Policía por motivos de lo más variopintos (como una señora que apuñaló a su marido y luego fue a denunciarle o uno que fue atropellado por su propio coche), decidí que era momento de practicar idiomas y me metí en la prensa internacional.

Entré en un diario alemán y encontré una noticia que me llamó la atención y que tenía tres cosas que gustan mucho donde estoy: economía, Alemania y alguien metiendo la pata. De entrada, tuve la misma reacción que cuando vivía en Berlín y escuché por la radio, mientras me cepillaba los dientes, que Michael Jackson había muerto: no sé si ha pasado de verdad o es que lo he entendido mal. Para algo está Google Translator, así que confirmé que me había enterado bien buscando las palabras dudosas, se lo propuse al superior más cercano y me puse a teclear. Eso sí, saltándome todas las referencias a términos puramente económicos, que no es plan de intentar entender en alemán lo que no entenderé nunca en español.

Y el problema fue precisamente ese: que hay cosas que no entiendo en español y podían quedar un poco "raras" en la noticia y no había nadie que pudiera comprobar el texto original, así que mi jefe me pidió que retirara discretamente la noticia. Esa discreción supuso borrarla de las cuentas en redes sociales del medio para el que trabajo y de las mías propias. ¿Enlace? ¿Qué enlace? Aquí no ha pasado nada. Es una pena, porque me sentía inspirada y me había quedado muy simpático.

Pero era demasiado tarde, porque la noticia ya estaba en una famosa página que recopila cosas que se publica por Internet. Y no se podía retirar el enlace. El caso es que parece que la historia, a pesar de todo, ha tenido éxito entre los usuarios. Resultado final: una noticia que está sin publicar tiene (en el momento de escribir este post) alrededor de 400 votos y más de 2.000 visitas y se ha colado en las portadas de otros medios digitales. Claro, que los compañeros que estaban de guardia, al ver que el tema entraba en la competencia y en las agencias de noticias, decidieron hacer un copy-paste del teletipo, que había que llevar el tema.

Verás la cara de todo el mundo cuando miren las estadísticas de estos días y vean que la página que más visitas tiene es una noticia no publicada.

martes, 25 de octubre de 2011

The Event (vol. II)

A dos días de The Event, estaba tan traquila trabajando, cuando se me acercó un jefecillo nuevo que llevaba allí un par de días. Bueno, se tuvo que acercar poco, porque se sienta a mi lado. El caso es que dejó caer que a lo mejor había que ir a trabajar el domingo. Inmediatamente, reaccioné y le dije que ni hablar, que llevaba avisando desde el primer día de que ese fin de semana exacto tenía una boda fuera de Madrid. Puso cara de "anda que me han avisado" y se fue.

Le mandé un mail a Hell's Tea, principal interesada en que alguien acudiera a The Event (supongo). Me extrañó un poco la falta de respuesta pero no le di mayor importancia. Unas cuantas horas más tarde, Gamab me dio una "maravillosa" noticia: huelga en el aeropuerto de El Cairo. No salía ningún vuelo y no se sabía si doce horas después, cuando él tenía que coger su vuelo, se habría arreglado la situación. Venga, que se pone la cosa divertida.

Se lo volví a comunicar a Hell's Tea y esta vez sí que hubo respuesta: Hell's Tea, su marío (ahora ya marido) y la madrina estaban con gastroenteritis. Claro, yo no sabía qué les había pasado el día anterior ni ese mismo día pero la ausencia de respuesta al primer correo empezó a cobrar sentido.

En ese momento se abrió una pequeña grieta delante de mí, que al día siguiente se convertiría en un abismo con un fondo muy feo. Pero eso ya forma parte del siguiente episodio.

martes, 18 de octubre de 2011

The Event

Si Hell's Tea nos cuenta lo divertido que fue enmarronarse, yo voy a contar la historia paralela, porque un evento como The Event podría tener casi tantas historias paralelas como invitados y no por ello menos divertidas que la historia principal. Yo sólo conozco mi parte, que es la que voy a relatar, y ya veremos qué hacemos con las otras noventa. El problema es que el principio está muy pegado a la versión de Hell's Tea, así que haré todo lo posible para que las historias no se pisen más de lo necesario, que ya se desvincularán en próximas entregas.

Unos días antes del evento del año (que no fue la boda de la Duquesa de Alba, por mucho que dieran la noticia hasta en la BBC), recibo un correo de Hell's Tea: Familiar Malvado ha muerto. Como todas las familias tienen su familiar malvado (creo que hay algún tipo de ley secreta que lo obliga), recordé irremediablemente cuando falleció el familiar malvado que me tocaba a mí más cercano. Sinceramente, ante la muerte de un familiar malvado uno no se alegra pero tampoco se entristece como con cualquier otro familiar, así que no supe muy bien cómo reaccionar ante la noticia ni qué decir cuando Hell's Tea me llamó por teléfono. Bueno, realmente hubo la misma reacción que si me hubieran contado otra cosa, no nos vamos a engañar, y admití lo que creo que las dos estábamos pensando: todo este asunto recordaba a mi familiar malvado y sus ganas de dar la nota hasta el último día.

No os pongáis ahora moralistas, que todos tenemos o hemos tenido algún familiar malvado con el que era mejor tratarse lo justo y nos traía por el camino de la amargura cada vez que abría la boca. Sin ir más lejos, de una de las tías de mi madre se rumorea que por las noches sobrevuela el pueblo con su escoba en busca de niños pequeños de los que alimentarse. Eso son sólo rumores, pero la realidad es mucho mejor: cuando se fue de su pueblo al de mi madre para casarse, salió todo el mundo a despedirla y lloraban de la alegría (palabra). Mi padre va más allá y dice que movieron la fiesta patronal al día en que la buena señora se marchó del pueblo. Tampoco me extrañaría, que en esa comarca son muy brutos.

Volviendo al evento, aunque se pudiera ahorrar alguna complicación con la situación nueva, había que reconocer un inconveniente muy grande: traslados a otra comunidad autónoma a pocos días de la celebración. A mí lo que me interesaba (igual que a todos, por otra parte) era que The Event se mantuviera. A ver si después de darle la brasa a Hell's Tea para que se case y a Gamab para que vuelva de El Cairo se va a torcer la historia. Sobre todo por Gamab, que ya no sé las veces que me pudo decir desde aquel día "más les vale casarse, que como me hayáis hecho volver de El Cairo para nada te enteras".

Sí, pues verás lo divertido que se va a poner a partir de ahora.

martes, 11 de octubre de 2011

Jerarquía

Las redacciones son lugares donde la jerarquía nunca está demasiado clara. Hace tres años, trabajaba en un medio muy grande donde había tanto jefe que ya me perdía y no sabía si tenía alguna relación con ellos. Estaban los jefes de sección, los jefes de departamento (lo que sería "el jefe de mi jefe"), el jefe de redacción (que asumo que era el jefe de todos), una ristra de subdirectores (no sé para qué tantos, si sólo curraba uno) y luego un director. Supongo que por el camino habría más gente, como pequeños jefes en las secciones que estuvieran muy segmentadas. Además, yo dependía de un señor que estaba en otra publicación del mismo grupo, que era algo así como el jefe de becarios.

