domingo, 1 de enero de 2012

Operación Nochevieja

Después de no pocos desajustes, la Nochevieja se presentó con el mismo plan que otros años: ir a un barrio del este de Madrid, donde viven Gamab y dos de mis amigas, y salir por la zona de copas de allí. A priori no parece gran cosa, pero como este año tampoco me ha llegado la invitación al concierto de año nuevo de Viena (empiezo a sospechar que el cartero se queda con ellas) es lo que hay.

Pero el grueso de la "Operación Nochevieja" empezó con los preparativos.

Primera parte: ¿qué me pongo?

Lo de ser tres personas para un solo baño ya lo tenemos superado en esta casa. A lo largo de los años, ha habido tiempo de sobra para ensayos y errores y parece que ya más o menos estamos coordinados. Bueno, más o menos porque las madres, especialmente la mía, se rigen por la energía de la improbabilidad infinita y nunca sabes cuándo ni cómo te la van a liar.

Aún así, hay discusiones que son inevitables. Por ejemplo, la corbata de mi padre. El problema es que tiene que ir todos los días a trabajar con traje y corbata, con lo cual no le hace ninguna gracia salir también con lo que yo llamo "ropa de oficinista". Mi madre usa a veces el teléfono para chantajearnos, así que llamó a mi tía para enterarse de si mi tío llevaría corbata o no (sabiendo que sí) y hacer presión.

Madre - Pues éste no se quiere poner corbata. Es capaz de ir en calzoncillos.
Padre - Sí, pero rojos, que estamos en Nochevieja.

Por suerte no cumplió la amenaza.

Segunda parte: y yo con estos pelos

Arreglado el tema de la ropa, hay que peinarse. Saqué el rizador de pelo pensando que quedaría tan estupenda como Zoey Deschanel pero el resultado, de primeras, se parecía más a Soraya Sáenz de Santamaría, flequillo horrendo incluido. Menos mal que luego se arregló. Mi madre no sé qué intenciones tendría en un principio pero el resultado fue indescriptible.

Madre - Yo ya casi estoy.
Laura - Tendrás que peinarte.
Madre - Ya me he peinado.
Laura - No, en serio.
Madre - En serio.

Mejor no seguir, no quiero terminar el año discutiendo.

Tercera parte: a por uvas

Todos los años sobran uvas para comer fruta durante unos cuantos días más. Este año había 35, lo que significa que tocábamos a 11,33 uvas por cabeza. Bueno, más que uvas parecían... que sé yo, eran enormes y ahora no se me ocurre ningún símil. Para colmo, mi madre se empeñó en que este año no les quitaban las pepitas, sólo la piel.

Echamos las 35 uvas en un tupper y fuimos a casa de mis tíos, donde hasta las 21.00 no sabían que íbamos a aparecer por allí, a pesar de que mi querida madre había decidido esa misma mañana que nos tomaríamos las uvas todos juntos. Parece ser que era una decisión unilateral pero por suerte nos acogieron y nos dieron una uva de más. Claro, que se la podrían haber ahorrado.

Cada año he cumplido escrupulosamente con la tradición de las doce uvas y nunca han me han sobrado ni faltado ni he ido pillada de tiempo. Este año no fue así. Decidí que el reloj de la Puerta del Sol y yo tenemos ritmos diferentes, así que empecé el año cuando me pareció. Concretamente, cuatro uvas después que el resto de España (excepto Canarias). Como me salga bien 2012, pienso repetir la maniobra año tras año.

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No quiero cerrar mi especial año nuevo sin una mención especial, que es para los locutores que estaban de guardia en RNE. No es por la putada de trabajar en fin de año ni por solidaridad con otros medios de comunicación, es porque llevaban la madre de todas las tajadas. Según iba avanzando el programa se notaba cómo les costaba más leer y vocalizar. Por si fuera poco, hubo un momento en que se vinieron arriba y empezaron a poner congas. Me hubiera gustado averiguar tres cosas:

a) Cómo dieron las campanadas
b) La que tendrían montada en el estudio
c) En qué estado llegaron al final del programa

jueves, 22 de diciembre de 2011

2011 letra a letra

A: Alemania. Mola volver a Berlín y sentirse como si no hubiera pasado el tiempo. Bueno, quitando que cada vez que vuelvo me encuentro que han cerrado algo que me gustaba, hacen cambios en la red de metro (menos la línea 2, que sigue en obras dos años y pico después) o la fauna en ciertas zonas de la ciudad se va volviendo más hostiable (malditos hipsters, no tenían suficiente con Londres). No lo pongo en la B (de Berlín, obviamente) porque esa letra la tengo reservada para otro acontecimiento.

B: boda, (aka The Event). El bodorrio de Hell's Tea y su marido (antes marío) coincidió con el día de mi vigésimo sexto cumpleaños. A pesar de todo lo que pasó antes y durante, todo salió estupendamente. (modo sentimental on) No les voy a desear que sean felices juntos porque no hace falta, lo han sido desde que les conozco y no creo que vayan a dejar de serlo ahora (modo sentimental off).

