lunes, 16 de febrero de 2015

Organización de eventos

A nadie le gusta organizar cosas. Y el que diga lo contrario miente o está muy enfermo. Sobre todo cuando hay que organizar un evento con más de cuatro personas. Pongamos, por ejemplo, una despedida de soltera.

Es entonces cuando te das cuenta de varias cosas. La primera, que la democracia a pequeña escala no funciona. Si organizas unas elecciones, lo peor que puede pasar es que un señor como Berlusconi acabe gobernando un país. Si organizas un evento y lanzas cualquier pregunta, pueden obtener tres posibles respuestas:

1.

2. "¿Qué fecha era?" (o cualquier otra cosa que se dijo hace dos meses)

3. "Mi gato se llama Guantes" (siempre tiene que haber alguien que vaya a su rollo)

Y de pronto llega un día en el que alguien que, hasta el momento, se había decantado por la opción 1 para responder a cualquier cosa dice: "Habrá que decidir algo ya, ¿no? Que se nos echa el tiempo encima". Entonces piensas que en este país en realidad no hay tantos asesinatos y que si te caen 20 años te libras de organizar todas las despedidas de tus amigas y de repetir esta situación.

Hasta ahí es lo normal, pero puede aparecer un personaje más en escena: el obstruccionista. Ha decidido que no le va a parecer bien nada. Incluso cosas que hace dos días le parecían bien. Si tiene que discutir sus propias propuestas y poner pegas a su yo pasado, lo hará y defenderá su nueva postura hasta la muerte. Llenará de mierda el grupo de WhatsApp que se ha creado para organizar el evento de marras, pondrá cosas incompletas en los excel para da por culo y retrasar, dirá que sí a un presupuesto y luego le parecerá caro si es un 20% más bajo de lo que se dijo en principio... Da igual, ha decidido que este evento va a ser SU evento, y el resto de implicados le dan igual.

¿Alguien se ha preguntado por qué de pronto el paintball se puso tan de moda en las despedidas? No es porque sea divertido, tenga un precio asequible y sea una actividad de grupo, es porque tienes amigos a quienes les gustaría pegarte un tiro.

martes, 6 de enero de 2015

Propósitos de año nuevo

Se acaban oficialmente las navidades. Toca volver a la rutina y seguro que más de uno ha decidido que 2015 es el momento para hacer todo aquello que no logró en 2014, y tampoco en 2013, 2012, 2011...

Está muy bien tener objetivos en la vida pero, ¿de verdad los vas a cumplir? Mira que 2015 es muy largo y luego las cosas se nos olvidan. Y claro, por muy buenas intenciones que tengamos, los propósitos siempre suelen ser los mismos (aunque no son los míos, yo soy más de "virgencita, que me quede como estoy"):

- Trabajo: porque no tienes o porque estás hasta las narices del tuyo, decide cuál es tu situación. Según las estadísticas, tenéis diez días para curraros un currículum molón, porque los mejores momentos del año para encontrar trabajo son la última quincena de enero-febrero y agosto-septiembre. Si ya tienes trabajo y te da pereza salir a lo desconocido, seguro que quieres que en 2015 te suban el sueldo. Lo del IPC ya no cuela, porque estamos en deflación, busca una excusa nueva.

- Encontrar el amor: ayer me enteré de que el día más activo en las webs de contactos siempre es el primer domingo del año. Esto demuestra que hay gente que se toma muy en serio los propósitos pero también que hay gente que se forra con los propósitos ajenos (ya llegaremos a los gimnasios). La cruda realidad es que vas a terminar 2015 como lo empezaste, así que ahórrate el dinerillo de la cuenta en Meetic y vete de cervezas, que lo vas a aprovechar más. De nada.

- Ponerte en forma: si llevas diez años sin moverte del sofá, por favor. Eso sí, no dejes que los qe disfrutamos del "día del novato" en los gimnasios e instalaciones deportivas municipales nos perdamos ese acontecimiento que se da un par de veces al año (propósito de año nuevo, operación bikini y vuelta de vacaciones) y en el que puedes ver cómo algún insensato se intenta picar con la persona menos adecuada. También hay quien aprovecha el gimnasio para liquidar dos propósitos. Sí, lo digo por esos que se posicionan estratégicamente en la elíptica desde la que se ve la clase de zumba/pilates/yoga.

- Ser mejor persona: sí, claro.

- Leer más: si esto está en tu lista, probablemente lo último que leíste por places fuera de la serie naranja del Barco de Vapor. El Marca no cuenta como lectura. Este blog tampoco.

- Ponerte al día con esa serie: ¿cuándo te la bajaste? ¿Cuánto hace que no se emite? Ríndete, tú y yo sabemos que no vas a pasar de la mitad de la primera temporada de 'American Horror Story' y que ya ni recuerdas en qué episodio de 'El ala oeste' te quedaste. Hay batallas que es mejor dar por perdidas.

martes, 30 de diciembre de 2014

2014 letra a letra

Por muy descuidado que tenga el blog, las tradiciones son las tradiciones. Con la lista ya terminada, y haciendo un pequeño repaso, me doy cuenta de que la primera parte del año ha sido la continuación del horror de 2014. Lo bueno es que el cambio por fin ha llegado, y no podría haber sido en un momento mejor.

Vamos a ello:

A: autoestima. Es algo que precisamente nunca me ha sobrado pero el cambio de trabajo le ha venido bien para engordar un poquito, que la pobre se había quedado muy pequeñita.

B: bodas. Sí, amigos, hemos llegado a esa edad en la que las bodas empiezan a acumularse. En 2014 sólo han sido los anuncios, las bodas se celebran en 2015. Tres en concreto, y del mismo grupo de amigas, para no poder repetir vestido. ¿Alguna interesada en intercambiar ropa que tenga mi talla?

C: carreras. Tampoco es que me mate, pero de no verle la gracia a estas cosas a apuntarme a tres carreras este año (dos de obstáculos), va un trecho. Ya sabes cómo son estas cosas: te apuntas a la San Silvestre con una amiga y al final acabas revolcándote por el barro y subiendo alpacas de paja de 3,5 metros. ¿Y todo esto por qué? Eso mismo preguntó mi profesor de inglés del curro (creo que debería explicar en alguna letra el origen de las clases de inglés del curro) un día que todo el mundo llegó tarde y parecía que aquello iba a ser una clase particular. Respuesta: porque necesitaba saber que puedo (creo que también debería explicar en algún momento cómo llegué a aquello).

D: delgada. Sí, ya sé que lo he negado y he intentado escaquearme cada vez que alguien me lo decía, porque no ha sido voluntariamente ni considero que me sobrara nada. Si alguien quiere regalarme un cinturón por reyes, bienvenido sea.

E: esfuerzo. ¿Crees que el esfuerzo no vale para nada? Pues cambia de trabajo. Y lo digo totalmente en serio.

F: familia. ¿Sabes eso que dicen de que cuando te vas de casa te llevas mejor con tus padres? Pues es cierto. En cuanto terminan los chantajes emocionales, "dónde vas a estar mejor que en casa", "pues no sé cómo te has ido tan lejos", "¿pero cómo no vas a venir a comer este fin de semana?", "¿esto te lo vas a llevar o lo tiro a la basura?", "¿pero qué tienes que hacer en tu casa?" y esas cosas, luego ya todo va bien. Aunque eso no quita que un día llames a tu madre por teléfono y te caiga una bronca sin saber de dónde viene.