En el sitio donde estoy ahora la cosa es diferente y se podría ordenar de la siguiente manera:

Director
Subdirector (1)
Senior guays (con blog) (4)
Senior (4)
Junior que hace de senior (1)
Junior con sección asignada (2)
Junior sin sección pero que deben mirar ciertos temas (2)
Junior sin sección ni temas (2)

Al que gestiona la web no sabría muy bien dónde colocarlo, porque se supone que es senior (al menos, a veces da órdenes como si lo fuera) pero no le invitan a las reuniones de contenidos de primera hora de la tarde. Lo que sí sé es dónde voy yo: en el último grupo. Ya he hecho un intento de tema propio y otro intento para que me den sección, así que lo mismo dentro de poco puedo escalar un poquito en la jerarquía de la redacción y dejar de ser pringada.

martes, 4 de octubre de 2011

Parque de pollos

El aburrimiento en una redacción llena de gente que no tiene nada que hacer ha creado en nosotros extrañas costumbres. Por ejemplo, mirar cada día la programación de la tele en el periódico que haya a mano. Ayer, los aficionados a las películas malas estaban de suerte: 'Últimatum a la Tierra' y 'Guardianes del día', así todo seguido, en La Sexta. Como dijo un compañero, "esto está hecho para que 'Águila Roja' tenga siete millones de espectadores".

Cuando ves programado tanto tiempo seguido de cine malo, sólo se te ocurre una pregunta (al menos a mí):

Laura - ¿Cuál es la peor película que habéis visto?
Compañera 1 - 'Pitch Black'
Laura - Yo creo que 'Jeepers Creepers'
Compañero 2 - Yo vi 'Jeepers Creepers'... 2
Laura - ¿Por qué?
Compañero 2 - Pues porque no vi la 1 (eso lo explica todo)
Compañero 3 - Yo una vez vi una que se llamaba -pausa dramática- 'Pollo Jurásico'
Todos - ¿¿¿¿¿Queeeeeeeeee?????
Compañero 3 (visiblemente nervioso) - Sí... bueno... era una peli así muy mala... no tenía casi argumento... de unos pollos gigantes creados genéticamente... y algo subidita de tono... muy mala... nos salimos del cine... bueno, nos sacó el padre de mi amigo... en realidad mi amigo quería quedarse...
Compañero 2 (tecleando algo en el ordenador) - Pero... ¡esto es una porno!
Compañero 3 - No hombre, no. Cómo va a ser una porno.

Os animo a buscar la ficha de 'Pollo Jurásico' y juzgar vosotros mismos a qué género pertenece. Además, en inglés no es 'Jurasic Chicken', sino 'Chicken Park', con lo cual creo que es una de las pocas películas que han ganado algo con la traducción libre (junto a 'Braindead', a.k.a. 'Tu madre se ha comido a mi perro').

lunes, 3 de octubre de 2011

Dos semanas después

Seguro que estabais todos ansiosos por conocer mi nueva aventura laboral. Y seguro que en este tiempo de ausencia os ha dado por pensar que no escribo porque no he tenido nada de tiempo y porque el trabajo nuevo me tiene todo el día escribiendo cosas superinteresantes... nada más lejos de la realidad. Para que os hagáis una idea, el viernes nos pusieron los teléfonos fijos (y estamos a la espera de que nos traigan los móviles), no tenemos correo electrónico, el gestor de contenidos tiene más trampas que una película de chinos y hasta la semana que viene (como mínimo) no saldremos al mundo.

Eso sí, he aprendido a tomarme la vida con más calma. No me agobio por las averías en Atocha (que están pasando peligrosamente de ocasionales a habituales), me da tiempo a ir al gimnasio por las tardes, como sin prisas, salgo a tomar café/té/colacao después de la charla de sobremesa con los compañeros... Tampoco me voy a quejar demasiado de estar libre de tareas, que ya habrá tiempo para estresarse. Además, estoy informadísima (me da tiempo a leer cuatro periódicos digitales y el periódico en papel que traigan a la redacción) y tengo todas mis redes sociales actualizadas.

Por si fuera poco, mi madre me ha regalado una plantita, para irla cuidando, que así me entretengo. Bueno, en realidad me la regaló porque estaban de oferta y costaban un euro (y otro euro el macetero, que no da buena imagen tener la mesa llena de abono para plantas). Para llenar algunos minutos de esta larga semana, la he buscado en Internet y he encontrado dos cosas interesantes: los únicos cuidados que requiere son regarla dos veces a la semana en verano y dos veces al mes en invierno (¿y en otoño?) y es una palmera de salón, que puede alcanzar dos metros de alto. Por el momento no pasa de 30 centímetros, veremos cómo evoluciona. Eso sí, es una planta dura, porque ha sobrevivido al trayecto en metrosur, cercanías, metro y autobús. Con avería en Atocha incluida, por supuesto.

Con la plantita aumenta la sensación de que aquí trabaja gente, aunque sea mentira. Porque no tenemos trabajo, tenemos un puesto, que no es lo mismo. El más joven de mis compañeros (dos años menor que yo) tiene la teoría de que nos han contratado como atrezzo, por eso no les importa pagarnos aunque no podamos publicar. Al principio esta teoría me ahcía gracia, pero está empezando a tomar consistencia. Claro, habrá que dar buena imagen a los del banco, a las visitas, a la gente que viene a hacer entrevistas y a los que vienen a instalar cosas, que aquí trabaja gente conocida y no queda bien decir que les has visto rascándose la barriga a dos manos en una oficina vacía (y sin plantas).

Sea como sea, esperemos que esto arranque pronto, porque aunque me esté tomando la vida con calma pierdo casi un día entero a la semana en el transporte público (me ha dado tiempo a calcularlo) y tampoco han sido muy espléndidos con los contratos (también me ha dado tiempo a buscar el convenio de periodismo en Internet y mirar a qué corresponde la categoría profesional nos han puesto).

sábado, 17 de septiembre de 2011

Frase de la semana

Primero la frase. Y que nadie se sienta ofendido ni piense que va con segundas, porque no es así (y en la explicación lo veréis):
"Claro, como es ultracatólico, luego va a confesarse, le perdonan y se puede ir tranquilo. Y los que nos regimos por una moral pública, ¿qué hacemos? No nos queda más remedio que cargar con la culpabilidad."
Elijo esta frase como presentación de personaje. Concretamente, de uno de mis nuevos jefes. Porque otra cosa no, pero los medios de comunicación tienen jefes para aburrir. Será el director de mi nuevo medio, aún no nato, pero con una plantilla que ha hecho más kilómetros (periodísticamente hablando) que la maleta del fugitivo. Si esta es una de las primeras cosas que le he escuchado (y sólo llevo la reunión de presentación y la firma de contrato), se deduce que en el futuro la producción fraseológica será grande.