C: campaña electoral. Y no una, sino dos. Me tocó comerme las elecciones municipales y autonómicas en la prensa local y después me tocó comerme las elecciones generales en un periódico digital. Menos mal que hasta dentro de cuatro años no volverán a dar el coñazo (espero).

D: deporte. No por el trabajo, porque cuando se creó el medio en cuestión se decidió que el deporte era prescindible. Después de varios intentos de tener un horario (y una vida) he conseguido sacar tiempo por las mañanas para ir al gimnasio y a la piscina. Mi espalda lo agradece.

E: escaqueador. Todos tenemos un compañero de trabajo al que nos gustaría asesinar a sangre fría, trocearlo, meterlo en bolsas de basura y tirarlo al mar (cosa bastante complicada en Madrid, por cierto). El mío es todo un especialista en el noble arte del escaqueo y sé a ciencia cierta que no soy la única persona de la redacción que lo dejaría expuesto a su oscuro pasajero.

F: ficción. Mi vicio por la series no hace más que aumentar. También es cierto que con los horarios que tengo hay pocas opciones en la tele. Este año se han incorporado a la lista Pan Am y New girl y he recuperado Psych. Sospecho que este mes de parones me engancharé a Breaking bad o Boardwalk Empire y retomaré A dos metros bajo tierra.

G: genitivo plural. Las clases de ruso han conseguido algo que parecía impensable: que alguien eche de menos la gramática alemana.

H: horario. No es normal tener de esto siendo periodista pero yo lo he conseguido (a ver lo que dura). Además hay gente maja dispuesta a colaborar para que puedas tener algo de vida fuera del trabajo de vez en cuando (algo que no siempre se consigue, como ya ha demostrado la experiencia) y entro a trabajar de día durante todo el año.

I: Internet. Desde que he descubierto que puedo comprar por Internet, como que me da menos pereza eso de comprar ropa. También han caído zapatos y algún que otro complemento. Ya no tengo necesidad de agobiarme en los centros comerciales ni de pasarme la tarde de tienda en tienda para volver a casa cabreada porque no encuentro nada que me guste y no cueste un riñón y medio hígado. Y además me lo mandan a casa.

J: jefes. No os imagináis la enorme satisfacción que se siente al decirle que no a un jefe impresentable e insoportable y largarse del trabajo. Ahora tengo jefes que confían en mí y que están contentos con mi trabajo (y si no lo están, mienten muy bien). Eso no quita que a veces no eche de menos a mi jefa maja, pero sigo en contacto con ella.

K: Kindle. Los regalos de reyes pierden misterio cuando tu padre dice "entra en Amazon y encárgate el libro electrónico ese que tienen". Está claro que le voy a sacar provecho, porque sigo manteniendo la sana costumbre de leer en el tren/metro. La putada es que tengo que aguantar dos semanas con el trasto en casa sin poder arrimarme a él, porque aquí somos más de Reyes Magos que de Papá Noel, así que el Kindle ya será de 2012 más que de 2011. Por lo menos no me hizo encargar mi propio regalo con cargo a mi tarjeta de crédito.

L: lagartija. No tiene nada que ver con la operación "Lagarto-lagarto" de Airevisual (gran momentazo de mis chicas en Twitter), más bien con la fauna indeterminada que me encuentro todas las mañanas. Porque en la zona donde está mi trabajo otra cosa no, pero todavía quedan muchos descampados por urbanizar. Cosas de la burbuja inmobiliaria, que los constructores empezaron a ampliar Madrid y se quedaron a medias.

M: mañana. La gente con horarios normales trabaja por la mañana y hace el resto de cosas por la tarde. Yo voy al revés, soy así de estupenda. Lo bueno es que por la mañana hay menos gente en todas partes y no pillo la hora punta, excepto un rato los viernes, por aquello de la jornada intensiva.

N: noticia. De momento no parece que vaya a descubrir el Watergate ni nada parecido, pero ya he dado un comunicado de ETA, unas elecciones generales y un nombramiento de ministros. Y lo que vendrá.

Ñ: nada, ésta ni tirando del diccionario Espasa.

O: ornitorrinco. Otro regalo de reyes que no va a ser sorpresa. Esta vez ha sido culpa mía, que soy muy dada a decir de coña cosas que luego resultan ser verdad.

P: periodismo. Esa noble profesión tan desprestigiada últimamente pero que a mí, por alguna razón inexplicable, me encanta. Tengo trabajo "de lo mío" y me gusta, que ya es más de lo que puede decir mucha gente en los tiempos que corren. Ahora sólo falta que me suban un pelín el sueldo, que con 26 años ya hay que ir pensando en independizarse.

Q: quedada. Ya se sabe: lo que no has hecho en todo el año, lo dejas para diciembre. En esas estoy, aprovechando que he pillado unos días libres para quedar con la gente que tengo por ahí desperdigada. De momento, La Vaga (que pasará unos días en Madrid después de salir de Canadá y antes de irse a Polonia), un excompañero de mis tiempos de becaria (todos los años quedamos, ya es tradición), Hell's Tea, mi jefa maja y la diseñadora del trabajo anterior (antes de que se marche a Londres). Lo mejor de todo es que he tenido que apiñar a toda esta gente en dos días.