G: gimnasio. Un poquito menos desde septiembre, porque ahora tengo la piscina, pero si no fuera nunca hubiera empezado con las carreras de obstáculos.

H: hierros. Se acabaron los sufrimientos, que te miren mal en el trabajo por tener que ir a revisión de ortodoncia todos los meses y que el aparato se quede más comida que yo (a lo mejor perdí peso por eso...). Ahora sólo tengo que llevar un plástico durante un montón de horas y acordarme de pedir cita al dentista cada tres meses.

I: idiomas. A excepción de las clases de inglés que nos dan en el trabajo, ha sido mi asignatura pendiente en 2014. A ver si en 2015 puedo dedicarle algo de tiempo al alemán, que cuesta mucho aprenderlo y se olvida muy rápido.

J: junio. Ese mes hice una entrevista de trabajo, conseguí un nuevo trabajo y me fui de viaje al culo del mundo. No está mal. ¿verdad?

K (contiene la): friki. Bueno, esto no es una novedad de 2014, pero este año me he dado cuenta de que soy el consultorio de mis amigos sobre series y dónde encontrar contenidos digitales de dudosa legalidad.

L: lúpulo. 2014 ha sido el año de la cerveza. No es mi culpa: el médico me dijo que podía seguir bebiéndola pese a estar tomando drogas (con receta) y hay una cervecería estupenda a unos minutos de mi casa.

M: metro. Hay cosas que nunca cambian, y mi guerra con el Metro de Madrid es una de ellas. ¿Por qué por la noche los trenes están sincronizados para que pierdas el transbordo y tardes el doble en llegar a casa? ¿Cuándo van a climatizar la línea 5? ¿Por qué siempre hay (al menos) una escalera mecánica rota? ¿El metro lo limpian alguna vez? ¿Hay alguna respuesta correcta y precisa a la pregunta "a qué hora cierra el metro"?

N: nadar. ¿Que no es para tanto? Será para ti. Tuve que dejarlo por mi antiguo trabajo y volver a la piscina (a otra piscina) ha sido de lo mejor que he podido hacer en 2014. Eso sí, flipa con las tasas de Ana Botella para quienes queremos hacer deporte en la capital del reino.

Ñ (contiene la): mañanas. Las he recuperado para mí y por fin puedo hacer lo que me dé la gana, tener una rutina y vivir desconectada del trabajo.

O: nombre de sobri. Otro sobri, sí, pero este es un poco más sobri, aunque vive un poco lejos. Nació hace una semana en Londres, así que ya tengo excusa para viajar en 2015.

P: Phnom Penh. La capital de Camboya, una ciudad totalmente prescindible y una de los lugares que recordaré toda mi vida. Me liaron para un viaje al sudeste asiático en el que me lo pasé muy bien, pero la llegada esta ciudad fue totalmente traumática. A lo tarde que llegamos le añades el turismo sórdido y una amiga a la que no le vale ninguno de los alojamientos que veíamos por el camino (las ratas que campaban a sus anchas por la calle eran lo de menos). No hay cerveza barata suficiente en Camboya para compensarlo.

Q: quemada. Ya no estoy así, pero cada vez que hablo con mis excompañeros me entra el bajón porque veo siguen igual, y algunos incluso van a peor. Ya sé que no debería preocuparme pero con algunos aún sigo teniendo relación y entiendo mejor que nadie por lo que están pasando.

R: reencuentros. Llamadas sorpresa de "¿nos tomamos una cerveza? Estoy en Madrid", amigas de otra ciudad que ahora viven en la misma ciudad que tú, excompañeros que te echan de menos, gente con la que perdiste el contacto, personas a las que apenas conocías y ahora hablas con ellas todos los días... y así ha pasado un año.

S: salud. Mejor que en 2014, la verdad, aunque se tarda en volver a estar al 100%. Cambiar de vida también ayuda.

T: trabajo. El cambio no había podido ser más oportuno. En algo más de seis meses he aprendido más que en casi tres años en mi antiguo empleo. Tampoco tengo que lidiar con las injusticias que me estaban matando poco a poco y el horario es parecido pero está más cerca de mi casa y mejor comunicado y además no tengo que echar "horas extra" en mis horas y días libres, un tiempo que ahora es para mí.

U: uñas. Ya casi he dejado de mordérmelas, en parte gracias al aparato. ¿Ocurrirá el milagro en 2015?

V: veintinueve. Será mi última edad con v, porque en 2015 ya cambiamos de decena.

W: Wall Street. ¿De qué va mi nuevo trabajo? Pues ahí estoy, haciendo un curso acelerado de finanzas.

X: x. Sin más, como las incógnitas de las ecuaciones. Siempre me ha puesto muy nerviosa no entender cosas que me afectan directamente, pero últimamente me inquieta cada vez menos. ¿Estaré convirtiéndome por fin en una persona adulta?

Y: Yellen (Janet), presidenta de la Reserva Federal. No os dejéis engañar por esta señora que parece una abuelilla de las que tejen jerséis de reno. Después de tener que seguir en directo una intervención de hora y media sin traductor de esta señora, mi vida nunca volverá a ser la misma. Igual que con Phnom Penh, me ha quedado trauma.

Z: zapatillas. Las que tengo para correr son nuevas y son muy bonitas pero lo mejor de todo es que mi padre se ha comprado unas iguales. No es que me alegre que me haya 'copiado', lo que me alegra es que está más animado y tiene ganas de volver a hacer ejercicio (y tiempo). También mis zapatillas del Camino de Santiago se han portado en 2014: han sobrevivido a dos carreras de obstáculos y a un viaje al sudeste asiático.

lunes, 8 de diciembre de 2014

Ya están aquí

Colas kilométricas que no sabes dónde terminan, una calle comercial que parece Tokio, gente que entra en el metro como quien entra en Disneylandia (pero empujando más), gorritos horteras, niños forrados de ropa de abrigo que intentan atravesarte corriendo cinco metros por delante de sus padres... Pues sí, ya están aquí las navidades.

Da igual que en el supermercado lleven un mes vendiendo turrones y mazapanes y que ya te hayan colocado la lotería del trabajo, de la familia, del bar, del gimnasio, de la piscina y de la peña atlética de Villar del Río, que ni sabes dónde está el pueblo ni por qué tienen peña atlética ni cómo has acabado con una participación. Da igual, porque la Navidad se manifiesta en todo su apogeo ahora, cuando sales del metro en Sol y piensas que ha vuelto el 15-M y tú no te has enterado.

El centro de las grandes ciudades se convierte en un peligro para tu salud mental, pero también para tu integridad física. Y lo digo en serio, porque lo he vivido: el otro día estaba esperando en Gran Vía y tres generaciones de una familia más bien tirando a amplia decidieron comenzar a reagrupar niños en el punto exacto donde me encontraba. Ya veía que iban a empezar a andar y me iban a arrastrar con ellos, como en la estampida de ñus de 'El rey león'. No os aburriré con los detalles de cómo conseguí escapar sin que tuviera que intervenir la Policía, pero ya veis que estoy viva.