Pues eso, que ya no soy parada, así que me tocará inventarme otra cabecera con el potochó.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Los calcetines perdidos

¿Adónde van a parar los calcetines perdidos? A cualquier lavadora. Vale que no es una respuesta muy elaborada pero tiene detrás una explicación. Si dicha explicación es lógica o no, que lo decida cada uno, pero está basada en hechos reales.

Como ya dejé caer por ahí, he pasado unas dos semanas en Berlín (que terminan hoy), haciendo un curso intensivo de alemán. Por razones varias, poco después de la mitad de mi estancia tuve que cambiarme de casa, ocupando la habitación de un amigo de Gamab (alias buscabalas), que está de exámenes en Madrid. Como no me gusta dejar todo hecho un asco, hoy, que es mi último día, he puesto la lavadora nada más levantarme. Qué mínimo que dejar las sábanas limpias y, ya de paso, termino de llenar la lavadora con mi ropa sucia. Algo menos que tengo que hacer cuando vuelva.

Supongo que el lavado se desarrolló con normalidad, aunque es difícil saber a ciencia cierta qué ocurre en el interior de una lavadora de carga superior. Lo extraño vino después, cuando saqué toda la ropa para tenderla. Entones, y sólo entonces, hicieron acto de presencia dos calcetines que tenían las siguentes características:
  1. No eran míos. Ni por color, ni por modelo, ni porque me sonara haberlos visto en algún momento de mi vida.
  2. No eran pareja. Lo mismo se cansaron de sus respectivos y se fugaron juntos, vete tú a saber.
  3. No estaban en la lavadora cuando metí mis cosas dentro.
Mientras tendía, y como me aburría bastante, comencé a elaborar una teoría sobre la procedencia de los dos calcetines. Lo más probable es que pertenezcan a alguno de los dos habitantes de este piso y se quedaran enganchados en alguna parte no visible de la lavadora. Pero es más divertido inventarse una explicación paralela.

En lo que colgaba bragas y camisetas del tendedero, llegué a la conclusión de que todas las lavadoras del mundo están interconectadas, como portales de acceso al multiverso o los mostradores de facturación de los aeropuertos. En teoría, tus calcetines deberían salir en el lugar del mundo en el que te encuentres tú, igual que tus maletas. A veces, el sistema falla y tus calcetines acaban en una lavadora de Berlín, igual que tus maletas pueden aparecer en Río de Janeiro en vez de regresar contigo a Madrid. Y del mismo modo que habrá una maleta solitaria dando vueltas en la cinta del aeropuerto de Río, alguien encontrará tus calcetines perdidos, preguntándose de quién serán.

Es decir, según esta teoría, en algún lugar del mundo habrá ahora mismo alguien sin maleta en el aeropuerto y una persona con dos calcetines desparejados rebuscando en la lavadora.

martes, 30 de agosto de 2011

Alemán para extranjeros

Hay gente que dedica sus vacaciones a estar tirado en la playa, a patearse una ciudad de cabo a rabo en una semana o a visitar a la familia. Yo soy rara y estoy haciendo un curso intensivo de alemán. Eso sí, al menos estoy en Berlín, así que cuenta como viaje.

Hoy ha sido mi primer día en serio de curso intensivo, aunque oficialmente empecé ayer. Lo de ayer no sabría como calificarlo, porque fue la primera toma de contacto con la academia (ubicada en un edificio de 1907 en el que nos han prohibido beber cerveza, porque al lado hay un centro de desintoxicación), rellenar papeles, explicaciones varias sobre el funcionamiento del centro y las pruebas de nivel. Esta última parte se dividía a su vez en dos: oral y escrita. La escrita no hace falta que la explique, la oral fue como una clase normal de conversación pero con tres profesores pensando en qué nivel poner a cada uno.

Después de las típicas presentaciones, nos pusieron por parejas, nos dieron unas preguntitas sobre cosas que podríamos (o no) haber hecho durante el fin de semana y hale, a largar en alemán. De toda la gente que había allí me podría haber tocado con cualquiera. Había un montón de gente maja y habladora, como un italiano que se pasó el descanso interrogando a todo el mundo o la doble griega de Hell's Tea, pero me cayó en suerte la más rancia de toda la academia (y posiblemente de toda la ciudad). Tampoco es que yo sea un ejemplo de simpatía a seguir pero hablo con la gente y hasta les digo frases completas. Y no era problema con el idioma, es que la pobre es así. Claro, con respuestas monosílabas no hubo manera de arrancar una conversación y me quedé sin cuestionario a una velocidad pasmosa.

Después vino la prueba escrita, en la que descubrí que da igual quién haya redactado las preguntas de un examen, porque en la de rellenar huecos siempre me quedan dos o tres palabras que no quedan bien en ningún sitio. Por lo menos el test que me dieron era de mi nivel, porque todo lo que preguntaban lo conocía (otra cosa es que me lo supiera).

Esta mañana, ha llegado el momento de buscarse en las listas para saber en qué grupo te toca. ¿Recordáis cuando erais pequeños y vuestros padres os tenían que recoger en el cole? Pues me he sentido como el último niño cuando he empezado a buscar mi nombre hoja por hoja y no aparecía. Como era de esperar, estaba en la última, lo que no sé si significa que me han puesto en "nivel pro" o que ordenan los grupos por orden alfabético, porque cada uno tiene el nombre de una zona de Berlín y el mío se llama Wedding. Antes de irme, tendré que preguntar a qué nivel equivale Wedding, porque eso no puedo ponerlo en el CV.

Sobre la clase de hoy, tampoco hay mucho que contar. Bueno, que hay gente demasiado motivada en esa clase (y también algunos que pasan de todo, para compensar) y que la profe no ha encontrado otro tema para hoy que un reportaje de quince minutos sobre el dialecto berlinés. Eso quiere decir que gran parte de la clase ha consistido en intentar descifrar los ejemplos de dialecto que tenía el reportaje. Me tendría que haber ido con la doble de Hell's Tea, que ellos han dado la pasiva.

martes, 23 de agosto de 2011

La maleta

A todos nos gusta tener razón. Lo que pasa es que, a veces, no nos viene bien. Por ejemplo, a mí ahora no me viene nada bien ¿por qué? Pues llevo unos cuatro años diciéndo en casa que necesitamos una maleta nueva de tamaño medio. Esto viene siendo una capacidad de unos 16-17kg de ropa, que es lo justo como para no pasarte en la facturación del aeropuerto y tener aún margen para traerte un par de cosillas de recuerdo a la vuelta. Siempre que esas cosillas no sean pedruscos, plomo o lingotes de oro, claro está.

Después de cuatro años, mi madre me ha dado la razón y ha reconocido que el armazón de la unica maleta de tamaño medio de esta casa efectivamente estaba roto. Desde una hostiaca que se llevó en el aeropuerto de Budapest en 2007 no hago más que sacar trocitos de plástico cada vez que desempaco pero parece ser que eso no fue suficiente. Desde entonces, la maleta ha pasado por otros cinco viajes largos más y una apertura forzada, cortesía del personal de seguridad del aeropuerto de San Francisco. Ni que decir tiene que en esos cinco viajes seguí sacando trocitos de plástico roto.