R: reportaje. Cuando empecé en mi nuevo trabajo me sentía un poco engañada. Resulta que salí bastante mal parada en el reparto de tareas, que se hizo de una manera totalmente arbitraria. Ahora parece que las cosas se están poniendo en orden poco a poco y ahora al menos puedo (más bien debo) sacar un tema propio cada semana. No está mal, aunque tiene sus "peros", que aparecerán más adelante (en la W).

S: smartphone. Dos, como las campañas electorales. Tras un cabreo monumental con mi compañía de móvil de toda la vida y sus correspondientes llamadas a desatención al cliente para decirles que por qué coño me estaban cobrando de más, decidí cambiarme de compañía. Ahí llegó el primer smartphone. El segundo entró en mi vida apenas una semana después, cuando la empresa decidió que debía tenerme controlada. Ahora voy por la vida con un "call center" en el bolsillo.

T: transporte público. Cambiar un trabajo casi en la sierra por un trabajo dentro del término municipal de Madrid no significa ganar tiempo. Es más, tardo prácticamente lo mismo, por las infernales combinaciones de transporte público. Desde aquí, lanzo una propuesta a la Comunidad de Madrid (que ya sé qu eni me lee ni me va a hacer caso): si se abre una salida a la estación de Fuencarral por el otro lado, toda la zona de Las Tablas tendría Cercanías (y yo tardaría como unos 20-25 minutos menos en llegar al trabajo). Señor consejero de Transporte, piénselo.

U: urgencias. Este año he tenido que ir más veces que durante el resto de mi vida. No entraremos a hablar de cómo está la sanidad últimamente, pero no es normal (o no debería serlo) que te tengan cuatro horas esperando para diagnosticarte algo que no tienes sin hacerte ni una sola prueba ni que tengas que ir tres veces en la misma semana con la misma historia.

V: del nombre de mi nuevo trabajo. Y hasta aquí puedo leer.

W: welt.de. Es la dirección de la versión on-line de Die Welt. El subdirector se ha aficionado a los temas que rapiño de la prensa internacional. Es culpa mía, desde el momento en que me presenté en su despacho con un tema de los que a él le gustan (bancos centrales, fraudes fiscales a gran escala y ese tipo de cosas). Ahora tengo que rapiñar un tema por semana, con el agravante de que a veces me manda informes económicos en inglés para completar. Lo bueno es que no puedo quejarme de tener abandonados los idiomas; lo malo es que empiezo a sospechar que si algún día salgo de la no-sección donde estoy será para entrar en economía.

X: XXVI (26). Para rellenar ciertas letras hay que acudir a trampas de este tipo, que no siempre es fácil. Como ya se encargó de recordarme más de uno el día de mi cumpleaños, ya estoy más cerca de los 30. Lo rápido que pasa el tiempo y la de cosas que me quedan todavía por hacer, oyes.

Y: yogur. Desde que como con horario europeo y ceno con la hora de Canarias, las tardes se hacen muy largas para mi estómago, recuperando la sana costumbre de merendar. Los yogures del Lidl son maravillosos para este fin.

Z: zzzzzzz. Sí, dormir. Durante este año he pasado por todos los estados posibles: estar muerta de sueño (cuando estuve pluriempleada), dormir poco y mal (cuando las cosas se pusieron feas en el trabajo anterior y salía quemada de trabajar cada día) y volver a dormir como una persona (desde que tengo cierta estabilidad y unos horarios en condiciones). Intentaremos mantenerlo en 2012.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Gente rara

Lo bueno de estar en un edificio de oficinas de tamaño medio es que ves mucha gente. Bueno, si coincides con sus horarios, claro. Aún no están ocupadas las 15 oficinas pero es agradable cruzarse con alguien en el ascensor de vez en cuando. Y a veces hasta da para una historia curiosa.

Lunes, hora de entrar a trabajar. Frente al ascensor hay dos chicos. Altísimos, monísimos, extranjeros. Estaban hablando sobre el trabajo y otros menesteres delante de la puerta del ascensor. Supuse que estaban esperando pero supuse mucho. Después de mucho rato sin oir ruidos al otro lado de la puerta, me da por mirar el botón: no han llamado al ascensor. Tranquilos, chavales, que ya llamo yo.

Se abren las puertas y entramos los tres. Yo pulso el botón correspondiente; ellos no. Pues no creo que vayamos a la misma planta, porque en ese piso sólo está mi trabajo, ellos verán. Llegamos a la planta correspondiente y se quedan mirando la pantallita con el número, como asombrados.

Me bajé y se quedaron allí. No sé si se quedaron allí dentro esperando a que alguien fuera a la planta que les venía bien o decidieron que era un buen momento para tener un poco más de iniciativa y pulsar el botón, quién sabe.

martes, 6 de diciembre de 2011

Historias de Berlín (vol. I): Ich hasse den S-Bahn (odio el Cercanías)

Que quede claro que este puente no voy a ir a ningún sitio pero me habéis dado envidia. La gente está subiendo como loca a Facebook y Twitter fotos de sitios guays que tienen fuentes de chocolate o pistas de patinaje y a una, que no es de piedra, le entra la envidia. Como he ido dejando "para luego" el relato de mis "vacaciones" de este verano (a excepción de la teoría de los calcetines perdidos y alguna cosa más), al final me he plantado en el puente de diciembre sin haber publicado ni una sola de las historias que tenía en mente. Pues aquí va la primera.