Pero lo peor es lo que queda: la fiesta de Navidad de la empresa (con el agravante de que este año soy nueva y no conozco a nadie), la odisea de comprar los regalos, que cuando ya tengas todos los regalos comprados te llame tu madre para encargarte que les compres algo a los hijos de tu primo, que cuando ya hayas comprado tus regalos y los que te ha encargado tu madre te llame tu padre para preguntarte qué le puede comprar a tu madre, la cena de Nochebuena muriéndote de aburrimiento en casa de tu tía y que la única escapatoria a ver la misma peli de todos los años por vigésimotercera vez sea la misa del gallo, el infierno de organizar cenas, cuadrar agendas con los expatriados que vuelven a casa por Navidad (esto en realidad me gusta, pero me dan pereza las cabriolas para encajar muchas cosas en poco tiempo), cuadrar agendas con el resto de gente que también tiene cenas y amigos expatriados que vuelven a casa por Navidad y la multiplicación de gente en el gimnasio (con lo bien que se está en noviembre, que ya han desistido los que deciden apuntarse después de las vacaciones pero aún no han llegado los de los propósitos de fin de año).

No nos engañemos, en el fondo nos gusta. Aunque este año vayan a regalarte otra vez unos calcetines de rombos y el último Premio Planeta o una caja de sombras de ojos que nunca vas a usar. Aunque no se pueda pisar el centro. Aunque haya líneas de metro y autobús que es mejor evitar, incluso si para ello tienes que cambiar tu itinerario al trabajo.

Y Mariah Carey, no os olvidéis de Mariah Carey.

viernes, 31 de octubre de 2014

Fauna de gimnasio

Ya que le he dedicado una entrada a la fauna piscinera, lo menos que podía hacer era corresponder también a la fauna de gimnasio. Al cambiar de casa, también cambié de gimnasio y, salvo pequeñas diferencias, la fauna que se puede encontrar en un gimnasio de Fuenlabrada y en uno de cualquier barrio de Madrid es exactamente la misma.

- Señoras que boicotean las clases. El requisito de una señora para escoger clase es "me viene bien de hora". Con este criterio tan amplio, lo mismo se meten a pilates que a un entrenamiento de alta intensidad. El problema no lo van a tener ellas, faltaría más, sino el profesor que dé la clase y la gente que sí sabe en qué clase se está metiendo. Por algo son mayoría.

¿Alguna vez te has preguntado por qué cada vez hay más clases de zumba y de pilates y algunas actividades están casi desapareciendo? Exacto: las señoras.

- El chaval regordete que va a todas las clases. Al contrario que las señoras, no es que elija las clases que le vengan bien de hora, es que todas las clases le vienen bien. Es posible que viniera de regalo con la licencia de zumba.

- La septuagenaria que levanta la pierna hasta 180 grados. Nunca, repito, nunca, entres a una clase de yoga en la que esté ella: saldrás con la moral por los suelos. También es posible que lleve 40 años entrenando y tú, como mucho, llevas dos o tres. Ésta creo que viene de regalo con la licencia de pilates.

- Fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. Es posible que para abrir un gimnasio exijan una cuota de policías, militares y bomberos. La cantidad depende del número total de gente que se haya matriculado en ese gimnasio.

- Osos. ¿Has visto a ese barbudo grandote que está tan en forma? Pues juega en otra liga. En concreto, en una liga en la que sólo hay barbudos grandotes, y no es la ASOBAL.

- Los enteradillos. Una de las razones para llevar tu propia música al gimnasio (además de no tener que aguantar Máxima FM) es protegerte de las lecciones de los enteradillos. Como te pillen por banda, estás perdida. Ellos saben exactamente cómo hay que entrenar, a qué hora concreta, qué hay que tomarse antes y qué hay que hacer después. Y son tan majos que están dispuestos a compartirlos con el mundo entero. Un consejo: huye.

- Chicas con leggins. Por alguna razón que no alcanzo a entender, hay mujeres que renuncian voluntariamente a la comodidad y la opacidad que proporciona la ropa deportiva. Los leggins son a los gimnasios lo que los bikinis a las clases de natación. Hay un nivel más: las de los leggins estampados, que son las mismas que van a nadar en trikini.

- La hormiga atómica. Término acuñado por mi madre, se refiere a esa chica pequeñita que parece poca cosa pero en su interior tiene una fuerza sobrehumana y una resistencia bestial.

- Madonna. Tiene el mismo pantone de pelo y el mismo cuerpo que la cantante. Y lleva las mismas mallas de colorinchis.

- Los Hyundais. Mucha carrocería pero poco motor. No hacen falta más explicaciones.

domingo, 28 de septiembre de 2014

La Puerta de la Luna

Si hay algo que me gustaría tener en casa (además de calefacción cuando llega el invierno) es una Puerta de la Luna. No sé muy bien cómo se puede instalar una en un tercer piso pero eso es lo de menos.



Hasta tengo una lista mental de gente a la que tiraría por mi hipotética Puerta de la Luna en caso de tenerla. Por ejemplo:

- La amiga pesada que siempre viene llorando a contarte la misma historia.

- Algún exjefe.

- Esa persona sin la que tu entorno laboral sería algo más agradable.

- La gente que no responde a los mensajes.

- La señora de edad indefinida que va a todas las clases del gimnasio porque le van bien de hora y luego se queja de la clase.

- Esa gente que te marea durante días, a veces incluso semanas, para quedar una tarde y siempre recula en el último momento.

- El vecino de los horarios imposibles que lo mismo despierta a medio bloque por la noche muy muy tarde que por la mañana muy muy temprano.

- Los que saturan los grupos de wasap.

- La taquillera del cercanías que nunca me hace ni puto caso y sólo me da a la primera lo que le he pedido una de cada cuatro veces.

- Según el día, a mí misma.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Fauna piscinera

Como no puedo tener trauma por la vuelta al trabajo, porque llevo sin tener ni un día libre como una pringada desde el 30 de junio, el susto me lo he llevado al volver a la piscina. Bueno, realmente no ha sido una vuelta, porque no he vuelto a mi piscina de siempre, sino que he ido a una nueva. Vale, tampoco "nueva", dejémoslo en otra distinta.

Y ese ha sido uno de los sustos: que las instalaciones en cuestión podrían considerarse resto arqueológico. Y la gente que me voy a encontrar tres días en semana de aquí a final de curso estuvo en la inauguración.

Lo que no cambia de una piscina a otra, independientemente de su ubicación (y de cuánto tiempo lleve allí), es la fauna que podemos encontrar:

- Los 'asfixiaos'. Se pueden encontrar en cualquier actividad deportiva dirigida, no son una especie exclusiva de las piscinas. No se van a dejar adelantar por nadie, y menos por ti; ya puedes ser Michael Phelps, que su orgullo siempre va a ir por delante. Esto les suele durar unos cinco minutos, después ya empiezan a respirar como osos asmáticos y, con un poco de suerte, consiguen llegar al final de la clase saltándose largos/series/repeticiones de algún ejercicio.

-Señoras de edad y forma indefinidas. Uno de mis mayores miedos es que una de ellas se me acerque y me diga "Yo de joven era como tú". El día que eso ocurra, me meteré debajo de la mesa a llorar muy fuerte y nada podrá hacer que salga de ahí en dos meses. Bueno, quien dice "nada" dice "Jason Bateman con una cerveza y un helado".