El último viaje de la maleta fue al contenedor de basura pero no sabría decir con precisión cuándo, porque acabo de enterarme. Mira tú por dónde, al final tenía yo razón y la maleta estaba para tirar. Lo que pasa es que ahora no me viene bien tener razón, porque el sábado me voy de viaje, lo que significa que tengo hasta el viernes (día límite para hacer el equipaje) para encontrar una nueva. Vale, pues miremos lo que hay por casa.

Una característica fundamental de mi madre es que le gustan las cosas que ocupan poco, porque así las puede esconder fácilmente para dar el efecto que ella llama "ordenado" (es decir, se ve todo muy despejado, pero pobre de ti como abras un solo cajón). Traducido al universo de las maletas, significa que las maletas medianas o grandes que había en casa han sido sustituidas progresivamente por maletas pequeñas. Me parece muy bien este ahorro de espacio en una casa de 80 metros cuadrados que compartimos tres personas adultas, un sofá grande con chaise longe y catorce plantas, pero yo me voy dos semanas y, como no me ponga a pegar maletas pequeñas con loctite, lo veo crudo. Vale que no soy muy de hacer equipajes como los de la Piquer, pero una maleta de mano no me da para dos semanas, que encima viajo a un clima más frío.

En vista de la situación, tengo estas opciones:
  1. Pedir prestada una maleta. Problema: ¿a quién? Podría pedirle una a Gamab, que tiene muchas y ahora no está en Egipto, pero en cualquiera de ellas cabe un jugador de la NFL (equipación completa incluida) y tengo que llevarla yo sola en transporte público desde el aeropuerto de destino hasta el lugar donde voy a dormir. Y con transbordos.
  2. Comprar una maleta nueva. Esta opción es la más razonable, porque así ya habría maleta sustituta en casa, que aquí esas cosas son de uso compartido. El problema de esta opción es que no tengo fuente de ingresos por un tiempo indefinido y creo que mi padre se está vengando. ¿Recordais cuando erais pequeños y se os antojaba algo en una tienda, le decíais a vuestros padres que ya lo pagabais en casa y eso nunca ocurría? Pues creo se está vengando de eso. Y a lo grande. De momento, ya me debe unos 400 euros en concepto de "luego te lo pago". Se estará cobrando los intereses, porque ya de pequeña mis antojos eran de la sección de papelería y creo que nunca he llegado a tener 400 euros en rotuladores.
Si no soy capaz de encontrar una maleta, siempre tengo la opción de hacer el equipaje en modo "Camino de Santiago" (cuatro de cada y una pastilla de jabón de lavar a mano) o ponerle ruedas a la caja del iMac, que tiene asa y un buen tamaño.

jueves, 18 de agosto de 2011

La juventud del Papa

Hoy he tenido que coger el metro. Como en agosto el transporte público ya va raro de por sí y además hay obras en Atocha, he decidido que lo mejor para llegar a la hora establecida y sin contratiempos era sacrificar unos minutos de mi tiempo (total, ahora me sobra) y hacer lo que yo llamo "metrotour", que no es otra cosa que tragarme la mitad del Metrosur, coger la línea 10 y ya desde ahí ir a la parte de Madrid deseada. Se tarda más que con el Cercanías pero, como ya he dicho, no pensaba arriesgarme. Y tampoco pagar más, dicho sea de paso.

Con lo que no contaba era con los jóvenes que estos días inundan Madrid y con los que he compartido toda la ida y, para mi sorpresa, también la vuelta. ¿Qué leches tienen que hacer en lugares como Alcorcón y Móstoles a la una del mediodía? Yo creía que esta gente tenía una agenda con actividades en algunos puntos concretos de Madrid y que todos irían más o menos en la misma dirección y sobre la misma hora. Pero no, están por todas partes y todo el tiempo. Eso sí, con todo lo que he visto, hasta he podido hacer una clasificación:
  1. Gente normal: en un grupo humano tan sumamente grande hay de todo, incluso gente normal. Si no fuera por las camisetas y los kit de peregrino, hubieran pasado por grupos normales de turistas. Estaban en el metro, en grupitos, hablando entre ellos y sin montar escándalo. Lástima que no haya más de estos.

  2. Pesaos: hablan a voces, se llaman a gritos de un lado a otro del vagón, de vez en cuando les da por arrancarse a cantar una estrofa, se empujan... En este grupo hay un subtipo: los que se pusieron la camiseta oficial el primer día y no se la han quitado. Por favor, que estamos en agosto. Creo que no son necesarias más aportaciones odoríficas al ecosistema del metro.

  3. Imbéciles: también se les puede llamar "cansinos" o, directamente, "hostiables". En su mayoría niñatas quinceañeras, son como los pesaos pero mucho peores. Estos directamente se hacen putadillas y se chillan entre ellos, gritan consignas y vivas, se hacen fotos con flash dejando ciego al personal, ondean banderas en un vagón abarrotado de viajeros y cantan a gritos cosas como el waka-waka (con su "porque esto es África" al final, con dos cojones) o canciones que no se saben, como "Guif mi friiiidon - guif mi faaaayar - taaara lalá - laaara lalá". También tienen la versión kumbayá del "Follow the leader", que es lo mismo pero con acompañamiento de guitarra. Han logrado que echara de menos a los canis del reggetón en el móvil.

  4. Repijos: decir que son pijos se queda corto. Aparte de chavales de países en vías de desarrollo que se pueden permitir viajar a España más de una semana (por eso, y por sus relojes y gafas de sol, se deduce que sus padres están podridísimos de pasta) y fresas mexicanos (que son algo así como una versión aún más edulcorada de Paulina Rubio), había mucho repijo local. Se los reconoce fácilmente por dos detalles: los modelitos y peinados que me llevan y su total desconocimiento del metro y sus normas no escritas. De esto último se deduce una cosa: posiblemente sea su primer contacto con el transporte público. Cosas tan básicas como hacia qué dirección coger el tren, dejar salir antes de entrar, cómo colocarse en una escalera mecánica o que los botones de las puertas no funcionan cuando tienen las lucecitas apagadas les delatan: no han cogido el metro en su vida. Bueno, lo mismo en algún viaje a Londres o New York, quién sabe. Cosas del destino, con todo Madrid cortado no les queda más remedio que mezclarse con el proletariado. Eso sí, que no se piensen que para los usuarios de a pie y el resto del año sale tan barato.