Siguiendo la recomendación del novio de una compañera de la universidad, se llamará "Ich hasse den S-Bahn", que traducido al español vendría a ser "Odio el Cercanías". También se puede aplicar a Madrid, sobre todo los viernes, que parece que ya están ensayando para el fin de semana. O cuando tienen la maldita manía de no reportar las incidencias aunque sea obvio que algo falla.

Mi primera semana en Berlín fue muy ajetreada y cada tarde me salía un plan distinto. Entre los que viven allí y los que pasaban por allí, llené mi agenda de compromisos sociales, hasta tal punto que justo una semana después de haber llegado decidí que me merecía un día de descanso, en el que lo único que hice fue hacer fotos, bajarme al parque a leer un libro y descargarme una película de Ken Loach. Pero el día anterior (es decir, el viernes) fue el horror, como diría Robert Duvall, en gran parte gracias al S-Bahn, primo alemán de nuestro querido Cercanías.

Entre toda la gente con la que coincidí en Berlín, estaba un compañero de la EOI. El chico necesitaba una desconexión y pensó que lo mejor sería irse un mes a hacer turismo con la excusa de las becas de idiomas que da el Ministerio de Cultura. Ese mismo día, por la noche, llegaba su novia, en el último vuelo de EasyJet, que llega a la capital germana cerca de la medianoche. Normalmente se tarda menos de una hora en llegar al aeropuerto de Schönefeld (el cutre que hay en el sur) pero, por si acaso, salimos con hora y media de antelación, para curarnos en salud.

Y menos mal que salimos con hora y media de antelación, porque si no todavía seguiríamos allí. El caso es que los señores que manejan los trenes tienen manías muy raras, por ejemplo, no avisarte de que han quitado un tren hasta que ese tren debería estar pasando. Esto significa que tú estás tranquilamente esperando un tren al que le quedan diez minutos para llegar. Cuando pasan esos diez minutos, el tren no viene pero en la estación tienen la amabilidad de ponerte en el panel que ese tren no pasa. Pues muy bien, esperemos al siguiente. Si a eso le añadimos que era viernes por la noche y, por tanto, ya funcionaban con el horario de fin de semana por la noche, ya es la juerga padre. ¿Quieres más? Pues había obras y tenías que bajarte en una estación y cambiar de tren.

Con todas estas cosas divertidas, llegamos al aeropuerto una hora tarde, a pesar de haber salido con tiempo de sobra. El camino de vuelta fue tan largo como incómodo, porque a la chica que esperaba en el aeropuerto no debió hacerle ninguna gracia que su novio llegara una hora tarde. Por el carácter de ella, tampoco parecía hacerle demasiada gracia que llegara acompañado. Además, su primera reacción fue no creerse la de problemas que habíamos tenido con los trenes, incluso aunque la vuelta fue igual de jodida y pudo comprobarlo por sí misma.

No sé lo que tardamos en volver al centro pero se me hizo eterno, en gran parte por la actitud poco colaboradora de la chiquilla, que se empeñaba en no hablarnos y poner cara de pez cabreado. Con lo fácil que hubiera sido decirle "coge tal tren, que te esperamos en nosequé estación". No veía el momento de separarme de la pareja para irme a casa y cuando ya estaba a punto de conseguirlo (un transbordo y dos paradas más y sería libre), nos equivocamos de tren. No, por favor, 20 minutos más de espera en una estación solitaria es lo último que quería.

Ignoro lo que ocurrió cuando me fui pitando a coger el metro pero agradecí inmensamente poder salir de esa situación tan poco agradable.

lunes, 28 de noviembre de 2011

The Event (vol. V)

Entramos en el Ayuntamiento, subimos la escalera y buscamos un lugar donde posicionarnos en la sala donde se celebraba la ceremonia. Como ya ha indicado Hell's Tea, no hubo ningún incidente que contar y creo que no hace falta explicarle a nadie qué es una ceremonia civil. Eso sí, a la salida me dieron un pompero muy salao al que le saqué bastante partido a lo largo del día, sobre todo mientras los novios se hacían fotos y saludaban, cual familia real, en el balcón del Ayuntamiento, bajo la atenta mirada de turistas y gente que necesitaba urgentemente dormir la mona, y mientras los demás esperábamos a que bajaran para tirarles arroz, pétalos y pompitas.

Después fuimos al cóctel, donde tampoco ocurrió nada reseñable, hasta que nos indicaron que fuéramos pasando al comedor. Fuimos los primeros en llegar a la mesa, así que pude elegir asiento: de frente a la mesa presidencial, así no me pierdo la boda. Después empezaron a llegar amigas de Hell's Tea a las que conozco por las redes sociales y por historias que me ha contado ella. Está bien, así puedo ponerle cara a la gente.

Amiga 1 - ¿Eres Laura?
Laura - Sí.
Amiga 1 - Hay una chica rubia que pregunta por ti.