- Señoras pudorosas. Se duchan y se cambian sin quitarse el bañador. Incluso son capaces de quitarse el bañador sin quitarse el bañador. ¿Cómo? Pues no lo sé, pero pueden hacerlo.

- Madres escandalizadas. Entran en los vestuarios y en las duchas de mujeres con una legión de niños (niños de género masculino, para más señas) y se ponen a criticar en voz alta y con toda la indignación que son capaces de reunir que ¡en los vestuarios de mujeres hay mujeres desnudas! Este podría ser el origen de las señoras capaces de quitarse el bañador sin desnudarse.

- Niños, muchos niños. Más vale que tengas controlada la hora a la que llegan para no coincidir con ellos. Como no llegues a la puerta de la piscina antes del segundo exacto en que les abren la puerta del autobús, entrarás en un atasco sólo comparable a una operación llegada en domingo entrando a Madrid por la A-6 con lluvia y accidente múltiple un kilómetro por delante.

jueves, 3 de julio de 2014

Volver

Soy consciente de que, desde hace un tiempo, he tenido el blog más que abandonado. Las circunstancias no han acompañado y no me apetecía nada nada nada ponerme a escribir en mis ratos libres. Tras una época no muy buena, las cosas (algunas cosas) por fin han cambiado a mejor, por lo que estoy haciendo todo lo posible por recuperar todo lo que tenía antes (al menos, todo lo que se pueda recuperar a estas alturas).

Hoy me he reafirmado en la opinión de que el hecho de que las cosas vayan mal no es excusa para no dar lo mejor de ti mismo, y de que siempre habrá un sitio donde se te quiere y se te aprecia; de que depende de nosotros mismos y de nuestra actitud la huella que dejemos al cruzarnos con otras personas.

Y mejor lo voy dejando ya, porque ni es mi estilo, ni es mi tono, ni es a lo que os tengo acostumbrados ni son horas. Sobre todo no son horas (y lo subrayo por si no ha quedado claro). Simplemente sentía la necesidad de 'soltar' todo el batiburrillo de sensaciones que me ha desbordado (desventajas de ser emocionalmente simple) antes de irme a dormir.

lunes, 19 de mayo de 2014

Hacienda somos todos... menos el creador del programa PADRE

¿Qué mejor plan para un sábado por la mañana que hacer la declaración de la renta? Si además no tienes ni puta idea, como es mi caso, y tu ordenador no está por colaborar con la Agencia Tributaria, ya puede ser la juerga.

Cuenta la leyenda que el programa PADRE, esa aberración infernal con la que tenemos que hacer la declaración de la renta, está compuesto por parches y más parches sobre un código que nadie entiende y que nadie se atreve a tocar. Añadiría que Hacienda se pasó por el forro todos los criterios de la lógica a la hora de ordenar las diferentes casillas de la declaración, llegando a situaciones tan divertidas como que para poder rellenar un dato que aparece en la página 40 tengas que poner datos en la página 3, en la 50 y en la 56.

Tras una mañana muy amena, saqué las siguientes conclusiones:

  1. El que creó el programa PADRE era un hijo de puta muy grande que odiaba a la humanidad.
  2. La Agencia Tributaria se lleva mal con Google.
  3. Bill Gates y el zorro del Firefox tienen participación en la Agencia Tributaria.
  4. Ser mileurista independizada menor de 35 desgrava. Mucho.
  5. Apoyar el Año Internacional de la Dieta Mediterránea, la candidatura de Madrid 2020, el VIII centenario de la peregrinación de San Francisco de Asís a Santiago de Compostela y el Campeonato de Ciclismo en Carretera de Ponferrada desgrava más que ser mileurista independizada.
  6. El programa PADRE tiene una extraña obsesión por los rendimientos derivados de la venta de bienes corporales producidos en Canarias.
  7. Todo desgrava, menos lo que tú has hecho en el pasado ejercicio fiscal.

miércoles, 2 de abril de 2014

Entrenamiento para torpes: día 2

Matización: "día 2" no quiere decir que no haya vuelto a pisar el gimnasio ni a calzarme las deportivas desde el día 1, sólo que hasta hoy no ha vuelto a haber entrenamiento mortal.

Empecemos por las conclusiones: creo que de aquí a un par de semanas voy a acabar con las manos como las de un estibador noruego y que mañana tendré que evitar reírme porque ya estoy previendo que va a doler, y mucho. Eso sí, con esto ya tengo hecha la "operación bikini" más que de sobra.

Hoy me han asignado como entrenador a un becario de FP que creo que lo ha pasado peor que yo. Pero me he propuesto que se vaya de las prácticas habiendo conseguido algo. Si puede enseñar a una torpe redomada como yo a subir y bajar por una cuerda sin despellejarse las manos, el resto está tirado (aunque dice que le parece muy difícil dar una clase de zumba).

El cambio de técnica (de la jodida a la asequible, concretamente) ha propiciado un avance más que notable, al menos para mí y mi orgullo. Por ahora no hay que lamentar daños físicos (obviando los que se arreglan con crema hidratante), pero aún no estoy ni cerca de lograr el objetivo al 100%, así que el peligro de hostión todavía no ha pasado.

Casualmente, hoy el Pantone del día es el Rapture Rose (17-1929), que según Pantone es "sensual, ingenioso y dramático", pero también uno de los tonos por los que han pasado las palmas de mis manos en el transcurso de recuperar su color y textura normales.


viernes, 28 de marzo de 2014

Entrenamiento para torpes: día 1

Un buen día, sin venir a cuento, los astros se alinearon y mi padre decidió que iba a perder la tripa (los michelines nunca le han molestado, pero dice que por lo de tener tripa no pasa), mi madre se apuntó a pilates y a mí me liaron para apuntarme a una carrera de obstáculos. Y así, mi padre empezó a salir a andar (próximamente será correr, o eso dice), mi madre se compró toda una colección de accesorios muy cuquis marca Decathlon y yo decidí que en algún momento tendría que empezar a entrenar un poco en serio. Ese momento ha llegado y hoy sin avisar, como las malas visitas.

Después de cuatro días de gripazo, infusiones y Paracetamol, por fin me he encontrado en condiciones para levantarme de la cama a una hora decente (siempre según mis estándares de persona que trabaja por la tarde), me he enfundado las mallas y he bajado al gimnasio.

Nada más entrar por la puerta me ha caído la primera:

Laura: ¡Hola!
Profe: ¡Hola Laura! En quince minutos empezamos con la cuerda.


Por resumir la 'clase' de esta mañana, digamos que hay tres formas de hacer las cosas: la fácil, la difícil y la jodida. Mi profe ha decidido empezar por la jodida y el resultado podía ser más desastroso, pero no por mucho. Menos mal que siempre hay algún bombero cerca para mejorar la media.

Ahora tengo dos mantras: "La cuerda de la carrera tiene nudos" y "Me quedan dos meses para aprender a trepar".

miércoles, 12 de febrero de 2014

Interiorismo carpetovetónico

Una cosa que aún no he comentado de mi casa (al menos por escrito) es la decoración. La ausencia de reformas ha permitido que ciertos elementos castizos sobrevivan a lo largo de las décadas para encontrar cosas que bien podrían estar en la casa de mi abuela.