  5. The walking dead: al contrario que el resto de jóvenes peregrinos que me he encontrado, estos van de uno en uno. Y hablo de ellos en plural porque he visto varios, con lo que deduzco que habrá muchísimos más desperdigados por Madrid y que, posiblemente, se multiplicarán según vayan pasado los días y el cansancio y la juerga vayan haciendo estragos. La característica fundamental de estos es que parece que acaban de salir de una farra brutal en un after, aunque llevan la camiseta oficial de las JMJ y su credencial colgada del cuello. Además, se puede observar que caminan igual que yo al final de un día en el que he estrenado unos zapatos que me hacen rozadura. Sin duda alguna, todo un ejemplo de juventud sana.
Ya fuera de las tipologías, me ha llamado la atención un grupo de niñas francesas uniformadas, con su faldita por la rodilla, como de colegio de señoritas, y su boina a juego. Eran algo así como las francesitas estupendas de 'Harry Potter y el cáliz de fuego' pero muchísimo menos agraciadas. En el mismo vagón viajaba un grupo de chavales italianos del tipo 1 (gente normal). De vez en cuando, uno de ellos intentaba escaparse del grupo para arrimarse a unas chicas del extrarradio de Madrid del tipo 3 (hostiables), consiguiendo únicamente toda variedad de negativas por parte de sus compañeros. No debía de ser precisamente el más espabilado del grupo, porque era el único que llevaba prendido a la mochila un cartelillo, plastificado y en inglés, a lo Pekín Express, por si se perdía buscando su campamento base y necesitaba ayuda.

Y sólo van tres días de JMJ. Verás tú la fauna que quedará el último día.

viernes, 29 de julio de 2011

Vacaciones indefinidas

No hago más que ver por ahí a gente contenta y feliz porque se va ya de vacaciones. Yo no iba a ser menos, pero de otra manera, porque hoy, oficialmente, mi contrato queda rescindido. Ayer fue mi último día de trabajo por cierre de la empresa. Otra que se va al garete, yo no sé cómo con el ojo que tengo para estas cosas luego no soy capaz de acertar ni el reintegro de la Bonoloto. El medio para el que he trabajado este tiempo seguirá existiendo, pero en unas condiciones en las que no es humano seguir. Empezando por el sueldo, que es más bajo que el que tenía en mis tiempos de becaria, así que el medio se va a otra empresa pero yo no.

Ayer ya me dieron todos los papeles correspondientes y me tocó explicarles a mis jefes la decisión. El jefe del termostato roto y el subtexto no lo entendió y sólo le faltó echarme la bronca por rechazar la generosísima oferta que me estaban haciendo. Menos mal que él sólo escuchaba y con quien realmente iba a hablar era con el dueño de la empresa. De buena gana hubiera preguntado si él estaría dipuesto a cruzarse toda la Comunidad de Madrid en transporte público en las mismas condiciones, a ver qué cara ponía (sobre todo al pensar en hacer un viaje en transporte público). Por más que se lo explicaba, no parecía muy dispuesto a escuchar mis razones y al final fue el otro jefe el que le mandó callar y le explicó otra vez lo mismo que yo le había dicho (o intentado decir). Menos mal que había alguien razonable delante. El otro no se lo tomó mal: se distanció psicológicamente de la conversación y volvió a su cometido de sólo escuchar.

Luego procedí a recoger mis trastos y meterlos en una bolsa para llevarlos a casa. Bueno, en realidad no había mucha cosa que llevarse: un boli azul cutre que robé en algún sitio, una botella de cristal y un calendario hortera de conejitos con el teléfono de un restaurante chino. Viendo el contenido de la bolsa, da qué pensar. Concretamente, que soy cutre hasta para tener posesiones, porque lo normal es tener al menos una agenda y algo que alegre un poco el entorno de trabajo. No sé, algo como un cactus, una taza o un pongo. Eso sí, el cuaderno se quedó allí, que sólo le quedaban tres hojas. Dos ruedas de prensa más con mi manía de apuntarlo todo y no me hubiera durado el tiempo necesario.

El lunes iré a hacerme unos análisis de sangre (me van a vaciar con tanta extracción) y a la oficina de empleo. Con un poco de suerte, sacaré material para un post de burocracia o de hospitales, que dejar la oficina que se inunda y que se queda sin luz no significa quedarse sin temas literarios.

martes, 26 de julio de 2011

Enviado especial: si tú lo dices...

Acabo de colgarle el teléfono a mi enviado especial, que llamaba de urgencia con una noticia de última hora. Cachis, con lo a gusto que estaba yo, tirada en la cama y viendo un capítulo de 'A dos metros bajo tierra'. Pero tranquilos, no le van a evacuar del país ni ha pasado nada chungo (al menos hoy), es que cree que ha ligado.

Bueno, cree que ha ligado porque se lo han dicho los señores egipcios del metro, que él no lo tiene claro del todo. Y yo, mucho menos. Lo que sí tenemos claro los dos es que los señores del metro se han reído a su costa durante un buen rato (y lo que te rondaré, morena). Por lo visto todo ha empezado porque una secretaria de allí le ha dicho a alguien que quería hablar con él. Bueno, ahí empieza y ahí termina, porque eso es todo lo que ha ocurrido.

Después de tan ¿extraño? suceso y de que algún lugareño te explique que eso es normal, aunque no mucho (no olvidemos que ha sido ella quien ha preguntado, debe de ser una mujer muy atrevida) sólo hay una pregunta: ¿y luego qué se hace? ¿Dar el número de teléfono? Ni de coña. ¿Quedar a tomar un café? Nononono, eso es de pervertidos. Después, si acaso, vuelves un día al mismo sitio a tomarte un té con todos, repito TODOS, los que haya allí en ese momento. Si son cuatro como si son cuarenta.

Yo ya se lo he dicho a Gamab: ten cuidado con lo que haces, que cualquier día se te presenta un señor pidiéndote cabras o camellos como dote porque has saludado a su hija en una reunión de trabajo.

domingo, 24 de julio de 2011

Atención al cliente

Ayer hice una de esas cosas que tanto suelen crispar a la gente: llamar a atención al cliente de mi compañía telefónica. La historia es que mi padre ha descubierto el maravilloso mundo de Internet y no se quiere despegar de él, por eso no se lo pensó dos veces cuando le ofrecieron un módem USB de esos que van con una tarjeta SIM. En vista de cómo acabó la cosa, casi mejor que se lo hubiera pensado.

El caso es que, tras probar en un ordenador viejuno que tenemos en la casa del pueblo que el cacharro funcionaba adecuadamente, intentó instalarlo en mi retro-portátil: un iBook G4 (al menos le actualicé el sistema operativo). Ya no se hacen ordenadores como esos. Y precisamente ése fue el principal problema, que ya no se hacen ordenadores como esos.

Por si alguien no lo ha comprobado (lo más probable), en las cajas de los USB que da la compañía en cuestión, pone que es compatible con diversas versiones de Windows. Y ya. Mentira cochina, que si rebuscas en la web de la compañía puedes encontrar el software para Mac y Linux. Sin ponerme a pensar en compatibilidades y procesadores, me lo descargué y lo instalé. Claro, luego no funcionaba, pero eso me pasa por no pararme a pensar.

Rebuscando en foros y demás, encontré mucha gente gente con el mismo problema: mismo sistema operativo desfasado y mismo problema con la última versión. Solución: buscar una versión más vieja. Pues se la pedimos a la compañía, a ver qué me cuentan.