Esta conversación se repitió un par de veces más, con lo cual pasé el banquete con la intriga de quién sería la chica rubia y por qué me buscaba por toda la boda.

La gente de mi mesa me cayó genial. Hell's Tea ya me había amenazado antes con ponerme en alguna mesa chunga, como "la mesa coñazo", pero yo sé que en realidad no me desea el mal, por eso me puso con sus amigas. Mientras esperábamos a que nos trajeran la comida, fuimos practicando la flashmob. Si aplicamos la estadística y asumimos que en todas las mesas había el mismo porcentaje de preparación que en la nuestra, bastante bien salió.

La comida pasó rápido, casi sin enterarnos, nos trajeron las florecillas con alfiler de rigor y repartieron los regalitos. Para disgusto de Gamab, no hubo puros pero le regalaron una licorera (lo que viene siendo una petaca grande) con dos vasos de chupito. Las chicas no tuvimos tanta suerte y salimos de allí unas balletas ecológicas en una cestita pero nos engañaron diciendo que eran toallas pequeñas. Por lo menos me dejaron elegir color.

Después vino un momento algo confuso, en el que no sabíamos si había que salir a bailar o no ni por qué había tanta gente de pie. Hell's Tea se levantó con cara de "voy a hacer un speech" pero lo que siguió no fue un discurso precisamente...

Hell's Tea - Bueno, a ver. ¿Veis a esa chica de azul que está en esa mesa de ahí?
Oh, mierda, me ha señalado.
Hell's Tea - Pues es su cumpleaños.
Oh, mierda, mierda, mierda.
Gamab (por lo bajo) - Levántate.
Hell's Tea - Así que vamos a cantarle todos el cumpleaños feliz.
Gamab (por lo bajo) - Levántate.
Venga, vale, me levanto.
Todos - Cumpleeeeaaaaañoos feeeeliz... etcétera, etcétera, etcétera

De pronto, sin saber cómo ni por qué, me encontré a dos fotógrafos apuntándome despiadadamente con sus réflex.

Fotógrafo 1 - A ver, ponte.

Pues vale, vamos a posar en plan guay. ¿Quién sabe cuándo volveré a tener mi minuto de gloria?

Fotógrafo - Espera, ahora con los novios... vale, otra vez.

Qué pesadez, no quiero saber cómo habrá sido la sesión oficial de fotos post-ceremonia.

Después llegó el momento más ansiado de la noche: el baile. Una de mis compañeras de mesa salió al frente y empezó a tocar un vals con el violín, tras el cual empezó la canción elegida; ésta, concretamente. La verdad es que yo no me enteré muy bien de lo que pasó hasta que comenzó el momento del baile en grupo, pero estaba claro que las cosas no seguían su cauce normal: el novio y la violinista no parecían estar en el mismo plano temporal y la novia miraba a alguien con furia asesina. Por suerte todo pareció solucionarse e hicimos el numerito dignamente. Aún habrá que esperar para ver los resultados, porque no me consta que haya ningún vídeo del momentazo.

En general, la música del baile estuvo muy bien para lo que suelen ser las bodas, con algún temazo como éste, pero también con alguna jugarreta de los invitados como un popurrí con versiones lolailo de canciones tan "molonas" como Me va. Curiosamente, mi estómago decidió que me perdiera Stayin' Alive pero acabé encontrando a la chica que preguntaba por mí y bailando un pasodoble con ella. También salí de allí sin odiar a todos los niños del mundo, ahora odio a todos menos a dos: una niña que tenían unos amigos de un compañero de la EOI en mi último viaje a Berlín y un niño que estaba en la boda y que se sentía especialmente atraído por las pompitas de jabón.

Hell's Tea - A partir de ahora vas a ser "la tía Laura, la de las pompas".

Cuando se disolvió el baile quedamos en salir un rato por ahí. Me deshice el peinado y me lavé el pelo para quitar los miles de productos fijadores que tuve que utilizar, me cambié de vestido, de medias y de zapatos y salí a la fría noche de [insertar nombre de la ciudad]. Lo único curioso de aquel rato fue la sesión gratuita de orientación laboral que recibió Gamab por parte de una de nuestras compañeras de mesa y la repetición de la coreografía de la flashmob en un bar de copas bastante concurrido.

La fiesta duró poco para Gamab y para mí, en parte por el madrugón de ese mismo día y en parte por el viaje del día anterior para poder volver de El Cairo a Madrid, pero mereció la pena la palicilla.

Como ya he dicho, sólo me falta otra boda para terminar de amortizar el vestido azul. También sé que por aquí hay gente muy aficionada a comentar mis estilismos en ocasiones señaladas, como bodas y entregas de premios. Y qué mejor para poder hacer las dos cosas que otro evento. ¿Alguna voluntaria?

domingo, 13 de noviembre de 2011

The Event (vol. IV)

Por fin es el gran día. El día de The Event y el día de mi cumpleaños, así to'junto. Aunque soy la única persona de la casa que asistirá a la boda del año (insisto, no es la boda de la duquesa de Alba), nos ponemos en marcha toda la familia (mi padre, mi madre y yo, tampoco somos tanta gente) rumbo a otra comunidad autónoma. No es que mis padres vayan colarse en el baile (aunque sospecho que mi madre tiene intenciones), es que encontraron una oferta muy resultona de fin de semana turístico en un pueblo cercano al lugar donde se celebra The Event.