El más alarmante, bajo mi punto de vista, son los sanitarios de color. En un momento dado, los señores diseñadores de Roca decidieron que era la hora de innovar, sacaron la pantonera y empezaron a elegir colores al azar (me niego a pensar que la selección estuviera razonada) para alegrar nuestros momentos en el baño. Así, encontramos lavabos, bañeras y váteres en gamas de colores impensables, desde el visón hasta el azul marino. Entre toda esa gama de colores, en mi casa tuvo que caer el rosa. Sí, tengo un váter rosa…

Otro elemento que no puede faltar en ninguna vivienda, especialmente si es de alquiler, es un mueble feo. Si tienes suerte, como yo, te tocarán dos muebles feos. Como hay que diferenciarlos de alguna manera, uno es “el armario de Narnia” y otro “el mueble feo” (así, sin más). El primero es el que más fans tiene, he de reconocerlo. Al principio, en los tours a amigos y conocidos por la casa (que duran unos tres minutos, la mayor parte para alabar la estantería colgante que compré por 9 euros en el Lidl para el cuarto de baño), explicaba que entrabas en Madrid y salías en Borgin & Bourkes, pero la gente prefirió llamarlo espontáneamente “el armario de Narnia”, y así se quedó.

“El armario de Narnia” tiene tanto éxito que mi padre siempre entra al despacho a visitar “el armario de Narnia” cuando viene a casa, como si fuera uno más de la familia. El otro día tuve que sacarlo a rastras del despacho mientras él protestaba: “¡Quiero tocarlo!” - “¡Que no! Vamos a tomar una cerveza” - “Pero… ¡quiero tocarlo!”. Que no, coño, vamos a tomar una cerveza al bar de abajo, a ver si el armario te va a absorber y vas a salir en cualquier otro lugar del mundo y luego es un pollo traerte de vuelta. Y es que detrás de las maletas, la plancha, el maxipack ahorro de rollos de papel higiénico y las cosas que se deja la gente olvidadas en mi casa puede haber cualquier cosa.

Lo bueno de los muebles feos es que distraen la atención de otras cosas, como el suelo. Alguna mente pensante decidió que el parqué sólo tenía desventajas (es caro, se raya con sólo mirarlo, hay que acuchillarlo, se limpia fatal…) e inventó un sucedáneo ‘low cost’, fácil de limpiar y resistente: el sintasol. De todas las variedades de sintasol que pueblan las tiendas de bricolaje de España, tengo que decir que me tocó una variedad disimulada. De hecho, si no fuera por los cortes horrendos en el suelo entre plancha y plancha, hasta daría el pego. Con el sintasol, las apuestas son qué hay debajo. Mi madre dice que terrazo, yo digo que cemento. Mi padre sigue pensando en barnizar el armario.

sábado, 18 de enero de 2014

Viernes

Hoy (o ya casi se podría decir "ayer"):

he llegado tarde al trabajo porque no venía el metro; me he enterado de que ha habido un despido; me he enterado de que otra persona se va a vivir a otro país; he conseguido entrevistar a un tipo al que llevaba persiguiendo tres días porque me dio hora para la entrevista telefónica pero no me dio su número de teléfono; me he encontrado con "el bonico del tó"; he estado con La Vaga, en visita exprés e inesperada (ella es la primera que no se lo esperaba); me he vuelto a encontrar con "el bonico del tó"; he perdido nueve minutos de mi vida esperando un metro porque me he equivocado de dirección, y he ido en el metro con El Chino Gayer del Flequillo Teñido, de la peluquería china "con sorpresa".

No sé si irme a dormir o esperar un rato, a ver si pasa algo más (por curiosidad más que nada).

domingo, 22 de diciembre de 2013

La peluquería china

Si hay algún lugar donde puedes flipar mucho por poco dinero, es la peluquería china de mi nuevo barrio. Todo empezó porque iba siendo necesario cortarse el pelo y salí a explorar, a ver si encontraba un sitio donde: a) no me clavaran mucho, b) no me hicieran un corte de pelo de señora de 60 años y c) no me hicieran un corte de pelo choni. Estas condiciones descartaban tres de las cuatro peluquerías que había localizado por la zona. En la cuarta no me cogieron, y más tarde me alegré porque descubrí que era de las que hacían cortes de pelo de señora.

Seguí caminando hasta que encontré una peluquería china muy apañada. Al menos era barata y se podía medir por el control de calidad que se aplica en este barrio: las señoras. Si estaban haciéndose la manicura, no podía ser muy cara y seguro que te hacían la pelota. Además, había chicas jóvenes peinándose que no salieron de allí con el mismo pelo que Sofía de Grecia.

A partir de ahí, todo se sucedió muy rápido, porque son la eficiencia personificada. Llegó una mujer que parecía ser La Jefa y me soltó una frase típica de peluquera madrileña: "Hola guapa, ¿qué te vas a hacer?". Cuando me quise dar cuenta, mi cazadora ya estaba colgada de una percha y apareció un chino con dos toallas, un bote con agua y un bote de Pantene que no tenía Pantene, tenía algo que olía a chicle de cereza.

Siguiendo la lógica que he seguido durante muchos años en la peluquería, me dirigí hacia los lavaderos. "No, no, aquí". ¿Aquí dónde? Pues enfrente de un espejo muy grande, donde el chino de los botes me lavó el pelo en seco, masaje de hombros incluido (hasta me deshizo un nudo que tenía en el trapecio). Bueno, es un lavado raro, pero al menos sí que me aclararon en el lavadero.

Todavía un poco desorientada por el champú de chicle de cereza, me devolvieron a la silla frente al espejo enorme y vino La Jefa. Me mira, la miro, nos miramos, y me vuelve a preguntar: "¿Cómo te corto, guapa?". Se lo explico, agarra el peine y las tijeras, me coge un mechón, lo mira y procede a dar su opinión de peluquera experta: "Poco pelo" (hijaputa).

Lo siguiente que me chocó fue que me hiciera caso. Esto no suelen hacerlo las peluqueras tradicionales, a las que normalmente les tienes que pedir la mitad de lo que quieres: si quieres cortarte cuatro dedos, pide dos; si quieres flequillo largo, dile que sólo quieres desfilarte un poco; si no quieres que te echen crema ni sérum, prepárate para entrar en una batalla a muerte por el derecho a decidir qué quieres hacer con tu pelo.

Y así, tan contenta, en menos de media hora y con un corte de pelo actual, acorde a mi edad y económico, me fui a casa y no volví a acordarme de la peluquería china... hasta hace unos días, cuando Hell's Tea me preguntó qué tal era, porque quería cortarse el pelo y peinarse. Por ahorrar tiempo, digamos que vivió el mismo proceso que yo, pero comentando la jugada por wasap, con unas planchas por medio y con El Chino Gayer del Flequillo Teñido en vez de La Jefa.

Esta tarde hemos vuelto, porque abren los domingos, a Hell's Tea le daba una pereza sobrehumana lavarse el pelo con el chorrillo gélido ridículo que sale de la ducha de casa de su suegra y ya habían pasado muchos meses desde mi anterior expedición, por lo que ya iba tocando cortarse otra vez el pelo. Antes de ir, Hell's Tea investigó la peluquería en Google. Al volver a casa hice lo mismo, y el primer resultado que salió en Google fue "Peluquerías chinas con sorpresa - Foro de putas".