Tras pasar el ridículo trámite de hablar con una máquina para decirle lo que quiero, me pasan con una teleoperadora muy maja. Le cuento el problema.

Teleoperadora muy maja - Es que no vale para Mac, sólo damos soporte a Windows.
Laura - Ehhhhhh... no. Tengo la página web delante y en el área de descargas pone que hay también para Mac y Linux. Me he bajado el de Mac y no funciona, porque tengo un sistema operativo viejo. Me gustaría saber si puedo encontrar en algún sitio las versiones anteriores.
TMM - Un momento, que consulto con mi superior.

Musiquilla desesperante que canta nosequé de "happy" interrumpida a intervalos por una voz que dice "estamos deseando atenderle". Así durante más de 15 minutos.

TMM - Doña Laura (cómo me revienta que los teleoperadores me llamen de usted).
L - ¿Sí?
TMM - ¿Podría decirnos dónde ha encontrado el soporte para Mac?
L - Sí, en el área de descargas.
TMM - ¿Y cómo ha accedido?
L - A través del buscador interno de la página.

Después de guiar a la teleoperadora hasta la zona de descargas, me da las gracias, porque allí nadie sabía de la existencia de soporte para Internet móvil en Mac y Linux y dice que les viene bien por si tienen alguna consulta sobre un sistema operativo que no sea Windows.

Está bien eso de poder ayudar desinteresadamente al prójimo pero ¿qué pasa con mi consulta?

viernes, 8 de julio de 2011

Enviado especial: las pirámides

Aprovechando los ratos libres (poquitos, la verdad, que los horarios egipcios se las traen), el enviado especial ha hecho algo de turismo. De momento ha ido a las pirámides y aquí están las fotos:

jueves, 30 de junio de 2011

Cómo preparar un tupper con sandía

Ahora que es verano, hace calor y todas esas cosas propias de esta época, como que apetece fruta fresquita. Eso mismo he pensado esta mañana, por lo que he decidido que me iba a preparar un tupper (abreviatura de "tupperware" o "tapergüer") con sandía para llevármelo al trabajo.

Pero hay muchas maneras de hacerlo. He aquí dos, explicaditas paso por paso.

Modo normal
  1. Abre la nevera
  2. Saca la sandía
  3. Cierra la nevera
  4. Coge un tupper
  5. Coge un cuchillo
  6. Corta una rodaja de sandía
  7. Hazla trocitos y échalos en el tupper
  8. Cierra el tupper

Modo "hay gente torpe y luego estoy yo"
  1. Abre la nevera
  2. Saca la sandía
  3. Cierra la nevera
  4. Coge un tupper
  5. Coge un cuchillo
  6. Corta una rodaja de sandía
  7. Mírala bien
  8. Date cuenta de que es demasiado pequeña
  9. Corta una segunda rodaja de sandía
  10. Mira como un idiota cómo se rompe por la mitad y se estampa contra el suelo
  11. Haz trocitos la primera rodaja y lo queda de la segunda y recoge el cisco que ha montado la otra mitad de la segunda al caer al suelo
  12. Corta una tercera rodaja de sandía
  13. Hazla trocitos y échala en el tupper
  14. Cierra el tupper
  15. Date cuenta de que el tupper está roto
  16. Coge otro tupper
  17. Haz trasvase de un recipiente a otro
  18. Cierra el segundo tupper
  19. Limpia lo que se ha escapado por el agujero del primer tupper

lunes, 27 de junio de 2011

Resumen del vuelo y traslado al hotel

Y aquí está la primera aventura del enviado especial. Llega con un poco de retraso, porque el texto es del viernes (lo sé, culpa de la dueña del blog). Pero bueno, ya sabéis lo que dicen: más vale tarde que nunca.

Avión 17:20 horas

De entrada, he salido una hora y veinte tarde. Congestión aérea según el piloto, y la verdad es que había varios aviones haciendo cola para poder despegar. Pero mejor volver al principio. Menos mal que me ha dado por entrar antes, ya que me he metido una caminata muy curiosa para llegar a la puerta de embarque. La terminal en la que estábamos era la T1, pero el avión salía de la T1 satélite, así que unos 20 minutos a pata.

El avión yo creo que lo inauguró Ramsés, lo reformaron en la época de Mahoma y aquí sigue. Todo un 737 (es del tamaño de los que hacen el Madrid-BCN y similares; vamos, algo pequeño) de los primeros, esos que tenían las alas “dobladas” al final. Cuando salga me fijo en la coletilla, pero para mí que ni tiene coletilla (señal de que es de primera serie). Lo primero, nada más embarcar, en la típica caja de cristal donde suelen ir un extintor, no había un extintor, había un Corán. ¡Toma ya! Espero que en caso de necesidad tengan pensando algo mejor que rezar a su amiguito imaginario. Si la gente se suele quejar del tamaño de los aviones, es que no han visto éste. El espacio para las piernas es el normal (se nota la reglamentación) pero el ancho... jooooder yo entro justo, así que cualquier persona un pelín más ancha que yo no cabe.

Pero no sólo eso, ha habido una pequeña confusión de asientos y al final me ha tocado rodeado de niños. Son más o menos buenos. Por lo menos de momento.

Mientras escribía el párrafo anterior, han pasado con un carrito. Yo pensaba que con bebidas, pero no, ha sido con periódicos. Había para elgir los siguientes: garabato-línea-rayajo-cosarrara (bueno eso es como yo llamo a toda letra árabe, ya que npi de lo que pone), el ABC, El mundo y... ¡La Gaceta! Así que me he cogido uno de La Gaceta. La verdad es que sólo con ver la portada a uno le entran ganas de coger un cuchillo secuestrar el avión y estamparlo contra la sede del PSOE por causar el fin del mundo, el cambio climático y, si te descuidas, la muerte de Manolete. Luego lo seguiré leyendo, que la verdad es que por Internet es menos divertido, ya que parecen artículos redactados por un becario, pero en papel es mucho mejor, parece bilis pura, un odio inconmensurable, me recuerda a Público en sus inicios, cuando todo lo que fuese de la derecha era maligno.

Ah, acaba de pasar la azafata con el carrito de las bebidas, y algo me dice que esta vez, nada de vino (grrrrr). Por lo que veo de lejos, zumitos, Meca-Cola. Sisí, la cosa esa en vez de Coca Cola. Coño, que la perroflauta es Laura no yo (ejem... ¬¬), ¡ yo quiero Coca Cola de verdad!). Total, que cuando pase por aquí y me termine de leer La Gaceta os cuento qué me he pedido.