Mi padre se empeña en que me levante a horas intempestivas, aunque no sé muy bien para qué. A esas horas tardo poco en desayunar y apañarme y la media hora que hay que esperar a mi madre cada vez que se sale de casa la puedo aprovechar mejor durmiendo. Cuando por fin mi madre decide que está lista para salir al mundo, cojo la maleta que había preparado la noche anterior, mi vestido conservado en plástico y salimos de casa para recoger a Gamab.

Mi señor acompañante tarda todavía un rato en bajar (creo que estaba mirando corbatas en el Hola de la boda de Cayetana), que mis padres aprovechan para fumar. Cuando por fin bajan Gamab y su corbata, se ponen a fumar los tres. Lo dicho: yo aprovecho el tiempo mejor durmiendo. Además, hace mucho frío. Oh, mierda, sólo llevo un chal...

Después de un viaje no muy largo (es fuera de la Comunidad de Madrid pero no es tan lejos), una parada técnica para desayunar y encontrar el hotel, toca lo más tedioso: emperifollarse. Luego que nadie se sorprenda porque nunca me arreglo, es que me aburre soberanamente. Bueno, y si me tengo que poner remonísima todos los días me quito tiempo de dormir, y todos sabemos lo que se valoran por las mañanas cinco minutos extra.

Empiezo a invadir la habitación y el baño con mis trastos: el vestido largo colgado de la barra de la cortina, los zapatos fuera de las fundas, el rizador enchufado y todo un despliegue de productos fijadores, peines y cosas que manchan y huelen bien. Pues va a ser verdad eso de que las mujeres nos expandimos como los gases nobles. Mientras el rizador se quiere calentar, me voy maquillando, así gano tiempo.

De pronto aparece Gamab, ya casi vestido.

Gamab - No veas si tardas.

Claro majo, como tú sólo tienes que vestirte y peinarte, en diez minutos estás más que apañado.

Cuando por fin conseguí sujetarme el pelo (que no es fácil y necesité incluso ayuda), procedo a meterme dentro del vestido.

Laura - Mrppfsmsfmfppsfpppffff
Gamab - ¿Qué te pasa?
Laura (sacando la cabeza por donde debería haber salido un brazo) - Eeeeeeehhh... (me miro) que no sé muy bien cómo va (nota: es la segunda vez que me pongo ese vestido. Creo que con una boda más amortizo la inversión).

Salgo de dentro de la tela azul, repito la operación, me pongo el vestido como debería ir, ato el lazo con el que se cierra y me planto delante del espejo. ¿Monísima? No, parece que le he robado el vestido a alguien con más "personalidad".

Laura - Esto no debería quedar así.
Gamab - ¿Cómo?
Laura - Abierto.
Gamab - No te preocupes, lo arreglamos.
Laura - ¿Con qué?
Gamab - ¿Tienes alfileres?
Laura - Pues no. Espera, sí, en el bajo de los pantalones

Lo sé, debería decirle un día de estos a mi madre que me cosa el bajo en condiciones, pero ¿y si crezco?

Después de no pocas discusiones (hombres y mujeres tenemos distintas opiniones sobre cómo de revelador debe ser un escote adecuado, eso es así), consigo apañarme el vestido, me subo a los tacones y...

Gamab - Ups
Laura - ¿Qué pasa ahora?
Gamab - Me he dejado el cinturón en Madrid.
Laura - Anda, que ya te vale. ¿Te sirve el del vaquero?
Gamab - ¡No!
Laura - ¿Qué? Si con la chaqueta no se te va a ver. ¿Te puedes apañar sin él?
Gamab - Sí.

A las 13.55 salimos del hotel. La boda es a las 14.00 pero el Ayuntamiento está muy cerca, no hay problema. Llamamos al ascensor. Viene el ascensor. Nos subimos al ascensor.

Laura - Hum
Gamab - ¿Qué pasa?
Laura - Nada, que los pantis son muy finos y se me resbalan los pies dentro de los zapatos.
Gamab - ¿Vas bien?
Laura - Bueno... se me clava un poco la abertura del zapato en los dedos pero yo creo que puedo aguantar.

Mentira, no puedo aguantar. Y Gamab tampoco puede pasar sin cinturón, pero tenemos el tiempo justo para llegar a la boda y salimos como estamos. Es decir, yo andando como Chiquito de la Calzada y él perdiendo los pantalones.

Ponemos rumbo al Ayuntamiento y, de pronto, aparece delante de nosotros, como caído del cielo (pausa dramática) un almacén textil. ¡Sí!

Gamab - Yo creo que voy a preguntar si tienen cinturones.
Laura - Y yo creo que voy a preguntar si tienen plantillas de silicona o algo que me pueda apañar.
Gamab - Creo que llegamos tarde.
Laura - Bueno... estas cosas van siempre con retraso.