Ahora entendemos mejor por qué se pueden permitir esos precios, no sin cierto miedo a que nos cierren la peluquería en una redada y tengamos que buscar al Chino Gayer del Flequillo Teñido por todo Madrid para que vuelva a cortarnos el pelo.

viernes, 20 de diciembre de 2013

2013 letra a letra

Venga, que sé que os encanta esta costumbre que le plagié a Hell's Tea. A ver cuántas trampas tengo que hacer este año para llenar todas las letras.

A: amistad. Entre las madres primerizas, las expatriadas, los que no tienen tiempo, los horarios incompatibles (principalmente el mío) y otras zarandajas, lo cierto es que el contacto virtual pesa más que el contacto físico. Aún así, reconforta mucho saber que siempre habrá alguien al otro lado de la pantalla o del teléfono para atender cualquier crisis (incluida la de los 27, que afortunadamente ya pasó).

B: boda. Este año sólo fue una pero la rodearon taaaantas cosas que es como si hubieran sido siete. Entre la despedida tróspida que nos montamos dos días antes de la boda (con su cúmulo correspondiente de contratiempos), que al día siguiente había que ir a currar y el viaje de ida y vuelta hasta el fin del mundo (65 kilómetros desde Fuenlabrada), creo que aún necesito que el acontecimiento se diluya un poco más en el tiempo para superar la paliza que supuso todo aquello.

C: cocinar. Es algo que siempre me ha dado muchísima pereza. No es que me disguste ni que se me dé mal, simplemente no tengo paciencia para tirarme dos horas preparando algo elaboradísimo mientras me va entrando hambre. Aún así, hago mis experimentos, que no suelen salir mal.

D: dejadez. Pero mucha mucha mucha. Falta de tiempo, cansancio, pereza... lo que sea, pero llevo ya demasiado tiempo teniendo la sensación de que no llego a todo. Así está el blog, como un descampado.

E: entrenar. Concretamente, para la San Silvestre. Es mi objetivo de este año y en unos días veré si lo cumplo.

F: fuerza de voluntad. Reconozco que un poquito más de esto no me vendría mal, principalmente para superar la D.

G: gimnasio. He descubierto actividades maravillosas, como el pilates, el GAP o el core. De no ser por el rato que paso allí todas las mañanas, a estas alturas ya estaría en prisión preventiva por homicidio, posiblemente múltiple.

H: horarios. En la carrera de Periodismo deberían quitar tanta asignatura inútil y poner algo enfocado a la vida laboral, incluyendo una asignatura que te vaya preparando mentalmente para los horarios que vas a tener si algún día consigues encontrar un trabajo en esta noble profesión.

I: Ichabod Crane. La serie de Sleepy Hollow ha sido el mayor descubrimiento del año, al menos para mí. Como ahora tardo menos en llegar a casa, puedo ver series antes de acostarme, y esta es una de las más ayudan a desconectar (sin ser tan estrambótica como el porno vampírico de True Blood).

J: John Watson. No puedo esperar hasta el 2 de enero de 2014 (que será el día en que me la baje) para ver la tercera temporada de Sherlock, ¡la quiero ya!

K: kilos. Este año no me ha tocado ganar, me ha tocado perder. Parece que ya me voy estabilizando, pero el próximo que me diga "estás más delgada" corre peligro de sufrir una agresión grave.

L: lágrimas. Puedo poner fecha exacta a casi todas las veces que he llorado por motivos laborales. No se lo recomiendo a nadie, en serio.

M: mudanza. El acontecimiento del año, sin duda alguna. Mudarse solo es jodido y una casa da un cojón y medio de trabajo, pero yo estoy encantada de la vida. En invierno un poco menos, porque la calefacción es un poco deficitaria en esta casa (por no decir directamente inexistente).

N: noticias. ¿Es cosa mía o este año hemos tenido saturación de acontecimientos? Que si los papeles de Bárcenas, las imputaciones y desimputaciones de la infanta, las corruptelas varias, el descarrilamiento de Santiago, el juicio del Prestige, la 'doctrina Parot', la cantidad de gente conocida que ha muerto... y aún así los periodistas nos las vemos y nos las deseamos para llenar todos los días minutos y portadas. El resumen anual de 2013 va a venir bien cargadito.

O: ortodoncia. Por mí me la quitaría ya, porque yo me veo estupenda y tengo unas ganas tremendas de comerme un chicle, pero mi dentista dice que aguante. Le haremos caso, que ella sabe de esto más que yo.

P: plancha. Fue independizarme, y que la plancha entrara directamente en la lista de cosas que más odio en el mundo. Y, además, en un puesto muy alto. Creo que es la pérdida de tiempo más grande inventada por el ser humano: emplear dos horas en planchar un montón de ropa que sólo vas a poder usar una vez no es nada eficiente.

Q: QuarXPress. Lo que se echa de menos la maquetación en papel (concretamente opciones como el track y el kern) cuando todos los días de tu vida tienes que cuadrar titulares y entradillas en una web. Los medios habrán evolucionado, pero quienes trabajamos en ellos seguimos pensando en papel.

R: reloj. Mi reloj de piloto (lo llamo así porque tiene tres esferas para tres zonas horarias) con una esfera parada, otra adelantada y una raja de arriba abajo en el cristal es una imagen que habla más que mil palabras. Prometo llevarlo a arreglar en cuanto pueda, que será cuando me reconcilie con la gestión diaria del tiempo.

S: salud. Este año he pasado más tiempo del habitual por hospitales y consultas (vamos, que he tenido que ir más veces que la habitual recogida de las recetas de la alergia en primavera), pero ya está todo controlado. A ver qué tal se porta 2014.

T: terraza. Lo mejor de esta casa, sin duda. Bueno, ahora en invierno me sirve para lo mismo que a un pingüino una nevera, pero mientras hace bueno es la leche poder sentarme un rato con mi té a pasar el rato (aunque las vistas se limitan al bloque de enfrente y una calle en la que nunca ocurre nada interesante, excepto las dos veces que han venido a cargar contenedores marítimos).

U: urbanismo. Algo en lo que nadie pensó cuando se construyó el barrio en el que llevo unos meses viviendo.

V: viaje. Este año he cometido la imprudencia de viajar con mis padres al extranjero. Hacía mucho que no viajaba con ellos al mismo sitio y, de pronto, recordé el motivo: mi madre. Ahora va contándole a todo el mundo que Berlín le encantó y que se lo pasó divinamente, pero eso no es lo que yo recuerdo...

W: whatsapp (o wasap). El año pasado era mi padre con su smartphone y la malignidad de los grupos, este año la mención es positiva (bueno, más o menos), porque es la mejor manera de criticar cruelmente cuando te da un 'calentón' y necesitas poner a parir a alguien.

X: Xabi Alonso. No él en persona (que está bastante bien), sino un libro que me regalaron que tiene que ver con él y que es el ejemplo de que ser buena gente a veces tiene su recompensa.