Avión, 18:34

Pues justo cuando terminaba de escribir el último párrafo, han pasado con otro carro, esta vez con la “cena”. Bueno, intuyo que cena, aunque por hora más bien era merienda. Total, sin alcohol, como estaba previsto, pero la comida muy bien. Yo debo de ser de estomago fácil, pero hasta ahora siempre me ha gustado la comida de los aviones y esta vez no ha sido una excepción. Ensaladilla rusa con una cosa rara que parecía huevo cocido, pero creo que era más bien un dulce o similar t de segundo, a elegir entre carne o pescado. He elegido la carne, ternera en salsa (cerdo evidentemente no puede ser ;-) ), tenía patatas horneadas, que estaban de muerte, y zanahorias y guisantes. Las zanahorias eran hervidas normales, así que no muy allá, pero la salsa de la carne muy muy buena y mezclada con las patatas hacía que estuviese riquísimo. Aparte de eso, pues un trozo de bizcocho de postre, pan de centeno con mantequilla, un quesito y unos crackers. La verdad es que muy bien. Luego un café. Intuyo que ya no nos van a dar nada más en el vuelo, pero bueno, quién sabe. Yo esperaba merienda más cena y, al haber tenido cena, no sé si nos van a dar un piscolabis rápido antes de aterrizar (y con el retraso, mayor motivo), o nos quedamos así. Sea como sea, de momento bien.

Ahora llega lo bueno de la cena, atentos que esta es gorda: ¡¡¡CUBIERTOS METÁLICOS!!! Está claro que ya son demasiadas señales de que alguien va a secuestrar el avión. En todos los años que llevo volando, jamás se vio cubierto metálico alguno o similar. Yo creo que desde que mis padres fueron a Canarias con Iberia cuando Franco todavía era joven, eso no ha vuelto a suceder.

Por las pantallas que indican el recorrido, deduzco que hemos salido por Valencia, para ir por el Mediterráneo. Hemos vuelto a “tierra” para sobrevolar Túnez y algo de la costa libia. Se nota que en Libia las cosas están mas tranquilas, ya que apenas la bordeamos. Bueno, ya llevo dos horas de vuelo, por lo que voy por la mitad. Voy a hacer un poco el moñas con el ordena y, si hay novedades, sigo escribiendo, pero de todas formas, de momento ya va un tocho considerable.

Avión 20:30

11.282 metros de altura, 909 km/h y -44º fuera. Acaba de terminar la película de abordo (en inglés con subtítulos en árabe) y han vuelto a poner la pantalla con los datos del vuelo. Aparte de lo que os he copiado, hemos entrado en el espacio aéreo egipcio. Las pantallas dicen que quedan 41 minutos de vuelo. Hace unos 20 minutos, nos han dado el piscolabis que esperaba, por lo tanto del vuelo poca queja puedo tener, salvo lo pequeños que son los asientos de ancho y lo corto que es el respaldo (mi cabeza sobresale). Aparte de eso, de momento bien, los niños no han molestado demasiado, así que no hay queja. Ah, fuera es de noche, desde hace un buen rato, como estaba viendo series en el ordenador, no me he fijado cuándo se ha hecho de noche.

Ahora, salvo retraso al aterrizar, no escribiré más hasta mi llegada al hotel. Me queda lo mejor y más peligroso del viaje: el trayecto del aeropuerto al hotel. Va a ser la risión hacer 20 kilómetros de noche por El Cairo. Cuando llegue al hotel ya os cuento.

Hotel 23:30

Pues al final el tráfico es caótico y demás, pero vamos, que no hay amenaza de que la palme. El hotel cojonudo, luego haré unas fotos. Me han dado una habitación con vistas al Nilo y es muy muy chulo.

Ahora voy a bajar al restaurante a cenar algo, así que ya os contaré óomo funcionan aquí el tráfico y los controles de seguridad (te abren el maletero, lo inspeccionan, hay un arco de seguridad a la entrada del hotel, etc.).

sábado, 25 de junio de 2011

Enviado especial

A partir de ahora, este blog tendrá a un enviado especial en El Cairo. Hace unas cuantas horas, he ido al aeropuerto y he empaquetado a Gamab en un vuelo rumbo a Egipto. Bueno, en realidad ha sido su empresa quien le ha mandado para allá. Acabo de constatar que ha llegado sano y salvo al país de las pirámides y además ha accedido a contar por aquí las cosas raras que le sucedan, así que este año no nos quedamos sin relato de viaje, que después de la Ruta 66 y el Camino de Santiago lo mismo no me perdonabais un año sin historia por capítulos.

Sus padres se habrán quedado la mar de a gusto, con un hijo en El Cairo y el otro en Taipei.

martes, 21 de junio de 2011

Termostato roto

Estoy convencida de que hay personas que tienen el termostato roto. Y no, no hablo de las menopaúsicas y sus sofocos ni de las personas mayores, que parece que siempre tienen frío. Me refiero a personas que de verdad no tienen sentido de la medida (a veces ni de la decencia) a la hora de poner el aire acondicionado.

Mi padre siempre contaba que sus compañeros de la sucursal estaban grillados y se pasaban el día en guerra por el aire acondicionado. Que si yo tengo calor, que si yo tengo frío... Hasta que un día mi padre, que está justo debajo de la salida del aire, se hartó, se subió a la mesa y atascó la salida del aire con papeles. A tomar por culo. Si tienes calor, te pones una camisa de manga corta y, si tienes frío, te pones una chaqueta, que para algo se inventaron las prendas de distintos largos y grosores.

Un tiempo después, pasó por allí el técnico del aire acondicionado. Lo primero que hizo, obviamente, fue levantar la rejilla.

Técnico - Oiga, esto está lleno de papeles
Mi padre - Shhhhh. Tú no has visto nada...

Y el técnico, efectivamente, hizo como que no había visto nada, volvió a poner la rejilla en su sitio y las cosas siguieron su curso y no se volvió a hablar del aire acondicionado, ni en mi casa ni en el trabajo de mi padre.

Hasta ayer.

Ayer llegué al trabajo, llamé a la puerta (nueve meses y aún no me han hecho la copia de la llave) y vino a abrirme mi compañera maja (la que me echó un cable para largarme pronto el día inexplicable). A través del cristal vi que llevaba puesto algo de manga larga pero tampoco me extrañó, porque no sería la primera vez que se pone algo fino de manga larga para protegerse del sol. El problema es que, según se iba acercando, se apreciaba cada vez más el grosor y textura de la tela. ¡La hostia! ¿Esta mujer qué hace con un forro polar, si debemos de estar como a unos 30 grados?

En estos pensamientos tan profundos andaba yo cuando mi compañera finalmente llegó y me abrió la puerta.

Compañera maja - Hola Lauri
Laura - Hola... oye, qué frío hace aquí ¿no?
(ahora entiendo lo del forro polar)
CM - Ya, es que está el aire muy fuerte
L - ¿Y por qué no lo bajáis?
Silencio absoluto

El caso es que todos tenían frío. ¿Todos? No. El jefe había encendido el aire acondicionado en modo "noches de helada invernal en el Ártico". En serio, daban ganas de meterse en la nevera para calentarse un poco. Eso sí, al señor lo hemos deportado a una sala donde tenga su propio aire acondicionado, para que nos deje tranquilos, que es de esos que van en verano con vaqueros gruesos y polos de manga larga. Repito: para algo se inventó la ropa de distintos largos y grosores.