Nos atienden las señoras dependientas, todas muy majas y eficientes, y enseguida estamos apañados para ir a The Event. Gamab ha podido encontrar un cinturón en condiciones a un precio más que competitivo y yo, unos pantis con silicona en la suela que me pongo lo más rápido que puedo en el probador de la tienda. Nos vamos de allí.

Gamab - ¡Gracias!
Laura (ya fuera de la tienda) - Eso no ha sido un "gracias por atendernos", ha sido un "gracias por existir", ¿verdad?
Gamab - Verdad.
Laura - ¿Qué hora es?
Gamab - Esto... llegamos tarde.
Laura - Hell's Tea nos mata.

Pero no, Hell's Tea no nos mató. Principalmente, porque no estaba allí y se acaba de enterar por este post de que llegué tarde a su boda. Llegamos a la puerta del Ayuntamiento, con cara de "aquí no ha pasado nada" y miramos a nuestro alrededor, a ver si soy capaz de identificar a alguien. Teniendo en cuenta que conocemos a muy poquita gente de la boda, nos cuesta un rato, pero vemos al novio intentando atender a toda la gente que le reclama. Vale, es la boda que nos corresponde, hemos llegado bien.

Hablamos un poco con el novio, nos cuenta que en el Ayuntamiento van con retraso y aún están con la boda anterior (lo que yo decía: estas cosas siempre van con retraso) y dejamos que siga haciendo de relaciones públicas.

Ya viene la novia, que también ha tenido una mañana entretenida, y nos hacen señas para que entremos.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Interneeeeeeeeet

¿Qué es lo peor que le puede pasar a un medio digital? Quedarse sin Internet. En mi trabajo anterior ya nos quedamos un par de veces sin Internet (y sin luz, y se nos inundó la redacción...) pero como era escrito tampoco nos hizo demasiado estropicio.

Ayer nos quedamos sin Internet en el trabajo durante buena parte de la tarde. Menos mal que ocurrió durante la reunión de seniors y hubo tiempo suficiente para que alguien pariera una solución. Al final, conectamos con los móviles de empresa (esos que aún no nos han dado a los junior), que tienen 3G. El problema es que el 3G es caprichoso y la conexión se iba y venía cuando quería, pero aguantaron lo suficiente para actualizar portada y acabar la edición.

Intenté quedarme con el aiFon que me prestaron un par de veces pero no coló.

Intento 1
Laura - Luego nos quedamos cada uno el que nos corresponde ¿no?
Informático - Jejejejeje. No.

Intento 2
Me pongo a enredar con el teléfono, para ver un poco cómo es. Entonces...
Informático - No le cojas cariño, que lo tienes que devolver.
Laura - ¡Jou!

El caso es que yo estoy muy contenta con mi móvil nuevo (y más con haberme quitado de encima a mi compañía, que ya me tenían muy harta), pero ya va siendo hora de recibir el móvil de empresa, que hace más de un mes que vinieron mesa por mesa preguntando qué terminal queríamos.

sábado, 5 de noviembre de 2011

The Event (vol. III)

Y llegó el día previo a The Event. Y llegó con sobresaltos desde primera hora de la mañana. Antes de irme a trabajar, no se me ocurrió nada mejor que echarle un vistacillo al correo electrónico. Por idiota, me encontré un mail con el asunto "aeropuerto cerrado". Venga, ya te puedes ir a trabajar tranquila, bonita.

El mail sólo decía "Pues eso, de momento no hay vuelo. De hecho estoy fuera, ya que hay tanta gente en la terminal que ni he podido entrar". Con eso ya me bastaba para imaginarme pasando el día de mi cumpleaños sola en Salamanca y sin boda que celebrar. Supongo que Hell's Tea ya tendría suficiente con lo suyo, pero aún así le fui mandando las actualizaciones que salían a lo largo de la mañana. Me gusta informar a la gente.

Como soy una chica muy 2.0, también fui subiendo las actualizaciones a Facebook, no sea que me tocara buscar en el último momento a alguien dispuesto a pasar un fin de semana en Salamanca. Con boda o sin ella, cancelar el viaje no entraba en mis planes, aunque sea se hace turismo de interior. Y, como soy previsora, puse el anuncio el día anterior por la noche, cuando me enteré de que el maldito aeropuerto estaba en huelga.

El caso es que el anuncio 2.0 tuvo un gran seguimiento, que fue más o menos así (paciencia, queridos lectores, que la historia es larga):

Laura - Huelga en el aeropuerto de El Cairo. No sé si maldecir en arameo o buscar un acompañante de repuesto para The Event. (6 de octubre, 9:50pm)
Patricia - pon un anuncio de contactos... (6 de octubre, 11:10pm)

Amigo de Gamab
- La típica excusa de la huelga en el aeropuerto de El Cairo. Siempre funciona, yo la uso en casi todas las bodas. (6 de octubre, 11:34pm) 2 “me gusta”

Ruth - Me comentan por aquí que el vuelo que tenía que haber salido esta mañana de aquí hacia Madrid ha debido salir a las 9 de la noche. Y que saldrá de Madrid para acá (que tenía que haber salido a las 4 de la tarde) sobre las 2 de la mañana... Y según como se cumpla esto pues tu maridito llegará antes o después... O no llegará, quien sabe jajajjaa. A ver qué me encuentro yo el sábado......... (7 de octubre, 12:12am)