Y: Yo Donna. Una de tantas revistas femeninas que cualquier día al llegar a casa puedo encontrarme bloqueando en buzón. Mi casera tiene por costumbre pasármelas cuando se cansa de ellas y ahí están, acumulándose hasta que tenga una cantidad suficiente para bajar a reciclarlas. No me voy a culturizar, pero al menos salvaré unos cuantos árboles.

Z: zzzzz. Me voy a dormir, que ya he cumplido. Dormir es otra de las muchas cosas que debería hacer más.

lunes, 11 de noviembre de 2013

Estudio de mercado

Cuando me fui a vivir sola, mi madre sólo parecía tener una única preocupación. ¿Que me resbalara en la ducha, me esnucara y nadie se enterara? No. ¿Quién bajaría a comprarme frenadol a la farmacia si me entraba un gripazo? Tampoco. ¿Que me dejara abierto el gas? Menos. La única preocupación de mi señora madre era la compra.

"¿Y cómo vas a hacer la compra?", me preguntó horrorizada esa mujer a la que llamo mamá. Se me ocurrían tres posibles respuestas:
  1. ¿Ein?
  2. Si conseguí hacer la compra en Alemania, puedo sobrevivir en Madrid (también es cierto que nunca llegué a averiguar en qué pasillo estaba la sal, pero para eso ya había un bote grande en la cocina que decidí que era común).
  3. En el supermercado.
Mi madre, para algunas cosas, es muy de "yo a tu edad" pero para otras parece que se le olvida que soy una persona adulta, con estudios y esas cosas. También se le olvida que en mi barrio hay por lo menos ocho supermercados de cadenas distintas, sin contar el mercado "de toda la vida" y las tiendas de barrio.

De momento, me encuentro inmersa en un proceso de estudio de las posibilidades que ofrece el barrio, que son muchas y muy variadas. Entre los básicos, ya he elegido frutería y en qué supermercado comprar la leche. En otras cosas concretas también tengo favoritos, pero otros productos aún están por definir. Los criterios son: precio, calidad, cercanía y trato.

Por el momento, tengo algunas reflexiones que pueden ser útiles a cualquiera que esté en mi situación:

  • La frutería que está llena de viejas de las que empujan, bloquean el pasillo y se cuelan no suele decepcionar.
  • El té normal del Eroski sabe como el que te sirven en algunos desayunos de prensa y en ciertas compañías aéreas.
  • El té verde con limón del Mercadona tiene cierto parecido con el agua de fregar, pero el Earl Grey es más que aceptable. El rojo también se salva y las infusiones frías debería prohibirlas el Tribunal de Estrasburgo.
  • Las manzanas del Supersol las ha recogido el doctor Zoidberg.
  • Las nueces son caras, da igual cuántos comercios visites para comparar precios.
  • Cola-Cao debería plantearse ampliar la distribución del paquete de 1,2 kilos.1
  • Los yogures de fresa del Supersol llevan un colorante muy chungo que da mucho miedo.
  • Regalo caja casi entera de rollitos de primavera congelados del Lidl. Sólo falta uno.

martes, 22 de octubre de 2013

F

Todo empezó con una foto. Una foto hecha en el trabajo. Más de veinte personas, sólo cinco mujeres. A partir de ahí, se desataron los comentarios de amigos, familiares, compañeros de trabajo... Creo que, hasta entonces, nadie había sido capaz de medir el alcance.

Es entonces cuando te das cuenta de que un cromosoma con una patita de más no implica sólo una letra en el DNI, un letrero en la puerta de un servicio o en qué tienda te compras la ropa. Siempre pensé que, en Europa y el pleno siglo XXI, estas cosas ya no ocurrían, y menos en una profesión hasta arriba de mujeres.

Siempre había estado ahí, en la oficina, pero, hasta el día de la foto, nadie había hecho ningún comentario, más allá de lo obvio y siempre fuera del horario de trabajo y con una cerveza o una copa en la mano. Ese día fue diferente y fue un chico el que rompió el silencio: "vosotras no sois mujeres, sois supervivientes".

Horas después, y ya fuera del trabajo, el mismo compañero se despachó a gusto, aunque simplemente dijo lo que todos teníamos en la cabeza desde hacía ya tiempo. "A Fulanita la echaron porque se conoce que ya había demasiadas mujeres". "Si la becaria, en vez de Menganita, se hubiera llamado Manolo, aún seguiría con nosotros". "Es escandaloso, en las reuniones sólo hay una mujer y además no le dejan hablar".

Los demás, todos chicos, le daban la razón. Y yo, recién salida del trabajo, recordé de golpe todo lo que he visto, oído y vivido durante los dos últimos años: ver cómo el jefe le saca los colores a tu compañera por ir 'mona' a trabajar (o que te saque los colores a ti misma por llevar las uñas pintadas); que no pase nada porque dos compañeros estén de pie hablando de fútbol pero que te devuelvan inmediatamente a tu mesa por ir a pedir o a preguntarle algo a un compañero que necesitas para el trabajo que estás haciendo en ese momento; el mismo jefe, que entra por la puerta y va directo a saludar a los chicos, pasando de largo por tu sitio sin decir ni una sola palabra, día tras día; si estás al teléfono con alguien del trabajo que está fuera de la redacción y necesita algo estás "hablando con tus novios" pero tus compañeros entran y salen durante todo el día con el teléfono en la mano sin que nadie cuestione con quién están hablando.

Es curioso, parece que cuando es otro (en masculino) quien rompe el silencio los argumentos tienen más autoridad.

martes, 15 de octubre de 2013

28 cosas (más una semana)

Los habituales sabréis que cada año publico algo el día de mi cumpleaños. Este año lo haré una semana después. No por nada, simplemente porque cuando tu trabajo es escribir, lo que menos te apetece al llegar a casa es seguir escribiendo. Claro, que así tengo el blog.

Este año, aprovecho el número para hacer una lista de esas que tan bien suelen tirar en Internet. A ver si consigo completar todas (y sin hacer trampas, no como en los ABC anuales).