Y si esto no funciona, siempre se puede seguir el método de mi padre. Que otra cosa no, pero yo papelotes con los que taponar la salida del aire acondicionado (incluso de dos o tres aparatos) tengo de sobra.

miércoles, 15 de junio de 2011

Luna roja

No hace falta que bombardee con la Luna roja y el eclipse que se han podido ver esta noche. Bueno, eso quien haya podido, porque yo he estado esperando a que se quitaran de enmedio las nubes y después lo he visto difuso, dada la contaminación ambiental y lumínica que rodea la zona donde vivo. El caso es que la gente se pone muy tonta cuando se dan fenómenos astrológicos de diversa índole y hoy no ha sido una excepción.

Capítulo I: Exaltación de la amistad
Para empezar, me he encontrado al jefe en fase "exaltación de la amistad". Es sospechoso y habría que descartar el origen etílico, porque, cuando todos nos vamos de cañas, él se pide una Fanta. Siempre. Lo más fuerte que le he visto beber en los meses que lleva siendo mi jefe es un batido de vainilla. Mi profe de los cursos del INEM siempre decía que había que desconfiar de la gente que no tiene ningún vicio ni rareza, porque eso significa que sus vicios y rarezas son tan chungos que hay que ocultarlos. Sinceramente, no sé si quiero saber lo que se esconde detrás de esas Fantas. Lo mismo tortura gatitos o secuestra ancianitas, vete tú a saber.

El caso es que le ha dado por el buenrollismo. Llamadme desconfiada pero la gente que de pronto quiere organizar un día de excursión al campo me da mucho miedito. En concreto, este señor quería organizar algo de multiaventura. Yo soy de la opinión de que es mejor no mezclar las tensiones laborales con el paintball porque, como bien me dijo hace unos días el marido de Patricia, puedes acabar dándole a alguien "con la culata en la puta cabeza", y no precisamente sin querer. Y teniendo en cuenta que lo que las pistolas de paintball tienen en el lugar donde debería ir la culata es una bombona de CO2, mejor no tentar a la suerte.

La siguiente muestra de exaltación de la amistad ha sido su repentino y recientemente descubierto interés por las tiendas frikis. Resulta que cerca del trabajo hay una tienda friki y precisamente mi jefa tiene que comprar regalos de cumpleaños para dos personas que encajan en el perfil del público objetivo de las tiendas frikis. Dados los antecedentes, la conversación fue la siguiente:

Jefa Maja - Lauri, ¿me acompañas luego a la frikitienda? Tengo que comprar los regalos de cumple para mi primo y mi cuñada.
Laura - Vale
Jefe Raruno - ¿Cuál es la frikitienda?
JM y L (a coro) - [Nombre de la tienda]
JR - Ah, ¿es una tienda friki? (os aseguro que el nombre es de tienda friki total)
JM y L (a coro) - Sí
JR - ¿Y dónde está?
JM - Abajo, enfrente del bar.
JR - ¿Y qué venden?
JM - Pues... cosas frikis, no sé. Camisetas, juegos, cosas del WOW, cómics, figuras...
JR - Ah, pues luego me bajo con vosotras, así miro unas cosillas.

Y digo yo, ¿qué quiere mirar este hombre, si le hemos tenido que explicar el concepto de "tienda friki"? Llamadme desconfiada, pero yo ya estoy con la mosca detrás de la oreja. Es como cuando los niños se ponen melosos: alguna han liado.

Capítulo II: Váyase a mirar obras
A mi vuelta de uno de los frecuentes viajes que solemos hacer al exterior de la redacción (es lo que tiene no tener baño ni máquina de refrescos o cafés), el maquetador me ha asaltado nada más cruzar el umbral con el teléfono. "Es por una noticia". Ah, pues vale. Pongo voz de redactora simpática y eficiente y atiendo al preocupado lector.

Os voy a ahorrar el sufrimiento de tener que presenciar la conversaicón que he tenido con él, que se puede resumir en que ayer publicamos una información sobre un espectáculo de danza organizado por la Comunidad de Madrid, este señor se fue de Villalba a Torrelodones (que ya ves tú qué gran sacrificio, ir al pueblo de al lado) a comprar las entradas y en el teatro le habían dicho que no, que allí no había ningún espectáculo de danza. Después de 10 minutos intentando explicarle al señor no menos de tres veces que esa información me ha la dado la Comunidad de Madrid y que el fin de semana publicaré una rectificación, he aprovechado que mi jefa maja se acercaba para decirle "espere, que le paso con mi superior" y le he pasado el marrón a ella.

La conversación que ha seguido ha sido más de lo mismo pero con frases como "escúcheme" y "pero déjeme hablar" intercaladas en el discurso. Otro redactor que andaba por ahí ha dado con la raíz del problema:

R - Claro, si es que con la crisis ya no pueden entretenerse mirando obras y se dedican a dar por culo.

Oye, pues lo mismo es eso.

viernes, 10 de junio de 2011

El subtexto

Ayer volvió a mi vida un concepto de las clases de guión que nos daban en la universidad y que, sinceramente, puede tener aplicaciones en la vida real, a diferencia de otras cosas que te obligan a aprender. Se trata del subtexto. Como los letores más sagaces ya habrán adivinado es lo que hay por debajo del texto. Es decir, lo que se quiere dar a entender sin llegar a decirlo directamente. Aunque, como bien dijo el profe el día que nos explicó este 'conceto', "hay veces que el subtexto ya no... y te llamo hijoputa". Pero eso hoy no toca.

La cuestión es que llegué al trabajo y la primera conversación en la que me vi envuelta fue toda con subtexto. Participar, lo que se dice participar, participé poco, más bien fui un personaje secundario, como se suele decir. Pero casi mejor si dejo de liar y expongo lo ocurrido.

Como ya dije, acababa de llegar al trabajo. Sólo estábamos allí tres personas: el director (D), mi jefa maja (M, de maja) y yo (L). Así se desarrolló la cosa:

Conversación normal
D - Pues el reportaje éste no sé yo si dará para tres páginas
M - Pues tienen que ser tres páginas
D - Estaba pensando poner en la 4 otro tema y hacer el repor de dos páginas
L - ¿Entonces serían dos repor?
D - No, un repor de dos páginas, la 4 la pasamos a actualidad y se pone otra cosa
M - La 4 no la podemos meter en actualidad

Subtexto de la conversación anterior
D - Pues hoy no me apetece hacer tres páginas
M - Pues no le voy a cargar a otro la página que no quieres. Ya tenemos suficiente con las nuestras
D - Estaba pensando cargarle otra página a Laura
L - De eso nada. Yo no hago una página más, que ya tengo muchas. Apechuga con tu página y moléstate en buscar otro tema
D - Es que a mí no me apetece
M - Que no le cargues tus páginas a nadie

Al final, no sé cómo ni por qué, acabé teniendo una página menos. Los jueves se están convirtiendo últimamente en días inexplicables.