Laura
- Pues prepárate para lo peor: me acabo de encontrar un mail con el asunto "aeropuerto cerrado" :S (7 de octubre, 7:48am)

Compañera EOI - ya verás como al final llega... Aunque sea a nado :P (8:39am)

Laura
- Pues han cerrado los controles y los mostradores de facturación y están por allí los antidisturbios para que la gente no se pegue con los de las compañías aéreas. (10:20am)

Compañera EOI
- joder como está el tema.... Bueno a ver si hay suerte!!! Que me veo que vas sin acompañante a The Event :( (10:21am)

Laura
- Como se confirme el bloqueo en Egipto, tardo ná en poner un anuncio ofreciendo media habitación de hotel a quien quiera hacer turismo por Salamanca y luego salir a celebrar mi cumpleaños. (10:22am) 1 “me gusta”

Laura
- Al final, El Cairo-Milán-Madrid. (11:47am)

Compañera EOI
- Joder!!! Bueno por lo menos le da tiempo a llegar para mañana :P (11:55am)

Laura
- Espero, porque dice que si llega muy tarde, que me den y me voy yo sola al bodorrio. (12:00pm)

Compañera EOI
- Pero bueno!!!! O sea está montando , la que monta y ahora salta con esas?? Voy a tener que llamarle al orden XD. Tendrá valor dejarte sola no ya por la boda sino en tu cumple!!! (12:01)

Amiga de Gamab
- Madre Mia!!!!!! bueno.. al final viene... :) (12:03pm)

Laura
- Arreglado: llega a Madrid a las 19.20, después de una escala en Milán (donde las gomas de borrar). Ahora a ver si los novios y la madrina no están indispuestos, que ayer estaban malitos. (12:07pm)

Compañera EOI
- joder!!! Estos al final no se casan..Con tantos incidentes, estás segura que va a haber boda??? XD (12:07)

Laura
- Tranquilidad, he hecho una llamadita y están (más o menos) sanos. (12:32pm)

Laura
- Venga, que ahora hay retraso en el vuelo a Milán. Lo dicho: ¿alguien se viene a Salamanca este finde? (1:22pm)

Compañera EOI
- jajajajaa!!! Tranquila que llegará a la hora de cenar en vez de a media tarde :P (1:23pm)

Laura
- Otro cambio: ahora embarcan. (1:27pm)

Compañera EOI
- Me vas a volver loca!!! Entonces a que hora llega ya desde Milan??? (1:27pm)

Laura
-Y yo que sé, si ya no sé ni dónde está ni dónde va ni nada. (1:29pm) 1 “me gusta”

Compañera EOI
- Después de esto... yo le pedía por lo menos q te hiciera un buen regalo de cumpleaños XD (1:30pm)

Laura
- Eso ya se lo pedí ayer, que todo el verano fuera no se merece menos ;P (1:31pm) 1 “me gusta”

Laura
- Última hora: hay posibilidades de perder el enlace en Milán por retraso en El Cairo. Repito: ¿de verdad nadie quiere venir a Salamanca? No habría que tragarse la boda pero después se sale de fiesta. (2:17pm)

Laura
- No sé si a estas horas queda alguien siguiendo la historia, pero hace media hora que el vuelo a Milán ha salido de El Cairo. (3:41pm)

Ruth
- pero.... no entiendo.. El vuelo a Cairo-Madrid ha salido esta mañana a las 11:30.... Casi dos horas de retraso pero ha salido. ¿Por qué le mandan a Milán a coger otro avión? (3:52pm)

La Vaga
(ahora en Halifax, Canadá) - sólo de leerte, yo ya estoy estresada. Pero ya verás como todo sale bien, tienes acompañante para el bodorrio (quien se casa?), regalo de cumpleaños y unos días perfectos :-). Y sino, me llamas y en "un momento" me planto yo allí (3:55pm)

Laura
- ‎Ruth: El vuelo El Cairo-Madrid de esta mañana por lo visto sólo llevaba grupos y gente que se quedó tirada ayer. Al resto los han desviado por Milán (también había posibilidad de desviarlos por Barcelona). Ahora hay que cruzar los dedos para que llegue a coger la conexión en Milán. La Vaga: pues lo mismo tardabas menos tú desde Canadá que Gamab desde Egipto. (3:59pm)

Laura
- Fin de la historia: Gamab ha llegado a tiempo para coger el vuelo de Milán a Madrid. Bueno, más bien han retrasado un poco la salida del vuelo para que los veinte pasajeros que llegaban de El Cairo pudieran cogerlo. (7:51pm)

Gamab
- A las 11:20 que he llegado a Barajas. (12:30am)

Gamab
- ‎Ruth: el problema en el aeropuerto, es que cuando iban a abrir facturación para Madrid, se han liado a leches los del vuelo de Túnez. Los empleados del aeropuerto se han pirado. Cuando han vuelto, han dicho que el vuelo a Madrid, peine, solo para grupos y los que quedaban por colocar de ayer. (12:31am)