  1. Nací por cesárea.
  2. Creo que mi madre hubiera preferido un chico.
  3. Me iba a llamar Alba, pero en el último momento mi padre pensó que, con lo bien que hablan algunos familiares de esos que todo el mundo tiene en 'el pueblo', era tentar a la suerte y acabarían llamándome como al papel de cocina.
  4. Después de nacer, mi padre me llevó a hacerme los agujeros para los pendientes sin pedirle permiso a mi madre, que se vengó años después (ver 21).
  5. No tengo hermanos.
  6. Al contrario que la mayoría de los niños, aprendí a hablar antes que a andar.
  7. Con dos años, le llené a mi tía de patitos (o lo que a mí me parecían patitos por aquel entonces) toda una pared hasta mi altura de su casa en la playa.
  8. Tengo recuerdos anteriores a la caída del Muro de Berlín, aunque un poco difusos.
  9. No recuerdo cuándo aprendí a leer.
  10. Mis primeros libros fueron 'Asterix y los colores' y 'El niño descubre'. El segundo no me gustaba.
  11. Mi primer día de cole, mientras esperaba con mi madre, me salió sangre de la nariz. No entiendo por qué, porque ya llevaba un par de años yendo a la guardería.
  12. Me he metido en charcos (con consecuencias catastróficas) al menos tres veces.
  13. Pasé directamente de la serie blanca a la serie naranja de El Barco de Vapor.
  14. Siempre he odiado que me hagan fotos.
  15. Las únicas mascotas que mis padres me dejaron tener eran pájaros. Uno se escapó y otro murió de viejo cuando estaba en bachillerato (yo, al canario nunca lo escolarizamos).
  16. Un desastrosísimo examen de química en secundaria inclinó la balanza en favor de las letras.
  17. Cuando estaba en primero de bachillerato pesaba 42 kilos. Que nadie piense en trastornos alimenticios, es que tuve una bacteria.
  18. Saqué dos sobresalientes en selectividad (un 9 y un 10). En otro examen dejé sin contestar una pregunta y no me pasó nada.
  19. Cuando cumplí 18 años, mis padres encargaron una tarta que decía "Felicidades. Ya puedes votar".
  20. Voté por primera vez en las autonómicas en octubre de 2003, gracias al 'tamayazo".
  21. Mi madre esperó pacientemente a que tuviera 18 años y un piercing en la nariz para echarle en cara a mi padre lo de los agujeros de las orejas (ver 4).
  22. Mi primer trabajo fue envolviendo regalos en una campaña de Navidad. Repetí al año siguiente.
  23. No tuve viaje de fin de carrera.
  24. Aún no he recogido mi título de alemán. Si quisiera hacerlo, tendría que volver a pagar las tasas, porque perdí el recibo y en la Escuela de Idiomas juran y perjuran que no lo tienen.
  25. Tengo una afición un poco preocupante al material de papelería.
  26. Nunca salgo de casa sin reloj, salvo cuando voy al gimnasio.
  27. No sé cuánto peso.
  28. Lo más lejos que he llegado ha sido hasta la Costa Oeste de Estados Unidos.

viernes, 16 de agosto de 2013

Planazo de viernes

¿Qué mejor para un viernes de puente (que no es puente para todo el mundo) que estar tirado en casa? Si especifico que es por enfermedad, la cosa ya cambia. Y si se van sumando pequeñas situaciones desesperantes a lo largo del día, ya ni te cuento.

Efectivamente, me he levantado que no era personal, animal ni cosa. Simplemente, no era. Aclaro que no se debe a nada que hiciera el día anterior. Como no soy de los afortunados que tienen puente, me ha tocado avisar en el trabajo de que no podía ir y que buscaran un apaño (la situación de mi turno daría para otro post, pero hace tiempo que decidí no hablar de trabajo). Parece ser que, en mi ausencia, se ha montado un pequeño "debate" motivado por la credibilidad de mi estado, que ha actuado como detonante y ha prendido la mecha de ciertas rencillas personales. Creo que alguien ha estado a punto de llevarse una hostia de las de mano abierta.

Voy a encender el calentador para, por lo menos, darme una ducha y ver si me sirve para despejarme algo y no prende. Estupendo, con los caseros de vacaciones hasta septiembre. Empieza la odisea telefónica.

Primera llamada: a la empresa responsable de la instalación y su mantenimiento.

Voz enlatada de ONO: El número marcado no se encuentra disponible.

Viendo que esto no va a ninguna parte, llamo a la compañía del gas, a ver qué me cuentan, aunque no tengo mucha fe en que puedan hacer algo por mí. La primera teleoperadora de la compañía del gas me rebota a otro teléfono. Desde el teléfono 2 de la compañía del gas me rebotan a un tercer teléfono. La conversación en el teléfono 3 es (más o menos) la que sigue:

Teleoperadora #3: ¿Me dice a nombre de quién está el contrato?
Yo: Xxxx Xxxxxx Xxxxxxxx
T3: No me sale nada. ¿Seguro que pone ese nombre en el contrato?
Yo: Pues... sí
T3: Pues no me sale nada. ¿Pongo la incidencia a su nombre?
Yo: Vale [¿acaso tengo más opciones?]
T3: Apunte el número de la incidencia y déjeme un teléfono de contacto.
Apunto el número de la incidencia y dejo un teléfono de contacto.

Al rato, me llama un técnico, visiblemente cabreado, diciendo que la avería no es de su negociado (a mí tampoco me parecía que una avería en el calentador pudiera ser cosa de la compañía del gas, pero ellos verán por qué la han tramitado) y que haga el favor de llamar a averías para que retiren la incidencia, que si no le va a estar saltando la incidencia todo el día. Llamo otra vez y lo coge la misma teleoperadora.

T3: ¿Me dice el número de la incidencia?
Yo: Tal
T3: Pues no me sale nada
Yo: Espere, se lo repito...
T3: Nada, no sale nada. ¿Seguro que es ese número?
Yo: Pues... sí
T3: Pues no me sale nada. Le habremos dado mal el número.

Vuelvo a probar con el número que no se encontraba disponible. Marco, no da tono y salen ruidos como de si me hubieran pinchado el teléfono. Escucho claramente a un señor que le pide a otro una bolsa. Decido aplicar una solución de alta tecnología: apago el teléfono y vuelvo a encenderlo. Vuelven a salir los ruidos de teléfono pinchado. Al cuarto intento ya dejo de oír psicofonías y me coge el teléfono una señorita que me dice que ellos no hacen reparaciones (aunque en el contrato, del año 2 a.C. pone que sí) y me da el número de la compañía del gas. Le explico que ya he probado y no ha habido resultado. Extrañada, me da el número del fabricante del calentador. Si quiere le paso al técnico enfurecido y que se lo explique tan bien y con tanto tacto como me lo ha explicado a mí.

Pruebo suerte con el fabricante del calentador y me contesta la típica grabación que te pide que, por favor, te mantengas a la espera porque todos sus agentes están ocupados. Tres minutos después, una señorita apunta mi número y un teléfono de contacto y me dice que ya me llamarán ellos, que ahora no tienen a nadie que pueda atenderme (¿?). Obviamente, no me llaman.

Siguiente paso: llamar a los dueños de la casa y joderles un poco las vacaciones. Esto tampoco ha dado frutos y sólo me ha servido para salir a la calle en mi lamentable estado, con un calor del copón, para ver que el sitio al que me han mandado está cerrado por vacaciones hasta el lunes. El calentador no podía aguantar dos días más. Por lo menos estaba cerca y la excursión no ha durado ni diez minutos. Esa era la segunda opción que me han dado; la primera ha sido llamar a mi padre, que, además de ser empleado de banca (profesión superútil para arreglar un calentador, como todo el mundo sabe) está de puente, como la gente normal.

Un poquito hasta las narices y con mucho peor cuerpo que antes de la excursión (Madrid en agosto está para pocos paseos), he vuelto a llamar al servicio técnico del calentador. Esta vez ha habido más suerte y parece que no todos los agentes estaban ocupados. Con la tontería, ya es la una y algo de la tarde, así que tendré suerte si vuelven a contactar conmigo a lo largo del día... pero no.

Invocando a la ley de Murphy (y dado que el calentador no tiene botón de reinicio ni se puede apagar y volver a encender), he decidido jugármelo todo a una carta: fregar los platos y ducharme con agua fría y tratar de encender el calentador más tarde (por aquello de que las cosas tienen vida propia y funcionan cuando ya no las necesitas).  Pues nada, se conoce que hasta el tal Murphy está de puente.